Esto es lo que sucedió cuando dejé de decirle groserías a mi esposo por un mes (la sorpresa que me lleve, no me la esperaba)

¿Qué pasa si las dejas de decir? Espero que mi experiencia te sirva para descubrir lo que yo descubrí de mi esposo.

Erika Gaytán

Alguna vez conocí a un par de amigos que se hicieron novios a unos cuantos meses de haberse conocido. Al parecer se llevaban bien, pero ella tenía un carácter más fuerte que él y era muy dada a decir groserías. Éramos un grupo de amigos que gustábamos de reunirnos a tocar instrumentos y cantar, para convivir un poco. Ir a la casa de ésta chica era muy incómodo para mí, ya que de la misma manera se expresaban sus papás y hermanos, así estaban acostumbrados. Tiempo después este par de amigos se casaron y tuvieron hijos, pero ella siguió hablando de la misma forma no solo con su esposo, sino también con sus niños, quienes al igual que su papá, no les agradaba que les hablara así.

A la larga, esto causó muchos conflictos, al punto que se separaron en varias ocasiones, ya que ella no dejaba de hablarles así. Sus hijos platicaron con ella para pedirle que ya no se expresara así, porque se sentían ofendidos. Su mamá accedió y dejó de hacerlo, pero no con su esposo, por lo que los conflictos siguieron debido a la violencia que generaban estas palabras, a pesar de que a ella le parecía normal usarlas. Un buen día, una psicóloga le aconsejó dejar de decirlas y estas fueron las consecuencias de ello:

1. Das y recibes

Al principio, como era de esperarse, este cambio causó en su pareja un desconcierto total. En lugar de pedir las cosas utilizando palabras altisonantes, las pedía por favor, y si algo no salía como ella lo había pedido, respiraba hondo y lo volvía a solicitar. Al dejar de expresarse de manera grosera, obligó a que su esposo y su familia la trataran con más respeto, ya que cuando tú te comportas con agresividad, provocas que el otro reaccione tarde o temprano, de la misma manera.

2. Éxito en los problemas

Cuando la familia atravesaba por problemas económicos, ya no sobajaba a su marido, sino que le pedía que platicaran para poder buscar una solución. Si sus hijos querían salir con sus amigos, solo les preguntaba la hora en la que volverían, los datos de las personas con los que saldrían y la forma en la que regresarían a casa. Si ella consideraba que no se habían ganado ese derecho, se lo exponía a su esposo para que juntos decidieran cómo proceder.

3. Cariño

Otra situación que se dio a partir de este cambio, fue que se volvió a ganar no solo el respeto de su gente, sino también el cariño de todos, ya que la convivencia se había tornado molesta no solo dentro de casa, sino también fuera. Esto debido a que cuando ella acompañaba a su esposo a reuniones de trabajo, con sus amigos y con su familia que no acostumbraban expresarse de esa manera, muchos se sentían agredidos.

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Cualquier tipo de violencia puede provocar reacciones sumisas, intimidatorias o incluso muy agresivas. Aunque algunas personas aseguren que es una forma de relacionarse, tarde o temprano esto llega a afectar la relación, por lo que lo ideal es evitarlo o corregirlo si es algo que ya ocurre. Si lo haces, te aseguro que tus relaciones interpersonales cambiarán y sin duda serán más ricas y satisfactorias.

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Erika Gaytán

Oriunda de la tierra del taco, el mariachi y el folklore. Periodista de profesión y corazón. Por muchos años he tenido la fortuna de colaborar como docente en la educación de niños, adolescentes y jóvenes. La música, la enseñanza, la investigación, lectura y escritura son mis grandes aficiones.