No te engañes: no eres un buen padre, ni tampoco una buena madre

Creer que a tus hijos no les falta nada, que todo lo tienen y que por esa razón eres un buen padre, es un engaño. No caigas en esa trampa.

Emma E. Sánchez

Como dice Le Grand R. Curtis: “La disciplina es amor organizado, y los niños crecen bien cuando existe una atmósfera de amor y hay pautas adecuadas en las cuales basarse en la vida y que les sirven para formar buenos hábitos”

En mi experiencia como profesional docente, es muy común que al enfrentar a un niño, adolescente o joven problemático, se entreviste a los padres para determinar las causas de su indisciplina y juntos trabajar en un plan que ayude a resolver la problemática. El verdadero desafío, en estos casos, no es con los muchachos mismos; por increíble que parezca, el desafío principal que los docentes enfrentamos es con los padres de familia. Te explico de manera simple y sencilla: muchas de las conductas inapropiadas que manifiestan los niños son básicamente el resultado de la carencia de límites, disciplina y amor mal entendido que los padres, por diversas situaciones, no proveen o hacen de manera inadecuada. Luego, cuando el padre de familia es enfrentado a la realidad y se pide su apoyo, promete cooperar y hacer lo conveniente, pero llegando a casa todo sigue exactamente igual y en escalada de empeorar. Estos son los principales puntos débiles para muchos padres y madres:

1. Los padres son demasiado permisivos

Este tipo de padres con frecuencia tuvieron a sus hijos pasados los treinta años. Están criando pequeños llenos de energía y necesidad por descubrir el mundo cuando ya están en sus cuarentas y se sienten de dos maneras: muy cansados y no quieren batallar con los niños ­–en algunas ocasiones pagan a otros para que cuiden de sus hijos–, o tan rebasados de amor por sus pequeños que la simple idea de limitarlos en cualquier aspecto les parece casi ofensivo. Por cualquiera de las dos razones, al niño o joven, todo se le permite, todo se le tolera, inclusive faltas de respeto y rebeldía.

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2. Los niños no tienen responsabilidades en el hogar o con la familia

Los padres son generalmente quienes hacen todo en casa por sus hijos y para sus hijos. Los niños y adolescentes no tienen ni la remota idea de lo que significa ayudar con alguna labor doméstica, limpiar u organizar su recámara, cooperar con sus hermanos, que por cierto, son pocos o ninguno y de ninguna manera hacen otra cosa excepto estudiar porque su papá o mamá les han dicho que ese es “su único trabajo”.

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3. Los padres evitan disciplinar a sus hijos o ponerles límites

Tratar, mencionar o pedirle a un hijo que ayude o colabore, resulta un tremendo disgusto por parte del niño: hay caras feas, berrinches o cosas similares; entonces los padres, para evitar la confrontación, terminan haciendo todo ellos y el niño gana una batalla más en el poder y gobierno del hogar.

Algunos padres reconocen que tienen un problema con su estilo de crianza pero que no saben qué o cómo disciplinar a sus niños, no saben cómo terminar con un berrinche o evitarlo y temen el juicio de ser “malos padres”, el “qué dirán” y hasta perder el amor de sus hijos.

4. No hay rutinas, normas o tradiciones en el hogar

Todas las cosas buenas tienen una estructura y un orden. Los pequeños y todos nosotros requerimos de estructura, orden y programación para conducirnos con propiedad, prudencia y vivir en sociedad. Son muchas las cosas buenas que se derivan de tener rutinas, normas y tradiciones en el hogar porque justamente son estas cosas las que nos proveen de estructura, orden y programación. Siempre que digo que a los adolescentes les gusta el orden y la disciplina, los ojos de los padres ¡se quieren salir de sus órbitas! Y es cierto, el orden y la disciplina dan seguridad, cosa que los muchachos buscan afanosamente cuando su cuerpo y su mundo se están transformando tan vertiginosamente.

A nuestros hijos debe quedarles muy claro a qué hora se van a dormir, que las manos y los dientes se lavan, que ni el alcohol ni los cigarrillos están permitidos, que hay una edad y un tiempo para tener novio, y todas aquellas cuestiones que tú y tu familia crean valiosas en su formación. Cuando los niños son los que deciden a qué hora se van a la cama, cuándo y cómo harán las tareas —si es que las hacen— o qué van a comer, es un hecho que los padres enfrentarán una adolescencia realmente de pesadilla.

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5. El mundo de los padres gira alrededor de los hijos

Es sorprendente el poder que los niños llegan a tener sobre los adultos que les rodean. Muchos padres no lo ven y creen que así se vive o que ese es el mejor modo de educar a un pequeño. Algunos matrimonios inclusive se separan porque alguno de los padres vierte toda su atención en el hijo y descuida a la pareja. Otros, simplemente, se vuelven nulos en la relación matrimonial y la crianza del pequeño.

Es en serio. Es increíble estar en alguna fiesta infantil o reunión social donde los niños, hijos de padres demasiado permisivos, agreden a otros niños y los padres no hacen nada. Rompen cosas, dañan la propiedad ajena, lastiman plantas y animales y, los padres, ¡frescos!, siguen en sus charlas y no hacen nada para corregir a sus hijos y ¡pobre de aquel que se atreva a corregir o limitar a su hijo!

Tal vez este estilo de crianza demasiado permisivo funcione para ti, te resulte cómodo y te evite hacer mayores esfuerzos. Lo cierto es que las consecuencias negativas llegan tarde o temprano a tu vida, pero —lo que es todavía más triste— también a la vida de tus hijos.

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Te invito a reconsiderar algunas de las creencias que puedas tener en cuanto a la educación de los niños. Platica con los maestros y escucha las palabras de otros padres de familia, atiende a la escuela para padres, asiste a conferencias o seminarios de educación y, sobre todo, habla con tu pareja para establecer un hogar y formar hombres y mujeres que aporten a la sociedad, ese es el mejor de los frutos de ser papá o mamá.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.