Su padre le prohibió verlo, pero luego de 50 años, el destino le dio una señal al descubrirse un asombroso secreto

Cuando el amor es verdadero, ningún obstáculo puede detenerlo

Fernanda Gonzalez Casafús

Hay historias de amor que parecen sacadas de una película, como la de Janice Rude y Prentiss Willson, quienes enfrentaron momentos muy duros cuando debieron separarse pero su amor traspasó el tiempo y el espacio, y 50 años más tarde volvieron a reunirse.

SegúnHuffington Post, hace cincuenta años, Janice Rude era una estudiante de segundo año y Prentiss Willson un estudiante de primer año en Occidental College en Los Ángeles. para ellos, el amor a primera vista hizo lo suyo, pero el destino hizo mucho más.

Cuando Prentiss vio por primera vez a Janice, ella estaba sirviendo comida en la cafetería de la escuela, donde trabajaba media jornada para pagarse sus estudios. Él era el primero en la fila. A las 6 am ya estaba allí, pues lo que primero quería hacer al despertarse era verla. Él se conformaba con tener un pequeño intercambio de algunas palabras durante la mañana, y pensaba que ella no causaría demasiado interés tener algo con él, pues ella, además de hermosa, era un año mayor que él.

Pasaba el tiempo y ambos comenzaban a conocerse y a entablar una relación de amistad. pero pronto, y como sucede en el verdadero amor, fueron cayendo en la cuenta de que había algo en cada uno de ellos que los hacía buscarse, y disfrutar de su compañía mutua.

El primer indicio

El día de acción de gracias, Prentiss se dio cuenta de que algo más que una incipiente amistad era lo que Janice sentía por él. Cuando Prentiss no aparecía la noche de la cena de ese festivo día, se enteró que él había tenido que viajar lejos, pues su familia vivía a unos 240 kilómetros. Entonces, y como sucede en las películas, Janice averiguó dónde vivía él exactamente, subió a su auto y tuvo el impulso de llegar hasta su hogar el día de acción de gracias.

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Fue algo atrevido de su parte tal vez para la época, sin embargo, era su oportunidad de demostrarle cuánto le importaba. Y, al fin de cuentas, el amor tiene razones que ni la razón puede explicar. Así, Janice llegó a la casa de Prentiss, quien fue recibida por la madre de él con una gran amabilidad y alegría de conocerla.

El amor fue surgiendo entre ambos y ya no podían negar que eran el uno para el otro. Sin embargo, sus planes se vieron hecho pedazos por una insólita razón.

El amor que no podía ser

Habían anunciado su compromiso en el periódico local. Corría el año 1962, y se habían dado cuenta de que querían pasar el resto de su vida juntos. Sin embargo, hubo alguien que empañaría ese amor y lo sumergiría en el letargo durante décadas. Y esa persona era el padre de Janice.

Por algún motivo, el padre de la futura novia se había empecinado en que la boda con el joven no podía suceder. Como veía que su hija no quería dar marcha atrás con el compromiso, amenazó con cortarle los víveres económicos para solventar la matrícula de la Universidad. Si quería seguir estudiando, debía cortar la relación con su novio.

La madre de Janice estaba desolada, y aunque sacó un crédito para pagar la Universidad de su hija y que ésta siga adelante con su matrimonio, no fue suficiente y pronto tuvieron que sucumbir a los deseos del padre. Así fue como Janice vio apagar lentamente su esperanza de una vida junto a su amor.

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“Tratamos de resolver las cosas, pero supongo que no fuimos lo suficientemente inteligentes”, lamentó Prentiss. “Tuvimos que hacerlo. No queríamos, pero teníamos que hacerlo”, dijo.

Caminos separados y una señal del destino

Así, se resignaron a seguir cada uno su camino y armaron sus vidas como si cada uno de ellos no hubiera existido, aunque aún guardaban el recuerdo de su amor en el corazón. Prentiss se convirtió en un exitoso abogado y se casó con otra mujer. Janice, por su parte, también rehizo su vida amorosa.

Durante los años siguientes, coincidieron un puñado de veces, pero nunca se habían atrevido a reencontrarse en el amor, pues ambos tenían su familia. Sin embargo, cuando las madres de ambos murieron, descubrieron que las dos habían guardado el mismo recorte del periódico donde se anunciaba el compromiso de la pareja. “Las madres lo entendieron”, dijo Prentiss. “Las madres simplemente lo sabían, y creo que nosotros también lo sabíamos”.

Una segunda oportunidad

El tren pasa una sola vez en la vida, dice una famosa frase. Y el tren estaba pasando en ese momento, cuando Janice y Prentiss decidieron subirse. Al encontrarse nuevamente tras el fallecimiento de sus madres, y descubrir que ellas habían apostado a su amor, se dieron una oportunidad para volver a enamorarse.

Así, a los 69 años, y tras 50 años de un amor que estaba destinado a ser, decidieron unir sus vidas en matrimonio, como siempre quisieron hacer. “Somos muy felices. Nuestro matrimonio es perfecto. Y aunque no tengamos tanto años por delante, será perfecto”, dijo Janice.

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Nunca te des vencido ante el amor

Algunas cosas están destinadas a ser. Algunos amores no pueden escapar de las redes que teje el destino. A veces los padres, en el intento de brindar una mejor vida se inmiscuyen en las cuestiones amorosas de sus hijos. Sin embargo, la fuerza del amor es tan fuerte que no se puede ir contra ella.

Nunca te des por vencido, pues cuando el amor es verdadero, no existen los límites del tiempo ni del espacio. Y tú ¿crees en los amores destinados a ser?

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.