¿Tuviste a tu bebé durante la pandemia? ¡Me pongo de pie!

Has sido el portal por el que la esperanza se cuela en un mundo que corría vertiginosamente sin saber a dónde. ¡Gracias mamá!

Marilú Ochoa Méndez

Si tu pequeño nació durante el extinto 2020, o a inicios del 202, tienes mi completa admiración. Hay mucho que reconocerte, mucho que reflexionar y mucho que agradecer.

Al natural estrés de ser partícipe de una nueva vida, agregamos que has superado con creces el estrés de la pandemia y el encierro.

Ha llegado en el mejor momento

Grandes pensadores coinciden que esta pandemia nos ha traído una clara conciencia de quiénes somos: pequeñas motas de polvo en el gran universo.

Muy orondos nos paseamos por Internet, interactuando de polo a polo, conviviendo con gente a kilómetros, sintiéndonos dueños del mundo, pero el mundo nos dio un parón.

Yo tengo un hijo que nació a los pocos días de que (estando embarazada), decretaran el “quédate en casa”. Mi bebito tenía los días contados dentro de mi vientre, y no podía yo pedirle: “quédate aquí, mi amor, hay peligro afuera, no es seguro, esperemos“.

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Él, con lo intempestivos que son los nacimientos, los partos y la vida, me vino a enseñar que no hay “mejores momentos“, solo hay momentos, que la vida, el amor y Dios, hacen siempre mejores.

¡Llega a darte tantas cosas!

Al mirar en el calendario cómo el tiempo pasa, llenito de amor, con ese nuevo bebé, mira algo más que los meses transcurridos, repasa conmigo esta lista de todo lo que has superado, por lo que es preciso agradecer a Dios y darte un gran abrazo de reconocimiento.

El mundo revolucionándose, enfrentándose a nuevas maneras de hacerlo todo: las compras, el aprendizaje escolar, el teletrabajo, las “reuniones virtuales” de convivencia social, y tú, enfrentando la vida con ese pedacito de cielo.

Dios sabe lo valiente que eres

Dios sabe que hay más fuerza en tu familia, más coraje en ti, del que tú misma tenías idea. Él sabe que -con tu bebé en brazos-, acometerás las situaciones más inciertas con un arrojo que solo las madres podemos generar, fruto del amor incondicional que se enciende en nuestra alma.

Además, ese bebé es un apapacho

La palabra “apapachar” proviene del náhuatl, y es bellísima: significa acariciar con el alma.

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Tú llevabas una vida apresurada, cansada y exigente. Te movías de aquí para allá atendiendo casa, marido, otros hijos, trabajo. Este pequeño ser llegó a darte calma en casa, exigiéndote con su mirada calmada, con su necesidad de quietud, que asentaras tu tiempo, tu vida, tu alma.

Está aquí, y ya no cabe el miedo

Antes de que naciera tuviste que hacerte pruebas, usar cubrebocas, evitar visitas que pudieran enfermarlo. Tanta precaución te ponía nerviosa y apesadumbrada.

Pero con él en tus brazos, se esfumó el miedo. La vida materializada no deja espacio a “hubieras”, pues el agua de la vida, lo absorbe todo, lo inunda todo y todo lo refresca.

El futuro tiene nombre, y viene la paz

Es importante vivir para ese pequeño, generar un mundo más cercano, más cierto, más consciente. No imaginas un escenario apocalíptico, ahora imaginas un mundo especial, pues sabes que Dios se ha atrevido a mandar más vida, porque aún cree en el hombre, y tú eres madre de esa prueba de fe.

Su mundo eres tú, y sabes que es importante que crezcas

Quejarte del mundo no hará para ese bebito hermoso un lugar mejor. Eso lo hará tu sonrisa, la sanación de tus heridas, tu ternura, tu compasión y tu enérgico esfuerzo por mejorar cada día.

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El amor que tú generes a su alrededor, con su padre y la familia de ambos, será su refugio.

¿Quieres un hijo fuerte, sereno, capaz? Debes serlo tú primero. Debes quitar las telarañas que te decían que no eras buena, que no podías, que no sabías. Debes reconocer tu riqueza interior, y empuñarla para desbordarte.

Su vida no se detiene, y dará esperanza al mundo

Si la vacuna llega, si la población la recibe, si la pandemia se detiene o no, no importa. Él seguirá creciendo cada día, volteará la cabecita, te sonreirá, mirarás estrellas en sus ojos, y te llenarás de ternura.

Se sentará. Va a gatear, y luego caminará. Seguirá creciendo sin temor al mundo que recibe, obteniendo fuerza de tus cuidados, preparándose para recibir la estafeta y aportar algo grande al mundo, algo que tú catapultarás con la dedicación diaria.

La crisis te trajo paz

Quedarte en casa te trajo una paz que no recordabas, quietud y sentido de hogar. Esos regalos son caricias del cielo, que te preparan, y preparan a ese pequeño pedazo de ti, que es tu hijo, para un camino especial, pues son los diamantes diáfanos que surgen en la obscura mina.

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No imaginabas que maternar en pandemia sería así, pero ahora lo disfrutas. Sientes soledad a veces, pero no hay nada como mirar los ojos de tu pequeño, maravillados por ti, que eres su todo.

Te miras con otros ojos, y te maravillas de ti misma

Tu leche, tus brazos y tu presencia, son para él todo. No eres perfecta, ¡te equivocas tanto!, pero tu leche sí lo es. Tus brazos (que tal vez escondes en alguna foto), son también perfectos, y él duerme en el cielo cuando está en ellos.

Vuelves a mirarte, tan maravillosa, con un cuerpo tan perfecto, con la capacidad de no dormir, y de mantenerte funcional, y crece esa satisfacción interior de saberte única, irremplazable, valiosa.

Guarda ese sentimiento con feroz fuerza, para que no dejes que las prisas, el mundo de fantasía de las redes sociales y tu autoexigencia escondan tu riqueza debajo del tapete.

Mi reconocimiento y agradecimiento

El bebé que llevas en los brazos, que nos has traído al mundo en tiempos revueltos, es una joya. Tú eres portadora de las mejores noticias, has sido portal para mostrarnos esperanza.

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Felicidades por tu coraje, por tu sí a la vida, por tu esfuerzo. Te vemos, y ¡te agradecemos tanto!

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.