4 heridas emocionales de la infancia que te pueden destruir como adulto

Las bases de una madurez feliz se construyen en la infancia. Estas cuatro heridas emocionales que surgen en la infancia hacen difícil que seas feliz si no las superas.

Erika Otero Romero

Durante los años infantiles se construyen las bases de la vida adulta. Por eso, no superar de manera adecuada los temores infantiles hace que te comportes, temas o tengas actitudes negativas que marcarán cómo te relacionas con las personas y el ambiente que te rodea durante la adultez y el resto de tu vida. Así de importante es esto.

Lo peor de lidiar con estas heridas es que, de una manera u otra, influyen y marcan a tus hijos, haciendo de ellos una proyección negativa tuya.

Lisa Bourbeaudefine algunos tipos de heridas emocionales de la infancia que marcan a las personas por el resto de sus días, conceptos que amplío a continuación.

Miedos

1. Al abandono

Quienes han tenido que pasar por la amarga experiencia del abandono se han visto marcados enormemente, ya que desconfían, viven en un constante estado vigilante y con miedo a perder a sus parejas, amigos y familiares; estas sensaciones son su pan de cada día. A razón de lo dicho, son ellos quienes se disponen a dejar a sus parejas o amigos antes de pasar por esa experiencia de nuevo, algo así como: “Si te vas, no regreses”.

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Las heridas provocadas por el abandono a temprana edad son muy difíciles de sanar. Para ello, debes auxiliarte de un terapeuta, que te ayude a superar tu miedo a la soledad, al abandono y a la cercanía y contacto físico. Serás consciente de que has empezado a curar esa herida cuando detectes que tu miedo a estar sola desaparece, empiezas a tener pensamientos positivos y a sentirte cómoda al vivir la soledad.

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2. Al rechazo

Aunque pueda parecer absurdo, algunos padres rechazan abiertamente a sus hijos, al punto de que sin ninguna piedad les hacen saber que no son o fueron deseados. Hace unos días, por ejemplo, escuché que en la escuela donde estudia mi sobrino, algunos niños le gritaban a su compañero lo siguiente: “No debiste haber nacido”. Estas palabras sólo pueden venir de un niño que ha escuchado con anterioridad, y en su casa, esas palabras; a cualquier niño, esa manifestación de desprecio le genera una profunda herida emocional.

Lo triste es que ésta es una de las heridas más difíciles de sanar, ya que implica rechazo a la persona en su totalidad (pensamientos, sentimientos, etcétera). Quien sufre miedo al rechazo siente que no merece el afecto de ninguna persona ni su comprensión, y como tal se aísla y huye de los demás.

Si una persona desea superar esta situación debe trabajar en su seguridad, superar ese miedo y poco a poco darse la oportunidad de arriesgarse a tomar sus propias elecciones; también debe darle la oportunidad a los demás de que se acerquen sin escapar por temor a sentirse como antes.

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3. A la humillación

Este miedo se origina cuando los padres, o quizás otros familiares, menosprecian y critican a los niños sin ningún tacto. Palabras como “torpe”, “malo” o “insoportable” hacen que los pequeños crean que en realidad son así; otra manera de humillar a un menor es ridiculizarlo ante los demás, destruyendo de esa forma su autoestima y generando serios conflictos en la persona que será en la adultez.

Al humillar a alguien lo haces dependiente, tirano e inclusive egoísta. Para sanar ese aspecto, hay que aprender a regenerar la autoestima, trabajar en su independencia y en su seguridad personales, a fin de lograr el equilibrio.

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4. A confiar

Nace cuando el niño se siente traicionado (promesas sin cumplir) por alguno de sus padres, surge en él la desconfianza al creer que no es merecedor de las promesas que le hicieron y no le cumplieron.

En la edad adulta ese temor se manifiesta en personas controladoras que desean tener todo bajo su mira, incluso a sus seres amados. Por lo general, las personas así tienen un carácter fuerte. Quien se vea afectado en ese aspecto, debe de procurar ser más tolerante y saber vivir con los demás, arriesgarse a confiar; es posible que necesite la guía de un terapeuta para de nuevo aprender a confiar.

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Sanar esas heridas emocionales es necesario para tener una vida equilibrada y sana y, llegado el momento, ser feliz.

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Erika Otero Romero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.