5 heridas emocionales de la infancia que dejan huellas

Todas las experiencias dolorosas que has vivido en el pasado te siguen afectando en la vida adulta y podrán afectar las emociones de tus hijos, cuando tú no has sanado aún el dolor.

Adriana Acosta Bujan

No hay que ser un experto para encontrar la lógica del por qué las heridas emocionales que experimentamos durante la infancia, afectan directa o indirectamente a nuestros hijos cuando no las hemos sanado por completo; pues en ocasiones, al criarlos solemos transmitirles nuestras propias inseguridades, miedos o traumas de manera inconsciente.

Para ejemplificar lo anterior, confieso que en más de una ocasión cometí errores que dejaron huella en el corazón de mi hijo, solo por haber ignorado la manera en cómo sanar mis heridas.

Durante mi infancia experimenté mucho temor al abandono; tal vez por la muerte de mi madre al ser una adolescente. Por lo tanto, al criar a mi hijo le transmití ese temor enseñándole de manera rigurosa el tema de la muerte y de las enfermedades, a una edad temprana. Por obvias razones, mi hijo fomentó ese miedo inexplicable cada vez que me enfermaba, puesto que no quería sentirse abandonado y solo.

Las heridas emocionales influyen mucho en la manera en cómo fuimos educados. Por ejemplo, si tuviste una educación muy estricta y exigente, es probable que adoptes la misma manera de criar a tus hijos de forma similar, ocasionando que crezcan con inseguridades en sí mismos. También si eres una persona desconfiada será fácil transmitir ese sentimiento a tus hijos.

¿Qué son las heridas emocionales?

Según los expertos, son las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de la vida, como consecuencia de algunas situaciones desagradables. Estas dejan cicatrices que se manifiestan en la actitud y personalidad creando emociones intensas de dolor, rabia, tristeza, miedo, entre otras.

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El problema comienza cuando no se resuelven esas situaciones de manera favorable, ya que el dolor queda fijado en nuestro interior, y con el paso del tiempo acaban provocando heridas. Lo peor es que estos sentimientos se trasmiten a los hijos afectando sus emociones y personalidades al ser adultos.

Por tal razón, te comparto las heridas más comunes que suelen experimentar los niños:

1 “No me dejes”

Un estudio confirmó que cuando una persona ha experimentado el abandono por parte de sus padres, ya sea por muerte, o cualquier otro motivo, esta herida seguirá presente en su interior. Esta se expresará con un elevado nivel de ansiedad al ser abandonados por la pareja.

Esto provocará  tener comportamientos de inseguridad y esa necesidad afectiva hará que la persona mendigue amor y atención, por evitar sufrir. En conclusión, el miedo al abandono es lo que genera muchas veces las rupturas de pareja.

La persona herida tendrá actitudes obsesivas, demostrando celos absurdos, desconfianza y dependencia emocional. Por ello, es fundamental trabajar con la confianza, seguridad y amor propio de los hijos, demostrándoles amor sincero, de manera en que se sientan queridos y valorados.

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2 “No lo puedo hacer”

Una persona que fue educada de manera exigente, controladora, donde se resaltaba el autoritarismo por parte de los padres, como una manera de protegerla ante los peligros de la vida, es probable que transmita esa herida a los hijos. Esto repercutirá drásticamente en las capacidades de arriesgarse, de creer en ellos mismos, generando inseguridad y temor a las cosas nuevas y desafíos de la vida.

Cuando sean adultos se les dificultarán aceptar y adaptarse a los cambios y retos, incluso a tomar decisiones. Deja a tus hijos aprender libremente de sus errores, enséñales a que toda acción tiene una consecuencia, sin trasmitir tus propios temores.

3 “Apego inseguro”

Al experimentar la ausencia de alguno de los padres, por diversos  motivos, se crea una necesidad emocional y afectiva que provocará una herida en los hijos. Es probable que ellos entiendan que las relaciones son volubles y precarias.

Incluso, desarrollarán inconscientemente un vínculo afectivo poco confiable, porque sentirán una sensación de rechazo involuntario, que a la larga afectará la estabilidad en las relaciones románticas y sociales.

Evita que tus hijos se sientan poco queridos y amados, a pesar de ser un padre ausente. Recuerda, no importan las circunstancias o razones que te han orillado a no estar en la vida de tus hijos; el amor que sientes lo puedes demostrar con acciones y tiempo de calidad.

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4 “No soy digno”

Durante la infancia se pueden experimentar ciertos sentimientos de rechazo por parte de los padres o seres queridos. Tal vez el motivo fue criarse en una familia numerosa, en el cual se piensa que no se recibe la suficiente atención que se necesita, o por diversos motivos.

Cuando no se sana esa herida, es probable criar a los hijos con ese mismo miedo al ser rechazados. Esto ocasionará que en la vida adulta ellos sean excesivamente autocríticos, que no se valoren lo suficiente desconociendo sus virtudes y fortalezas; incluso preferirán estar solos y aislados del resto de la sociedad.

5 “Eres un inútil”

Muchas veces las cosas negativas que escuchamos suelen herir nuestros corazones, sobre todo cuando estas frases o palabras provienen de personas que amamos, como los padres, amigos y seres queridos.

Puede ser que los padres de manera inconsciente, hayan hecho creer a sus hijos que eran personas inútiles, irresponsables, tontos o cualquier otra cosa; todo porque no sabían controlar sus emociones al estar enojados. Por ende, transmitieron esa rabia y frustración como una manera de desahogo emocional.

Si los padres no saben controlar y manejar sus emociones negativas, es probable que los hijos sufran las consecuencias, dejando heridas. El problema es que al ser adultos crecerán con baja autoestima, miedo e inseguridad. Incluso pueden ser personas depresivas, tendrán miedo a equivocarse, al fracaso y nunca explotarán sus habilidades y capacidades reales.

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Trabajar con las propias heridas, aprendiendo a aceptarlas para sanarlas, evitará que los hijos sufran las consecuencias. Sin duda, es un gran desafío criar a los hijos sin heridas emocionales, puesto que la vida misma se encargará de enseñarles lecciones dolorosas sin que tengamos el control de ello. Sin embargo, haz lo mejor que puedas para criarlos, sin plasmar tus miedos, para que sean libres.

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Adriana Acosta Bujan

Adriana Acosta estudió comunicación, es madre de un adolescente, y actualmente se dedica a la enseñanza e investigación a nivel universitario en Puerto Vallarta. Publica sus escritos esperando que ayuden a las personas que leen sus útiles vivencias