5 puntos para educar bien a tus hijos, según Harvard

No hay un único camino, pero todo lo que podamos aprender para educar y hacer felices a nuestros hijos, será bienvenido. Y si lo dice Harvard, ¡mejor!

Marilú Ochoa Méndez

Educar es una tarea titánica. Y los padres valoramos mucho a quienes se esfuerzan por guiarnos. Tener una brújula para medir el camino que tomamos para guiar a nuestra familia nos da serenidad e impulso.

En la Universidad de Harvard, la Escuela de Educación, ha generado un proyecto denominado «Making care common«. En este sitio, expertos e investigadores generan contenidos que apoyan a familias y educadores.  Aquí, encontré un listado de los cinco puntos que los padres debemos reforzar en la crianza, para que nuestros hijos estén bien educados.

Todos los padres educamos a nuestro modo.  Pero, ¿educamos «bien»? Los psicólogos que elaboraron esta lista quieren brindarnos una brújula de varios factores que no deben faltar si queremos brindar una formación integral a nuestros hijos.

Para no perdernos entre los diferentes estilos de crianza y no atorarnos en aquello de que «los tiempos antiguos siempre eran mejores», estos criterios nos dan un esqueleto básico sobre lo que no debe faltar en nuestra labor educativa con base en las necesidades actuales de las nuevas generaciones.

¿Quieres conocer estos cinco tips? Te invito a leer este artículo.

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1 Pasar tiempo con nuestros hijos

Aquí no entra el engaño del «tiempo de calidad» con el que algunos padres justifican la desatención de sus pequeños.  Pasar tiempo con nuestros hijos significa acompañarlos en el día a día, estar al tanto de qué les gusta, qué los lastima, qué los motiva. Pasar tiempo con ellos es conocer su color favorito. ¿Conoces tú cuál es el preferido de tus hijos?

En este impresionante video elaborado en Singapur, podemos ver con tristeza que a veces nuestros hijos pasan mas tiempo, y momentos significativos, con otras personas que no son sus padres.  En concreto, aquí verás una entrevista a madres de familia y a las nanas (niñeras) de varios niños, en la que se hace las mismas preguntas a ambas mujeres.  En un 74% de los casos, las que acertaron fueron las chicas de apoyo en casa, y no las madres.

Esta triste situación se repite constantemente, porque nos dejamos abrumar por los pendientes que no terminan.  Entonces, según tu agenda, delimitas que estarás con tus hijos en un horario fijo, digamos, una hora al día (pero íntegra, y dedicada solo a ellos, piensas para no tener remordimientos).

En ese momento -según tú- les dedicarás el 100% de tu atención. Pero, ¿y si en ese horario ellos están ya cansados, o prefieren jugar con la mascota?, ¿cómo detendrás su mundo para que te miren y te muestren lo que viven en el día a día porque en ese momento sí les prestas atención?

2 Hacer que tu hijo se sienta valorado

El amor es un verbo. Si amamos a nuestros hijos, debemos hacérselos saber.  Debemos hacer que lo sientan, que lo palpen y que lo reconozcan.   Los niños son sumamente listos y tienen un alma pura.  Si tú te autoengañas diciéndoles que un trato brusco, un golpe, una reacción iracunda de tu parte, lo haces «por amor» a ellos, su corazón entenderá que «el que no pega no quiere», y los dañarás de por vida.

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Si tú, en cambio, te esfuerzas por buscar formas en las que tus hijos sientan tu cercanía, en las que se sientan valorados, escuchados, los impulsarás a crecer en una sana autoestima y sin heridas emocionales graves.

¿Cómo hacerlo? Ámalos por encima de todo.  Dialoga mucho con ellos, escucha sus palabras y observa sus miradas, sus movimientos, sus acciones. Busca su canal de recepción de amor, o como dice Gary Chapman, su lenguaje del amor.  En este libro, nos brinda muchos consejos para ubicar de acuerdo al temperamento de nuestros hijos, cómo hacerles saber de forma práctica cuánto los amamos.

Las herramientas son útiles, pero no indispensables. La regla básica es amarlos, y tratarlos como te hubiera gustado a ti que te trataran en tu infancia, ante los problemas que ellos presenten hoy.

3 Enseñarles a resolver problemas

¿Conoces la historia del hombre pobre y el pescado? Cuentan que un hombre que llevaba años en la miseria, se colocaba cerca del mar y asediaba a los pescadores para que le regalaran un pez, y así saciar un poco su hambre. Un día, para su fortuna, se encontró a un hombre grande y generoso que le negó ese regalo, para darle uno infinitamente mas grande.

El hombre le dijo: «si te doy un pez, mañana tendrás hambre; pero si te enseño a pescar, comerás todos los días».

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Este gesto generoso le salvó la vida.  Tú puedes «darle pescados» continuamente a tus hijos, y con ello seguro los ayudarás a salir adelante de los conflictos, pues sabrán que papá y mamá están para ellos, y les resolverán lo necesario.  Pero conforme vayan adquiriendo -con tu guía- habilidades para crecer por su cuenta, su avance se incrementará exponencialmente.

Ann Landers, columnista estadounidense, escribió una frase que explica muy bien este punto: «Si tus hijos llegan a tener éxito en la vida, no será gracias a lo que hagas por ellos sino, por lo que les enseñes a hacer por ellos mismos«.

4 Agradecer

La palabra «gracia» significa regalo.  Cuando tú te propones agradecer, reconoces los regalos que te presenta la vida y las personas con quien convives diariamente.  Podemos agradecer un buen momento, un bien material, una experiencia, un alimento.

Para agradecer, es importante mirar con otros ojos la vida. Si invitas a tus hijos cada noche a buscar al menos tres experiencias vividas por las que puedan dar gracias, fomentarás este valor en ellos.

Contar las bendiciones nos ayuda mucho a dimensionar los problemas de la vida. Si tus hijos viven un problema, luego de escucharlos, puedes invitarlos a agradecer la experiencia, y a darle su debida proporción: por ejemplo, si se ha roto su plato preferido, podrías insertar el agradecimiento porque en casa pueden comer con platos. Existen muchos pequeños que ni siquiera tienen comida, ¡qué lujo para ellos tener un plato especial!

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5 Ayudarlo a tener perspectiva

En este último punto nos recomiendan mostrarles las consecuencias a largo plazo de sus actos. No concentrarnos en la pequeña burbuja de mundo que nos ha tocado vivir, sino impulsarlos a conocer y valorar también lo distinto.

Para explicarte con mas claridad este punto, déjame contarte acerca de la tierna historia de dos pequeñitos que saben mirar con perspectiva: Jax y Reddy son los mejores amigos.  Cuando su madre llevó a Jax por un corte de pelo, se enterneció con la iniciativa de su hijo para cortarse el cabello casi a rapa para ser igual que su amigo Reddy.

«Me muero porque llegue el lunes, Reddy y yo confundiremos a la maestra al llevar el mismo corte«, dijo el pequeño a su mamá. ¿Dónde radica la perspectiva del niño? Jax es de tez blanca, y Reddy de piel oscura, pero ambos, se asumen niños, amigos y por tanto, idénticos. ¡Qué hermoso!

¿Qué te parece? ¡Tenemos tarea! Pongamos en práctica estos valiosos consejos, y seguro nuestros pequeños crecerán mas sólidos y felices.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.