Abrazar mi imperfección me hizo mejor persona

Deja de vivir agobiado por lo que no eres y no tienes. La vida es un regalo que sucede mientras esperas algo más, ¡que no se te vaya de las manos!

Marilú Ochoa Méndez

Elena era una mujer agobiada. Tenía tres hijos que la mantenían activa y ocupada todo el día.  Se agobiaba mucho por abarcar todo lo que le parecía importante para su familia, pero en el trajín cotidiano, terminó por estar ausente.  No podía jugar con sus hijos por la tarde porque estaba ocupada preparando los alimentos impecablemente sanos que su familia tomaría al día siguiente. Se preocupó tanto por ser la mamá perfecta, que olvidó ser simplemente mamá.

Esta situación nos ocurre a menudo, y no solamente a las madres. También a los jóvenes, a los padres de familia.  A veces, cargamos también el peso del perfeccionismo en los niños, provocándoles nostalgia y tristeza.

Lo que pasa es que el mundo actual, nos vende la mentira de la perfección. Y lo que es peor: compramos la idea.

Sé perfecto, nos dicen

En una ocasión, fui a una tienda de ropa.  Y vi con tristeza que ninguna talla se acomodaba a mi cuerpo latino, las tallas eran imposibles. ¿Te ha pasado? ¡Es lo peor!, acabas pensando que tu cuerpo está deforme o que es de otro planeta.

¿Alcanzas a ver la ironía en esto? Permitimos que una tienda que elabora los productos en serie, nos afecte tanto que dudamos de nuestro maravilloso cuerpo, que con hambre, sueño, malos días y cansancio, nos saca adelante día con día, y nos permite amar y compartir la vida con nuestros seres queridos.

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Lo mas triste, es que permitimos que desde afuera nos impongan moldes preestablecidos que nos van encerrando y limitando en otros aspectos de nuestra vida.

Y comenzamos con el «debes», que se convierte en una prisión: «Debes ser madre o padre perfecto» «excelente y efectivo en casa y en el trabajo», «cumplir con todo y de buena gana», «productivo y capaz siempre», «resolver cualquier problema sin desatender ni la casa ni los pendientes laborales».  Tanta exigencia acaba por convertirse en una pesada bola de nieve que en algún momento, nos aplastará.

Anhelar el espejismo

Hay muchas historias y anécdotas que nos ayudan a ver que buscar lo perfecto acabará destruyéndonos, o al menos, afectando nuestra vivencia de la aceptación y plenitud.  La mitología griega habla de una que quisiera contarte:

El arquitecto Dédalo había construido un laberinto para el rey Minos, en Creta. Como era la prisión de un terrible monstruo, el rey había decidido atrapar al constructor junto con su hijo, para que no se filtrara ningún dato sobre su estructura ni salida.  Entonces, Dédalo mostró su habilidad construyendo alas de cera para él y su hijo Ícaro. Con ellas lograrían al fin escapar.  Como las alas podían derretirse en su contacto con el calor, el padre advirtió a su inexperto hijo que debía volar y disfrutar el viaje, pero mantenerse a una distancia prudente del sol.

Ícaro, a pesar de la advertencia, se admiró tanto por la belleza de nuestra estrella, que se acercó demasiado.  Como te imaginarás, sus alas se derritieron y se precipitó sin remedio al mar, donde murió.

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A veces, tú y yo, nos admiramos tanto por los espejismos sociales, y por lo que nos muestran los comerciales, las redes sociales y las apariencias, que derretimos nuestra autoconfianza, nuestra fe en nosotros mismos, por algo irreal.  Cuando abrazar nuestra imperfección es lo que nos liberará y dejará volar con libertad.

Abrazar tu imperfección

Es verdad que Jesús nos ha invitado a buscar la perfección: «Sed perfectos como mi padre celestial es perfecto«. Pero esa perfección dista mucho de la perfección que buscamos humanamente.

Jesús nos conoce bien. Él sabe que nuestra naturaleza está dañada por el pecado, y que caemos con frecuencia.  Como nos conoce y nos ama, Él abrazó nuestra imperfección primero, perdonando todas las caídas en la idolatría y falta de fe que podemos ver en el Antiguo Testamento, y perdonándonos diariamente a ti y a mí cuando, con la cabeza baja, reconocemos ante Él que hemos caído y deseamos tener una vida nueva y recomenzar.

Pero buscar la perfección en Cristo no es lo mismo que pretender llenar un molde humano prefabricado y comercial, para pertenecer, para ser aceptados, para estar dentro de algún grupo social.

Abrazar nuestra imperfección puede ser liberador.  Reconocer nuestra incapacidad, nuestro cansancio, nuestros límites naturales, nuestros errores, es el principal camino para liberarnos.  Abrazar nuestra imperfección es aceptarnos y amarnos como somos.

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Aceptarme es la vía para aceptar a otros

El camino de la vida es eso, un recorrido.  ¡Cuánto ganaríamos si en vez de pretender llenar moldes ajenos, tomáramos con cariño la persona que somos hoy!

Conseguir esto nos ayudaría también a mirar a otros de manera amorosa, considerando que cada uno llevamos cargas únicas y personales, junto con heridas emocionales que a veces nos impiden avanzar.

Aceptando que ni tú ni yo somos perfectos, podremos reconocer y valorar la imperfección en otros.

Vivir en el presente

Una expectativa es un comportamiento o vivencia esperada.  El aspecto negativo de las mismas es que nos atoran en el «debería», sacándonos del presente, donde sucede en realidad la vida.

Sí, estaría increíble que tuvieras ese ingreso extra que te permitiría salir de vacaciones, pero no lo tienes. ¿Qué harás? ¿Frustrarte porque no lo has podido conseguir?. Esa es una opción, puedes optar por ella, pero generará en ti mucho pesar.  ¿Qué mas puedes hacer? Mirar lo que sí tienes: vida, seres que amas, un trabajo, esperanza, salud, aire, amor.

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El hubiera no existe

Hay un triste refrán popular que dice que «nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido».  Hoy, tú y yo podemos reconocer que el «hubiera», no existe. Esto significa que los castillos en el aire, son bruma.  Lo que está junto a ti y dentro de ti, es lo que te permitirá construir una mejor vida.

Hoy estás lleno de bendiciones. Deseo de corazón que te animes a mirarlas, ¡ten fe!, ¡ten esperanza!, lo mejor está por venir.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.