¿Amas tanto a tu pareja para mantener firme el voto de «En la salud y en la enfermedad»?

La prueba más difícil del matrimonio es la enfermedad. ¿Podrás superarla?

Erika Patricia Otero

«Te acepto como mi esposo/a  para amarte y respetarte, de hoy en adelante, en lo próspero, en lo adverso, en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud hasta que la muerte nos separe».

Esos por lo general son los votos nupciales más comunes que se profesan las parejas el día que contraen matrimonio. Sin embargo, debemos admitir que  a veces, para muchos, son promesas vacías que se quedan en el papel. Sí, porque al momento de llegar una situación desesperada no todos se quedan al lado de sus parejas para cumplirla.

Es fácil casarse pensando que todo será felicidad de ese momento en adelante; pero la realidad es que no siempre es así. Por eso, si vas a casarte con la expectativa de que «serás feliz para siempre» mejor reflexiona sobre esa frase, porque el matrimonio es más difícil de lo que te contaron.

El matrimonio es una prolongación de la vida misma, está lleno de altos y bajos, y en estos últimos es cuando realmente una persona demuestra cuánto ama a su pareja. Puede ser que se mantengan unidos en momentos de adversidad o incluso pobreza; sin embargo, la verdadera cara se manifiesta cuando uno de los cónyuges enferma.

De las situaciones adversas y de los problemas económicos siempre se puede salir; sin embargo, cuando se trata de una enfermedad crónica o terminal, la situación es una prueba de fuego para el amor.

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Hay quienes la pasan, y aunque resulta difícil para ellos, se mantienen firmes porque aman a sus parejas.

Estas personas, lo que suelen hacer para dar apoyo a su amor es:

Procurar documentarse acerca del mal que aqueja a su cónyuge

Una cosa es lidiar con una gripe o una migraña; casi todos sabemos como lidiar con ellas; pero la cuestión cambia cuando te dicen que tu pareja sufre una enfermedad de la que jamás has escuchado nada.

Un cónyuge que desea apoyar a su pareja en esta circunstancia de la vida, lo que hace es investigar todo lo que pueda acerca de la enfermedad. Quiere saber en qué consiste, si hay posibilidades de una vida larga o no, cuál es el tratamiento a seguir; todo para ser un mejor apoyo.

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Dedicarle tiempo

En esos momentos es cuando cae en cuenta de que «la vida es solo un momento» y que hay tantas posibilidades de perder a su pareja, como de que siga con vida por largo tiempo. Así, decide que lo mejor para ambos es darse tiempo para estar juntos, disfrutar de la vida pese a las circunstancias.

Además es la oportunidad de profesarse más amor, pedir perdón, ser más respetuoso y considerado; quiere hacer bien lo que antes no ha hecho y mostrarle que de verdad le ama.

Ser consciente de que necesita toda la colaboración posible

Es cierto que cuando se sabe que la pareja está enferma, muchas personas eligen la intimidad de la familia. Pese a eso, también debe ser consciente de que si necesita ayuda es su deber buscar todo el apoyo que le sea necesario en caso de una urgencia o solo para desahogar la presión de las dificultades que vienen con la enfermedad.

No obsesionarse con la enfermedad de su pareja

Es quizás uno de los pasos más difíciles porque se desea que su pareja tenga las mejores condiciones de vida posibles. Tanto, que a veces muchos cónyuges llegan al punto de controlar hasta el hastío a su pareja para «procurarles bienestar»

Como en todos los aspectos de la vida no se debe ser tan extremista. Tu pareja tiene suficiente con la medicina, las recomendaciones médicas, las quejas y complicaciones de la enfermedad como para tener que lidiar con tu extremo control.

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Es bueno que te relajes; cuida de tu pareja «lo justo y necesario» y va a estar agradecido/a contigo por lo que dure la vida. Está enfermo, pero aún pueden seguir teniendo una vida normal de pareja.

Acompañar en el proceso médico

Hay muchas enfermedades que necesitan ser tratadas en lugares diferentes al de residencia. Una pareja que de verdad se consagre a su cónyuge se sacrificará hasta ese punto, pues se reconoce como la única y mayor fuente de apoyo que puede tener a su lado hasta el fin.

Cuando mi abuelo debía ir a sus controles por la epilepsia que sufría, mi abuela siempre acompañó a mi abuelo hasta Bogotá, lugar donde el médico especialista tenía su consulta. Esto refería dejar a sus hijos a cargo de alguien, y lo hacía porque sabía que nadie cuidaría mejor de él que ella.

Cuando mis abuelos se casaron, mi abuela sabía que él estaba enfermo, aún así aceptó el reto, y aunque la vida matrimonial no fue mala del todo, la enfermedad complicaba la convivencia. Pese a todo eso, ellos supieron sortear cada situación difícil hasta el día que mi abuelo murió a causa de la fatal enfermedad.

El temor está siempre presente, pero el amor también debe estarlo

Puede ser que tengan miedo a jamás volver a ser los mismos después de superar la situación; aun más cuando se trata de una enfermedad como el cáncer detectado a tiempo.

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El temor a no ser igual de atractivos, enérgicos, apasionados o felices, puede acongojar al más valiente ser humano, pero siempre podrán superar y progresar si se apoyan mutuamente.

Las posibilidad es de que tomen caminos separados después de la enfermedad puede ser bastante alta, más en las mujeres que en los hombres; esto sucede cuando la convivencia no ha sido la mejor en el proceso de la enfermedad y cuando no se ha recibido apoyo y contención. Ocurre que la mujer aprende a verse de manera diferente, valora la vida y sabe lo que vale, así que desea sacar el mejor provecho de todo y no al lado de quien no la apoyó.

Sin embargo, las cosas son diferentes si se han dado el apoyo necesario, entonces sí que están dispuestos a seguir al lado de quien fue capaz de sacrificarse y mantener vigentes los votos matrimoniales.

Recuerda que el matrimonio no es solo amor y prosperidad, son retos, dificultades, adversidades; pero todas ellas hace de la vida en pareja la más rica experiencia de la que un ser humano pueda disfrutar, porque no es solo uno, son dos en la lucha.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.