Antes de casarse ella le contó que había adoptado a 13 niñas. La reacción de él fue inesperada

Cuando el amor llama a tu puerta, en todas sus formas, no debes dejarlo pasar ¿hubieras hecho lo que hizo esta mujer?

Fernanda Gonzalez Casafús

La adopción de un niño es un acto altruista y sumamente humanizador. Darle la posibilidad de tener una familia y un hogar donde ser amado, a un pequeño, llena el corazón de quien realiza semejante acto. En Uganda, una joven de 18 años escuchó su corazón y terminó adoptando a 13 niñas.

De acuerdo a Today Parenting Team, Katie Davis tenía tan sólo 18 años cuando partió desde su Estados Unidos natal hacia Uganda en búsqueda de cumplir su objetivo: quería conocer la cultura de aquel país y realizar un viaje rico en nuevas aventuras antes de comenza la Universidad en Norteamérica. Pero algo cambió sus planes.

Katie sintió que el amor y la compasión llamaban a su puerta cuando conoció a un grupo de niñas huérfanas. Como buena cristiana, se encontraba haciendo obras de caridad y uno de los objetivos de su viaje era ayudar a los demás. Así, con apenas 18 años se encontraba enseñando en un jardín de infantes. De acuerdo al sitio de noticias NPR, una noche, cuando volvía de su trabajo, vio cómo una choza de barro colapsaba sobre sí misma. Dentro de ella se encontraba Agnes, una niña de 9 años, quien debió ser hospitalizada junto a otras dos niñas más. Katie acompañó a la niña en el proceso, y estando en el Hospital, Agnes le dijo a su madre “¿puedo vivir con ella (Katie)?”, y la madre respondió que sí, sin más vueltas. La vida en Uganda es demasiado dura para las familias con escasos recursos, y si la pequeña se iba a vivir con Katie, la madre se aseguraba al menos que su hija iba a estar alimentada y en un lugar digno donde vivir. Katie y las otras dos niñas fueron a vivir con Katie luego de haberse recuperado del incidente en la choza.

Así comienza entonces la historia de adopciones en la vida de Katie, quien descubrió que lentamente iba naciendo en ella un amor de madre indescriptible, aún con su tierna edad. Kate alquiló entonces una casa para acomodar a las tres niñas. Durante los siguientes 18 meses, se mudaron 10 niñas más. Todas habían sido abandonadas o maltratadas, o habían visto cómo sus padres se alejaban del flagelo del sida, tan común en ese país.

Un gran desafío

Katie estaba muy segura de lo que estaba haciendo. Ahora tenía 13 niñas con ella, a quien cuidaba y alimentaba todos los días. Era una mamá muy joven, pero muy comprometida con sus ideales. Sin embargo, ella admite que el verdadero amor maternal fue inundando su corazón de a poco, a medida que fue conociendo a su hijas:

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Conocí a muchas de mis hijas meses o años antes de convertirme en su madre. Cuando las conocí por primera vez, no tenía idea de que algún día compartiríamos el vínculo de la familia. Incluso cuando se mudaron por primera vez y llenamos los documentos de cuidado de crianza, para mí era algo tentativo. Realmente no me sentía como una madre, me sentía como una solución temporal en el sistema. Incluso cuando tomamos medidas para que sus adopciones fueran permanentes, después de que Dios dejara en claro que seríamos una familia para siempre, tuve torpeza, a menudo sintiéndome más como una niñera,o como una tía divertida”, dijo, según Today Parenting Team.

Además del cuidado hacia las niñas y el amor dispensado hacia ellas en lo cotidiano, Katie tomó como premisa enseñarles acerca de Jesús: “En esos primeros días de poner cabezas adormiladas sobre almohadas y entrenar corazones diminutos para conocer a Jesús, no tenía comprensión del amor salvaje, devastador e incontenible que sentiría por ellos. No sabía que de algún modo se convertirían en extensiones de mí, que cuando dolieran, me dolería más profundamente que nunca antes, y que cuando se deleitaran con un éxito o una excitación por la Palabra de Dios, mi corazón se hincharía dentro de mí, y seríamos incapaces de contener las lágrimas de alegría. No sabía que a veces las miraba y sentía tanto amor que mi corazón dolía físicamente dentro de mi pecho”.

Un hombre y una prueba

Un día, Katie conoció a un hombre llamado Benji Majors, quien también se encontraba en Uganda como misionero. Ambos compartían la dicha que brinda el hecho de ayudar a los demás. Instantáneamente se entendieron y comenzaron a frecuentarse. Así, se enamoraron, y mucho antes de lo pensado tenían planeado casarse. Pero a sus 23 años, Katie tenía 13 hijas, y no cualquier hombre aceptaría eso.

Pero no sólo que Benji lo aceptó, sino que se comprometió con la causa, pues él, como misionero, realizaba una tarea similar a la de su reciente esposa. El día de la boda 13 niñas y adolescentes vestidas de blanco hacían de damas de honor, un verdadero orgullo para Katie, quien vio el fruto de su esfuerzo y dedicación a lo largo de tantos años.

El amor desinteresado

Esta historia nos enseña tanto acerca de la caridad y del amor, que debería saberla el mundo entero. Primeramente, porque demuestra que no es cierta la sentencia de que “la juventud está perdida”, pues Katie es un claro ejemplo de una joven comprometida con sus ideales. Y segundo, porque enseña que el amor, en cualquiera de sus formas, siempre triunfa.

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No creo que muchas personas tengan la valentía, el coraje y el gran corazón que tuvo esta muchacha. Y tú ¿hubieras hecho lo mismo que hizo ella?

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.