¿Crees en el destino?

¿Será casualidad?, ¿será un mandato divino?, ¿una prueba?, ¿o tal vez el destino que ya está escrito?

Adriana Acosta Bujan

Seguramente en algún momento habrás pensado “El destino nos puso en este camino”, “El destino nos juntó”, “Si el destino quiere, nos volveremos a encontrar”, “El destino está escrito”, “Todos somos dueños de nuestro propio destino”, entre otras muchas frases.

Si bien conocer a alguien en cierto lugar en situaciones poco comunes, encontrarte un billete tirado en la calle o haber tenido un golpe de suerte inesperado, son situaciones que creemos son generadas por el destino. Ese destino que actúa como una fuerza sobrenatural del cual nadie puede escapar, ya que -para muchos- son situaciones que ocurren con una causa ya predestinada.

Si nos aferramos a la idea de la existencia del destino, es fácil asumir que todo lo que nos sucede está marcado por los designios de algo divino o de la magia del universo, en la cual no podemos ver, pero que anhelamos que sea real.

Sin embargo, creer en el destino puede minimizar nuestra capacidad de responsabilidad y de libre albedrío, dejando todo lo que hacemos al azar, esperanzados que nuestra vida algún día tomará el buen camino y seremos felices.

Por otra parte, es conocido que todos los seres humanos buscamos una explicación de las cosas que nos suceden, por ello es que atribuimos que el destino existe, sin pensar que tal vez sea una causalidad de un hecho que hayamos provocado de manera inconsciente.

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¿Creer o no?

Es una pregunta compleja y subjetiva que todos podemos interpretar de distintas maneras; así que creer o no, será cuestión de cada quien. Por ejemplo, en el campo de la medicina, los científicos creen que muchos trastornos genéticos ya están predestinados; para la filosofía, el destino se explica con la causalidad (todo lo que pasa tienen una causa y una consecuencia) y para algunas religiones, el destino es la disposición de la voluntad de Dios o el karma. Incluso para los esotéricos, el destino es una realidad impuesta por los astros.

Lo que hay que rescatar

Comprendido lo anterior y sin tener la intención de crear polémica, pensar que el destino existe puede ser algo positivo en nuestra vida, siempre y cuando actuemos sin dejar nada al azar y con responsabilidad. Por ejemplo; ¿para qué nos sirve el destino?:

1 Aceptar las adversidades

Todos absolutamente todos hemos pasado por dificultades. Algunas veces esas experiencias nos dejan mal heridos, pensando que lo que nos pasa es un castigo del destino por haber tomado decisiones equivocadas, por haber elegido mal o incluso que es una prueba divina.

Creer en el destino en estas circunstancias muchas veces provoca acercarnos a nuestra vida espiritual, esa que tal vez esté olvidada. También nos permite creer que haber salido del problema es un componente de suerte, pero en realidad es nuestra capacidad natural de sobrevivencia la que nos ha permitido tener éxito.

En este punto lo importante es reconocer que ante toda dificultad siempre saldremos adelante; sea cosa del destino o no, ya que, como decía mi padre, “todo tiene solución en esta vida, menos la muerte”.

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2 Creer en nosotros mismos

“Si el destino nos juntó, será porque tiene algo bueno para los dos”, “El destino, me ayudó a tener éxito”. Creer en el destino nos ayuda a depositar nuestros esfuerzos para llegar a donde queremos y anhelamos; nos da la fuerza para cumplir ese “mandato divino”.

Es como si fuera la motivación que necesitamos que provoca creer en la capacidad que tenemos para encontrar la felicidad. Piénsalo de esta manera: una pareja que cree fervientemente que el destino los unió para siempre, va a dirigir sus esfuerzos por tener un buen matrimonio, evitando de mil maneras que el amor desaparezca.

3 Libertad de cambiar el destino

Nuestro sentido de responsabilidad y el libre albedrío nos ayudarán a cambiar las malas experiencias que nos hacen sufrir. Si pensamos que el destino nos puso una prueba de la cual no queremos experimentar, entonces nos esforzamos al máximo para cambiarlo, ya que todos buscamos la felicidad.

Tal vez podemos culpar al destino por las cosas malas que nos pasan, así poder sentirnos menos responsables de los errores que cometimos. Sin embargo, está en nuestras manos luchar para estar bien; aprendiendo que todo lo que hagamos bien o mal, siempre llevará consigo una consecuencia. Con esto me refiero a aprender de los errores para así cambiar el rumbo de nuestras vidas o el destino que tenemos predestinado.

4 Buscar tu destino

“Tu destino debes buscarlo, no te viene solo”. Existen muchas personas que dejan de hacer cosas o de luchar por sus metas y sueños pensando que el destino algún día llegará a tocar su puerta y cambiará su vida por completo.

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Sin embargo, debemos tomar en cuenta que la buena fortuna se debe de buscar, ya que si no salimos de nuestra zona de confort por tener miedo a lo incierto, será casi imposible que las cosas que deseamos se materialicen. Es como la persona que desea tener un trabajo; si no lo busca, sus probabilidades de trabajar son casi nulas.

5 Aceptar la realidad

El destino nos ayuda a disfrutar nuestra vida presente, encontrando una explicación de las cosas que nos suceden y así poder vivir cada instante como único y especial. Tal vez, tu vida cambió de manera drástica; sin embargo, pensar en el destino te ayudará a valorar lo que tienes y a las personas que están a tu alrededor. Aprenderás a dar gracias por tu salud, por tu familia, por tus amigos, por tu trabajo, por tener qué comer, por tener un techo, etcétera.

Puedes pensar que destino está escrito, pero también puedes cambiarlo tomando las riendas de tu vida. Aprende de las malas experiencias, valora tu vida y siempre ten la certeza que eres una persona bendecida, afortunada y capaz de conquistar sus sueños.

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Adriana Acosta Bujan

Adriana Acosta estudió comunicación, es madre de un adolescente, y actualmente se dedica a la enseñanza e investigación a nivel universitario en Puerto Vallarta. Publica sus escritos esperando que ayuden a las personas que leen sus útiles vivencias