Decir «lo siento» puede sanar a las familias más distanciadas

Con sus cosas buenas, sus cosas malas, es tu familia, y debes estar dispuesto al perdón y a abrir tus brazos y tu corazón.

Erika Patricia Otero

La historia de los seres humanos está plagada de invasiones y guerras. A estas alturas de la vida debes saber que la mayoría de los encuentros violentos que se dan entre las personas se dan por dos razones: poder y orgullo.

Es la misma dinámica que destruye familias enteras. Padres que ansian imponer su poder ante sus hijos; chicos que por años dependen de ellos aguantan lo mejor que pueden los atropellos de estos. Luego, cuando al final pueden independizarse, hacen lo posible para alejarse todo lo que puedan de ellos sintiendo que no quieren volver a verlos jamás.

Pasa entre cualquier vínculo familiar; lo triste, es que a veces solo basta un gesto o un comentario desatinado para levantar resquemores y alejar familias enteras.

A veces es fácil solucionar esas rencillas, solo se requiere humildad de ambas partes y buena disposición. Sin embargo, en muchas familias no basta una disculpa honesta o un mar de acciones reivindicativas. Ocurre que muchas veces quien comete el error no lo reconoce; para él o ella, son otros los culpables y es tal su orgullo que prefiere distanciarse y poner a muchos en contra que reconocer que hizo daño.

Lo anterior descrito pasa a diario en muchas familias; en ocasiones el tiempo cura esos malentendidos pero en otras no y así terminan miembros de la misma dispersados por todas partes sin saber qué fue lo que pasó.

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El perdón se enseña desde la infancia

En efecto, todas las buenas cosas- y las malas- se enseñan en casa y se aprenden de los miembros de la familia. Las cosas se pueden hacer bien desde el principio, lo importante es educar a los niños en el amor, la humildad y la capacidad para reconocer sus fallas. Si se logra enseñar bien estos principios a los niños, muchos problemas familiares irreconciliables se evitarán a futuro.

La manera de enseñar es muy simple: tú eres el ejemplo a seguir. Si por alguna razón regañas a tu hijo por una falta y sientes que te pasaste con castigo, busca la forma de dirigirte a él o ella como los niños que son y habla respecto a lo que pasó y lo mal que te sientes por haber exagerado con el regaño.

Recuerda también que tus hijos observan cómo te relacionas con su mamá o su papá. Si discuten por algo, la forma adecuada es evitar que los niños no se den cuenta. La razón es que esto les afecta bastante aunque solo se trate de que cruzaron un par de miradas molestas y no se dieron el típico beso de despedida al irse al trabajo.

No temas disculparte con tu pareja por algo que hiciste y sabes que le ofendió, que no se merecía ese trato. Tus hijos observan y aprenden a relacionarse con las personas por cómo te vea relacionarte a ti con su padre o madre.

Aprender a reconocer las faltas es básico para toda relación humana

Algo que todo ser humano adulto debería ser capaz de hacer es reconocer sus faltas. Pero como decíamos, el orgullo puede hacer que las relaciones más fuertes se debiliten al punto de la ruptura.

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Otro aspecto que también interviene en las relaciones interpersonales es la imprudencia. ¿Quien no se vio alguna vez mordiéndose la lengua porque se dio cuenta muy tarde que cometió una imprudencia? Pasa más veces de las que uno puede darse cuenta; sin embargo, es de fuertes saber reconocer una equivocación, y que debido a eso pudo lastimar a su interlocutor.

Puede llegar a sentirse intimidado y hasta avergonzado por lo que se dijo, pero somos humanos, así que es mejor disculparse y procurar ser más consciente la próxima vez de las cosas que se dicen y la manera en la que se dicen.

Cuando una persona se hace responsable de sus acciones, gana el aprecio de los demás. Lo que sucede es que esta actitud habla de una persona humilde y consciente de su humanidad.

Las familias no son perfectas, pero son familia

Es un hecho que no le caemos bien a todo el mundo, incluso si son familia. Cuando eso sucede, lo que mejor se puede hacer es tratar de llevarse bien con las personas que nos rodean. También podemos disculparnos si nos sabemos responsables de un acto que dañó a alguien y seguir adelante.

La realidad es que a veces hay muchos miembros de la familia que no sienten un especial agrado hacia ti, y a veces tampoco entendemos por qué. Lo mejor es comportarte tan educadamente como puedas y mantener una sana distancia si sabes que en definitiva las cosas nunca funcionarán entre ustedes.

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No eres tú, es la proyección

«Caemos mal» a otras personas porque los demás suelen ver en ti algo que no les agrada de sí mismos. Las relaciones humanas funcionan como si fuéramos una especie de espejo donde los demás se ven reflejados en nosotros. Por eso a veces tú ni sabes qué hiciste para tener sobre ti la rabia de otras personas.

Ante este tipo de situación lo mejor que se puede hacer es protegerse; esto porque muchas veces tratar de solucionar los malentendidos es algo que no resulta aunque pidas perdón por cosas que ni hiciste.

Las familias no son perfectas, pero no se deja de ser familia por mucho malestar que exista. Trata de ser amable y diplomático, de llevarte bien tanto como puedas y todo irá bien.

Pide perdón cuando sepas que fallaste, sé humilde; y sobre todas, las cosas mantén tu conciencia limpia para tener una vida tranquila y próspera.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.