Dejar el pañal, o mojarse en el intento

La etapa en que los bebés dejan el pañal puede ser muy compleja o divertida, si es que se entiende que para ellos, después de caminar, es el logro más difícil de su joven vida.

Arturo Leonardo

Quiero platicarte de una etapa, sensacional y complicada a la vez, que estoy atravesando ahora: mi hijo está dejando de usar pañal para iniciarse en el camino hacia la vida adulta. Ha crecido muy rápido. Hoy lo veo avisándome que quiere hacer “tata” para que entonces corramos al baño como beisbolistas que pretenden robarse la base, mientras que apenas ayer cambiarle su primer pañal fue un auténtico reto de paciencia y coordinación motriz para mí.

La etapa en que los bebés dejan el pañal puede ser muy compleja, o muy divertida, si es que se entiende que para ellos, después de caminar, éste es el logro más difícil de su joven vida. Bajo este concepto, es importante recordar que no son como nosotros: no puedes gritarle a un niño, que apenas está aprendiendo, por “hacerse en los pantalones” como si se tratase de un hombre en la plenitud de sus capacidades físicas y mentales.

Cuando el bebé, bueno, ahora “bebé adolescente” (instalado entre los dos y tres años de edad) comienza con este proceso, debemos brindarle mucho apoyo. A continuación voy a enumerar una serie de recomendaciones que al menos a mí me han ayudado para disfrutar junto a mi hijo esta etapa, en la que sin duda ambos aprendemos cada día:

1. Recuerda que no es un adulto

Ya lo había explicado: no le grites como si el mundo fuera a acabarse por el hecho de que, si te hubiese avisado un segundo antes, habrían llegado al baño.

2. Explícale exactamente de qué se trata el asunto

Cuando uno es papá, sin duda pierde cualquier sentimiento de “asco”. Usa eso a tu favor, explícale que lo que sale de su cuerpo son cosas que ya no le sirven, que huelen mal y es mejor tirarlas.

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3. Pon el ejemplo

Esto es primordial: tiene que ver que tú también te sientas. Canten una canción o silben una melodía, hagan el momento divertido. Quizá hasta lo pueda ver como una oportunidad de convivir más contigo.

4. Hazle caso siempre

Aquí no es como el cuento de “Pedro y el Lobo”: no importa las veces que te “engañe”, hay que ir una y otra vez con él al baño. En una ocasión, estuve hasta una hora sin salir del baño porque él disfrutaba vernos a los dos sentados en nuestras respectivas tazas.

5. No te alarmes

Para quienes tienen damitas en casa, no habrá mayor problema, pero generalmente los niños aprenden a hacer del baño sentados. Aquí no se valen pensamientos machistas: es normal que, en muchos casos, el niño imite primero a la mamá. Habrá que explicarle poco a poco que, en su caso, la orina se vierte fuera del cuerpo, de pie.

6. Diviértanse y despídanse

Esto va con el punto de hacer las cosas divertidas: cuando usted tiene muchas ganas de ir al baño, no hay nada que alivie más que llegar a ese recinto sagrado y dejar que las cosas pasen, ¿correcto? Con su bebé diseñe una historia, como que eso que salió es un ser malvado y entonces se irá a la galaxia de agua del retrete, por ejemplo. Al jalar la palanca, despídanse diciendo: “Jajaja, ¡Te volví a ganar, villano!”.

Todas las etapas de crecimiento de nustros hijos son irrepetibles. Por ello, siempre hay que verlas con buen humor y saber disfrutar de ellas. Muy probablemente más del 90% de las ocasiones llegues muy cansado del trabajo y con ganas de acostarte a descansar, pero te recomiendo que vivas con plenitud el desarrollo de tus hijos. Además, por difícil y cansado que parezca, la perseverancia y la paciencia crean siempre grandes cosas.

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Arturo Leonardo

Comunicador fanático de sus hijos a quienes les relata día a día sus aventuras de música y deportes, gusta de leer lo que se cruce en su camino, piensa que el acto más revolucionario que puede existir es el de reír.