Diez hábitos que te harán una mamá más feliz

Valórate como madre y aprende de estos hábitos que traerán felicidad a tu maternidad.

Marilú Ochoa Méndez

Ella es mamá. Su crianza consciente ya le da autoridad moral para orientar a otras mujeres, pero además, es pediatra, y una mujer reflexiva y estudiosa. Ha escrito varios libros muy enriquecedores que profundizan en la crianza y en la relación de los hijos con papá y mamá.

Esta doctora y madre estadounidense, Meg Meeker, nos brinda en su libro Los diez hábitos de las madres felices, unos pocos hábitos que -bien vividos- lograrían ayudarnos a las madres a lograr una vida más plena y satisfactoria.

No más frustraciones, no más amargura, no más culpabilidad, no más soledad como mamá. Leí el libro hace poco, y he de confesarte que me gustó mucho. Está escrito de manera muy sencilla, y lleno de sabiduría.  Sé que tú también vives inquieta, buscando la manera de hallar el equilibrio entre tus necesidades y las de tu familia, por eso quise compartirte esta lista de hábitos con pequeñas preguntas y ejercicios que te ayudarán a vivirlos.

1 Valorarte como madre

Piensa conmigo en todas las cualidades con que Dios te ha adornado. Anímate a hacer una lista detallada, ¡sin falsa modestia!.  Luego, reflexiona, ¿qué más puedes hacer?, ¿qué áreas te falta desarrollar? Haz una lista, y procura palomear constantemente aquellos escalones que te falta aún subir.

2 Cuidar las amistades clave

Las amigas de una mujer son importantísimas.  En ellas encontramos el río que recibe nuestros desahogos, y nos ayuda a limpiar el corazón. Tú tienes un grupo externo de amistades, con quienes convives al menos de manera superficial.  Son las mamás del salón de clases de tus hijos, o las vecinas.  Su relación no es tan íntima, pero no por eso es menos valiosa. Es importante cultivar esas relaciones, y procurarlas.

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Pero el círculo íntimo, el de las amigas que cuentas con los dedos de la mano (y siempre sobran dedos), es el que debes proteger como un tesoro invaluable.  Evita encerrarte en la dinámica de madre o laboral. Oblígate -si es necesario- a llamar frecuentemente a esas amigas con quienes deseas cultivar esa relación estrecha.  Busca mujeres mejores que tú, que te impulsen, te regañen, te abracen y acompañen en el camino de la vida y la maternidad.

3 Valorar y practicar la fe

¡Qué hermoso poder depositar tus inquietudes, dolores, esperanzas y anhelos en el buen Dios! Él está ahí, pero nosotras continuamente no acudimos a Su regazo porque caímos rendidas sobre la almohada al anochecer (o la madrugada).  Nuestra mente está tan agobiada, que creemos descansar mirando series en el celular, y no nos damos tiempo de tener un momento de oración.

La inversión de unos minutos al día para orar a nuestro Padre redundará en millones de gracias para ti y los tuyos. Date tiempo de orar con la Biblia, o de acudir a la Iglesia con  Jesús sacramentado.  Verás qué descanso llega a tu alma.

Además, procura incorporar en tu dinámica familiar la atención a los necesitados, con limosnas, apoyos en especie o servicios en tu comunidad.

4 Dejar de competir

Eres suficiente. Eres única, eres valiosa. ¡Cuánta salud llegaría a nuestro corazón si dejáramos de compararnos! Sanar el corazón de la envidia y la soberbia, nos proporcionará mucha serenidad.

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Si tu corazón alberga sentimientos negativos sobre alguien, reflexiona: ¿envidias secretamente algo de ella?, ¿por qué te entristece su éxito? Pide ayuda a Dios para sanar tu corazón, y procura ser amable y dulce con todas las mujeres.  La doctora Meeker sugiere incluso, «ser deliberadamente amable con aquella madre que no me cae tan bien«.

5 Crear una relación sana con el dinero

El dinero es una herramienta, un recurso.  Da tranquilidad, pero no es lo único que nos la brinda.

Meg Meeker, en este punto, nos invita a reflexionar para qué abrimos la cartera: ¿para sentirnos mejores como madres?, ¿para que «quieran más» a nuestros hijos sus amigos, por verlos mas guapos o arreglados?.

La invitación, es a mirar todo lo que podemos dar a nuestros pequeños que no se compra con el dinero, y dar al dinero su lugar como recurso accesorio.

6 Busca tiempo para la soledad

Así como conectas tu celular por la noche, de manera que lo aproveches al máximo al día siguiente, es básico que nos demos un rato a solas para reconectar con nuestro corazón, nuestros retos y nuestras emociones.  Comienza con ratos pequeños, pero procura que lo que hagas, te llene de verdad.  Busca un lugar para estar a solas, y conviértelo en tu santuario personal.

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7 Dar y recibir amor de manera saludable

¿Tienes problemas con tu pareja, con tus hijos, con tus padres, con algún amigo? Procura en primer lugar, tomar la iniciativa sobre la situación que genera conflictos, manifiesta tu dolor, tu necesidad o tu molestia.

Reflexiona, ¿qué medida podrías tomar tú para que la situación mejorara? Y arriésgate a tomarla.

Además, anímate a mirar lo que te sucede con otros con una visión externa: el reclamo de tu esposo, el berrinche o mala cara de tu hijo, procura verlos como si los hubieran dirigido a alguien más.  Eso te ayudará a evitar el dolor y resentimiento y a tratar de mirar si su problema es consecuencia del enfado, o tiene qué ver contigo.

8 Vivir de forma sencilla

Elabora una lista de tus prioridades si no tuvieras limitaciones de tiempo ni de dinero: ¿a qué dedicarías tus horas en este caso? Elige tres de esa lista, y comienza a trabajar.  Deja de vivir apagando fuegos, y procura vivir para lo que te hará florecer y dar un verdadero fruto.

Además, es importante prestar atención a tu manera de hablar: «si nos esforzamos por hablar de una determinada manera, cambiaremos nuestra forma de sentir y de actuar«, nos dice Meg.   Habla con amor, procura que tu sí sea «sí», y tu «no», contundente también.

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9 Liberarse del miedo

Piensa conmigo, ¿qué te paraliza para apreciar las oportunidades de la vida? La vida, ¡es tan corta!. Evitemos que se nos derrame como agua entre las manos el tiempo que se nos ha dado.

10 La esperanza es una decisión, ¡tómala!

Una amiga muy querida afirma que todo estará bien al final.  Y que si ni tu vida ni situación están bien, es porque aún no es el final.  La esperanza en que Dios nos ama, que nos cuida, que nuestra vida, sufrimiento, dolor y tropiezos tienen un sentido y un valor, es poderosísima.

Puedes confiar.  No puedes hacerlo todo, pero eres hija de Alguien que sí.  También puedes confiar en tus amigas, en tus amigos, en tu pareja y en tus hijos. Suelta el control, no puedes hacer que todo salga como deseas, pero sí disfrutar la vida, los retos, los avances.

Estoy segura que esta lista te ayudará a poner manos a la obra. Te sugerimos buscar también el libro, para lograr una comprensión más profunda de estos temas.  Disfruta mucho el proceso, y no dejes de contarnos cómo avanzas.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.