Educar a tus hijos con el valor de la verdad los hará libres

Más vale una verdad que te haga llorar, a una mentira que te haga reír.

Erika Patricia Otero

Una de las peores épocas de mi vida tuvo como base una cruel mentira, de las más horribles y despiadadas que se le puedan decir a una persona.

Todos hemos sufrido a causa de las mentiras de alguien. Lo cruel es que muchas personas siguen creyendo que somos más felices cuando nos mienten, y la realidad es que no es así.

A veces, esas personas son tan despiadadas que son capaces de decirnos que para no herirnos escogen decirnos una mentira que nos haga reír, a una verdad que nos haga llorar. Para serte honesta, yo prefiero la última.

Pero ¿Qué es la verdad?

La verdad implica rectitud. Un autor desconocido la explica de la siguiente manera:

«La verdad siempre se consideró como un valor ético, pues da sentido al respeto ante los demás hombres, ante una sociedad, ante uno mismo. Es el pilar básico donde se orienta la conciencia moral y abarca la confianza a esa sociedad; donde todos nos necesitamos para vivir en verdad».

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Estando ligada a la honestidad, también tiene mucho que ver con la lealtad, ambos grandes valores que te hacen ser una persona digna de confianza.

La verdad y las relaciones humanas

Cuando una persona es dada a decir la verdad, gana el aprecio honesto de quienes le rodean en todos los ámbitos en los que se desempeñe.

Si se trata del trabajo, una persona honesta y sincera jamás hará trampa o buscará la manera de escalar puestos a base de engaños. Además, difícilmente se verá envuelta en problemas de chismes y es muy posible que gane el beneplácito de sus empleadores.

En las relaciones personales buscará siempre rodearse de personas iguales a él o ella pues sabe que no la engañarán y serán buenos amigos.

En las relaciones amorosas sabe a qué atenerse con su amor, pues aunque el afecto se acabe entre ellos, no se engañarán; si no que mucho antes de comenzar otra relación afectiva, van a hablar de manera franca de lo que les está pasando.

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Criar a los hijos inculcándoles el valor de la verdad

No es para nada algo complicado y sí es muy importante que lo hagas, pues ello marcará para bien el resto de la vida de tu hijo.

Empieza procurando dar siempre un buen ejemplo. Los niños por naturaleza son muy francos; así que es usual que los padres digan que «en las charlas de los adultos los niños no intervienen«. Esto no solo lo hacen porque los niños no comprenden los temas de adultos; además, algunos lo dicen para que los niños no los desenmascaren delante de su interlocutor.

Recuerdo una ocasión en la que hablaba con una conocida y su niño de 8 años estaba de la mano de ella. Le pregunte la razón por la que no había ido a una reunión a la que nos habían invitado, a lo que me dijo: «¡ah! es que estuve ocupada con algo de última hora», a lo que su niño intervino: «Mami,  ¿no te acuerdas que te quedaste dormida?». Recuerdo la cara de ella, una mascara de vergüenza y deseos de reprender al niño, así que nos despedimos y vi a lo lejos como iba regañándolo por lo bajito.

Pueda que no sean cosas graves las que ocultes o cambies un poco tu versión; pero como dice mi mamá: «Mas rápido cae un mentiroso que un cojo». Y es cierto, la verdad es descubierta tarde o temprano.

La verdad te hará libre

Ser honesto, junto con la sinceridad, son de las mejores cualidades que puede tener una persona. Pese a eso va a haber quienes no lo tomen bien. Sí, aunque te sorprenda.

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Siempre habrá quien diga que fuiste muy cruel al contarle una verdad dolorosa, o que si se entera por boca de otra persona lo que viste, te va a recriminar por no haberle contado. En resumidas cuentas, no vas a tener a nadie feliz si haces una cosa u otra. Por eso, es importante que te manejes según sientas que es lo correcto. Cuando actúas según tus valores y mides las posibilidades que hay de que el mensaje sea bien recibido, entonces no tendrás problemas.

Recuerdo que cuando estudiaba, siempre, el día antes de la reunión de padres de familia para entregar notas, nos dejaban ver el boletín de calificaciones. Yo veía compañeras muy angustiadas porque habían reprobado 1 o 2 materias.

Para ser franca, yo jamás sentí ese miedo, y no es porque fuera una excelente estudiante; no era mala pero no se me daba bien el álgebra y el idioma extranjero. Así que lo que siempre hacía era decirle a mi mamá que me habían dejado ver las notas y que tenía que recuperar esas 2 materias o una sola (según el caso). De esa manera, me evitaba el regaño por no haberle advertido, y ella podía conseguirme un maestro particular que me diera clases de apoyo.

Ni ser engañado, ni engañar

Como víctima de mentiras puedo decir que nada puede destruir más la confianza de alguien, que el hecho de que una persona que aprecias te mienta.

Eso no solo te vuelve desconfiado, si no además, luego del engaño, mides mucho más las relaciones con los demás. Incluso puedes volverte más solitario y menos amistoso.

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Mentir tampoco es bueno porque pierdes credibilidad, muchas puertas se te van a cerrar; y lo peor es que puedes llegar a encontrarte solo, debido a la deshonestidad.

Nada como vivir con la verdad como bandera para ser feliz, para sentirte libre y para ganar la confianza de quienes se relacionan contigo. Educa a tus hijos en este valor y les estarás dando uno de los mejores regalos que se le puedan dar a una persona: la capacidad para sentirse bien consigo mismo al saberse una persona honesta, leal y sincera

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.