El 70% de los padres no juega con sus hijos más de 2 horas por semana

Nuestros hijos nos buscan y necesitan hoy. Evitemos perdernos entre tantos distractores y generemos momentos inolvidables con ellos.

Marilú Ochoa Méndez

La marca española de juguetes Famosa, lanzó una campaña para su 60 aniversario en 2017, en la que nos invita a una reflexión seria como padres; su lema es «Antes de lo que piensas, tus hijos dejarán de jugar. Ahora que todavía quieren …¡juega con ellos! »

Con un video comercial, muestran a varios adolescentes interesados en amigos, pareja y tecnologías, y realizan un contraste entre la ilusión con la que nos esperan los pequeños para jugar al fútbol, o a tomar té con muñecas, y el desinterés natural que los mayores expresan por las invitaciones de los padres.

Para dar soporte a su campaña, realizaron un estudio a mas de 500 padres y madres españoles con el objeto de conocer la importancia que ellos daban al juego con sus hijos y el tiempo que invertían en esta actividad.

Llama la atención que «aunque mas del 87% de los padres coinciden en la importancia de jugar con sus hijos, y 50% de ellos considera que esto incrementa el desarrollo de la creatividad y la imaginación, solamente el 33% de esos padres, toman la iniciativa de jugar con sus hijos en casa«.

¿Qué detiene a los padres para jugar con sus hijos?

Las actividades que deben realizar fuera de casa (trabajo remunerado) y las que realizan en el hogar (labores de limpieza en el hogar).  Parece que intelectualmente, comprendemos el valor de pasar tiempo de calidad con los hijos, pero no damos el salto para dejar a un lado los smartphones o los pendientes para conectar con los que afirmamos, son «lo más importante en nuestra vida».

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El problema en nuestras prioridades no es nada nuevo

¿Harías un ejercicio conmigo? Piensa por favor cuáles son tus cinco prioridades en la vida. Organiza en orden de importancia el valor que le das a Dios, a tu familia, tú misma, al tiempo de entretenimiento y a tu trabajo o actividad profesional.  ¿Lista? Ahora piensa el día de ayer, cuánto tiempo le dedicaste a tu prioridad número uno, cuánto a la prioridad número dos, y así sucesivamente.  Ahora, coloca tus prioridades en el orden correspondiente de acuerdo al tiempo que le diste ayer, no de acuerdo al «deber ser».

Es común que las dos listas sean distintas ¿Sucedió así contigo al hacer el ejercicio?  Si fue así, sábete que esta disparidad entre lo que en tu mente asumes como mas importante y a cuáles dedicas en realidad mas atención y tiempo, es tristemente demasiado común.

Esto refleja que nos dejamos llevar día con día por lo urgente, por lo que nos aporta una fecha límite: entregar el proyecto en el trabajo, arreglar la casa antes de la hora de la comida, terminar las tareas escolares con los niños, salir corriendo a las clases extra escolares, y al final del día, terminamos agotadas, apresurando el tiempo que podría ser de convivencia y crecimiento para tener unos minutos de paz antes de caer rendidas.

Pretendemos tener un bosque sin sembrar ni cuidar árboles

En ocasiones, los padres nos preguntamos: ¿por qué mi hijo no aprecia todo mi esfuerzo por él?, ¿por qué su actitud es a veces amarga y él o ella se percibe muy lejano?, ¿por qué mi hijo es irresponsable?  A veces miramos al cónyuge, a los profesores, a los hermanos, a los parientes, pero pocas veces nos miramos a nosotros mismos.  Y olvidamos que nuestros pequeños son un reflejo de los padres, siempre.

Sembrar un árbol es un acto de fe y dedicación. Haces un espacio en la tierra y colocas un ser vivo, que con el ambiente, tus cuidados y su naturaleza, crecerá engrosándose poco a poco, hasta conseguir dar su sombra a otros, y a ti mismo. Nuestros hijos nos necesitan día a día. Necesitan sentir nuestra mirada amorosa, nuestro cobijo frecuente y seguro, para crecer de manera integral.

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No seamos de esos padres que pretenden que sus hijos se conviertan en buenas personas de forma instantánea, busquemos las perlas preciosas de la convivencia cotidiana con ellos, descubramos la belleza de los momentos compartidos, atrevámonos a dejar de perder tiempo en las actualizaciones de redes sociales, y en estar tan presentes en el trabajo, y hagámonos parte viva de sus vidas hoy.

¿Qué puedo hacer hoy para estar presente verdaderamente para los míos?

Ir a lo sencillo: estar

Ser sinceros con nosotros mismos, dejar de usar el gastado y vacío pretexto del «tiempo de calidad» contra el «tiempo de cantidad» ¿Quién te garantiza que en los quince minutos efectivos que le das a tu pequeña para convivir ella querrá conectar contigo?, ¿quién atenderá su crisis de llanto del mediodía, su miedo nocturno, su inquietud por el trato descortés del compañero de escuela, si estás ausente y desconectada?

Eres el mejor regalo para tus hijos

Eres su madre, eres responsable de su bienestar y bienser, pero no te equivoques: no debes ser impecable ni perfecta. Tus hijos no lo son, y tú los amas incondicionalmente. Ellos te aman igual. Atrévete a mostrarte como eres, a aprender junto con tu familia. Todos estamos a medio hacer, y en esto consiste parte de la magia de la vida: muchas vidas nos tocan, y dejan huellas imborrables.

A veces te enojas muy fácilmente, a veces gritas, a veces no sabes qué hacer. Eso está bien. Así eres tú. Goza con lo que sí tienes y deja fluir tu amor por tus pequeños, esa será tu guía para generar momentos inolvidables.

Recomienza siempre

Es fácil olvidar que el momento presente es nuestro mayor tesoro. Si lo olvidas con frecuencia, recomienza. Si continuamente te encuentras evadiendo el contacto con tus hijos por limpiar, o algún otro pretexto, trae a tu mente y a tu corazón todo aquello de lo que te pierdes, y anímate a crear esos momentos mágicos que llenan los álbumes familiares.

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Ahora, dejemos de lado el celular, ¡es hora de jugar con nuestros hijos!

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.