El estrés debilita el sistema inmunológico

El estrés constante puede hacer estragos en nuestra salud. Conocer las técnicas para paliarlo puede ponernos a salvo antes de que sea tarde.

Danitza Covarrubias

El término estrés ha sido nombrado ya de manera coloquial. Pero a veces cuando usamos una palabra tanto, se nos olvida el verdadero significado.

Estrés deriva del inglés “stresse” que se refería a sufrimiento, opresión y dolor. Después se introdujo el término a las ciencias biológicas para denotar un síndrome producido por diversos agentes nocivos cuya finalidad es lograr la adaptación de un organismo a su medio ambiente.

Autores renombrados hablan de que el estrés denota el efecto de estímulos aversivos que perturban gravemente la homeostasis (mecanismos de su medio interno para mantener la vida) sobre las constantes fisiológicas y la conducta de los seres vivos.

Esto significa que el estrés no siempre es malo

El estrés es el conjunto de elementos que “obligan” a los seres vivos a evolucionar para sobrevivir. Esta evolución es lo que ha caracterizado a la humanidad.

Sin embargo, el estrés prolongado es lo que puede ir en contra de las personas, teniendo fuertes afecciones. Dentro de estas afecciones, se encuentra el sistema inmunológico.

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Como afecta el estrés al sistema inmunológico

El sistema fisiológico del ser humano está programado para mantenerse adaptado y vivir. Dentro de esta programación está previsto que se modifique cuando sea necesario para responder a las demandas del medio ambiente.

Por ejemplo, ante un peligro, el cuerpo segrega ciertas sustancias para que pueda comportarse de la manera adecuado ante esa realidad. Es decir, hay adrenalina para que pueda ya sea pelear o huir. Al resolverse, puede volver a modificarse a su estado anterior; esto es cuando puedes identificar por estar en situaciones que te generan ansiedad, o que te generan miedo. Esas sensaciones son precisamente lo que tu cuerpo segrega, para que tú sientas justamente eso, y te muevas a buscar una solución.

El problema mayor surge cuando ese factor de “peligro” está presente prolongadamente. Entonces el cuerpo no regresa a su estado natural. Sigue segregando una serie de sustancias, que no son las del funcionamiento normalizado. Concentra toda su energía en estar en posición de alerta, de ataque. Esto afecta a los sistemas que deben funcionar con regularidad, tales como el metabolismo, o por supuesto, el sistema inmunológico, este último es el que ayuda ante las enfermedades tales como infecciones o de vías respiratorias.

 ¿Cómo fortalecerse ante un estrés latente?

Hay situaciones que no se resuelven rápidamente y que duran un tiempo considerable. Es importante, por tanto, saber cuáles son las posibles estrategias para dar salida al estrés.

1. Física básica

Cuando una fuerza es aplicada a una masa, esta produce movimiento. Suponiendo que el estrés fuera metafóricamente una fuerza sobre el cuerpo, el cuerpo necesita movimiento para darle espacio a esa fuerza.

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Esto significa moverte hacia opciones de solución, -si es que tienes claridad al respecto-. De no ser así, mover el cuerpo siempre ayuda a liberar esa tensión. Bailar, hacer ejercicio, caminatas, limpiar la casa, moverte. El movimiento ayuda a liberar estrés.

2. Nombra tus emociones

Tenemos el condicionamiento social de aparentar siempre estar bien. Incluso en el saludo ya está estandarizado en un «¿cómo estàs?», a lo que todos están acostumbrados tanto a responder como a escuchar «bien, gracias».

Esto nos aleja mucho de la realidad personal. En ocasiones la respuesta no es «bien», pues no lo estamos. Esto no significa que a cualquier persona le respondamos la verdad de lo que vivimos, pero sí podemos elegir personas a quienes compartirles nuestra verdadero sentir. Esta normativa social dificulta que podamos detectar cuáles son nuestras emociones. Pero poder nombrar nuestras sensaciones corporales te dará pista de qué sientes. Hablar con alguien buscando la respuesta, compartiendo tus pensamientos y sentimientos, te puede ayudar a dar con el punto central a resolver en tu vida. Habla de ti, de tus emociones. Si no tienes con quien hacerlo, escríbelas, dibújalas, plasmarlas en una obra de arte puede ayudarte a descubrirla.

3. Ríete

A veces nos tomamos la vida con demasiada seriedad y olvidamos que, para bien o para mal, no saldremos vivos de ella. Ríete un poco. Busca chistes, videos graciosos, incluso hay una técnica llamada risoterapia, que dice cómo a nuestro organismo lo podemos engañar. Es decir, mientras rías, no importa que sea fingido, tu cuerpo estará moviendo los músculos que son de reír, y comenzará a segregar las sustancias de la risa y bienestar.

4. Busca ayuda

Siempre buscar ayuda profesional es una opción. Podrán acompañarte a buscar cuáles son los factores de estrés, para poder buscar una solución que aminore el estrés en tu vida. Te acompañará, seguramente, a buscar acciones que propicien tu bienestar en todos los aspectos de tu vida.

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5. Desarrolla tu espiritualidad

Independientemente de si profesas una religión, y cuál sea esta, el sentido existencial de tu vida será un gran apoyo, o un gran obstáculo ante las adversidades de tu vida. Trabaja en tener claro tu sentido de vida, y el fin último de esta. Y si dentro de esto puedes vislumbrar la existencia de un ser supremo, confía. Confía en sus planes; confía en que el camino, aunque sea difícil, puede ser esa oportunidad de oro para poder crecer como persona. Incluso, para crecer espiritualmente.

Y tú, ¿qué otras herramientas has encontrado?

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Danitza Covarrubias

Danitza es originaria de Guadalajara, Jalisco, en México. Licenciada en psicología y maestra en desarrollo transgeneracional sistémico, con certificación en psicología positiva, así como estudios en desarrollo humano, transpersonal y relacional. Psicoterapeuta, docente, escritora y madre de 3. Firme creyente que esta profesión es un estilo de vida.