El reto de toda época: criar hijos adolescentes felices

El fin de la adolescencia es entrenarse para la edad adulta, pero es deber de los padres guiar ese entrenamiento.

Erika Patricia Otero

Todos pasamos por la dura época de la adolescencia. Este hecho debería hacernos poder comprender a nuestros hijos adolescentes, pero la verdad es que eso no siempre pasa.

La realidad es que pese a que los tiempos cambien, la manera de proceder de los adolescentes no cambia. Nosotros fuimos rebeldes, y tus hijos y sus hijos serán rebeldes.

Recuerdo una ocasión en la que mi hermana le contestó horrible a mi mamá; en respuesta, mi mamá le dijo: «Ya verás cuando tengas a tus propios hijos». Aunque mi hermana corrió con suerte porque mi sobrino es muy noble y nada grosero al hacer saber su opinión, creo que lo que ella dijo lo dicen todas las madres del mundo. Nada que reprocharle porque es verdad: todas pasamos por lo mismo.

¿Por qué los adolescentes son rebeldes?

Bueno, los chicos de entre 13 a 18 años no solo son rebeldes; también pueden ser groseros, o desobedientes, pero asimismo soñadores y divertidos. Además, quieren la aprobación de sus iguales y libertad. En realidad, con la actitud que se asume a esa edad lo que buscan es su propia identidad, su lugar en el mundo.

Sin embargo, los padres mal entienden esa actitud, y la asumen como un reto a su autoridad. Ante la respuesta tan cerrada de sus padres, lo que hacen los adolescentes es retar y poner a prueba a sus padres. Es acá donde se presentan los más crudos enfrentamientos por tener la razón y por ganarse el respeto del otro. Este es un «tire y afloje» sin precedentes que puede dañar mucho la relación padres e hijos.

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También es muy frecuente, además, que pongan a prueba la autoridad de sus padres. Resultado de esto es que lleguen tarde a casa o que de hecho no lleguen. Puede ocurrir que se escapen de casa, hurten y se metan en serios problemas con la autoridad. Es más, la adolescencia es la edad en la que muchos chicos adquieren adicciones.

La razón de todos estos comportamientos es el deseo de retar constantemente la autoridad y todo lo que represente corrección, valores y principios.

Una cosa clara es que no todos los adolescentes se comportan de la misma manera. Algunos son rebeldes, pero no tienden a volverse adictos a ninguna sustancia; lo que sí ocurre es que la actitud hacia sus padres es agresiva, pero no de manera física, sino emocional. La situación es que todo padre tiene que «sufrir» dos veces (o más) la adolescencia: la de ellos y de la sus propios hijos.

Cómo NO tratar a un adolescente

Uno de los errores más frecuentes que cometen los padres es confrontar a su hijo adolescente por su actitud. Es cierto que ese comportamiento altanero hace que los padres se sientan retados, enojados, heridos; esto desde luego, lo que hace provoca en los padres son deseos de imponer castigos a «diestra y siniestra». El resultado es que la rebeldía de sus hijos va a ir en aumento y los problemas serán peores.

Nada se remedia a gritos y menos a golpes. Ten en cuenta que las personas gritan cuando sienten que no los escuchan y se sienten impotentes. Añádele a eso las reacciones por completo negativas que pueden asumir los chicos. Por ejemplo, algunos contestarán horriblemente la reprimenda paterna. Otros más reservados se encerrarán en sí mismos y se aislaran.

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El problema con la segunda actitud, es que el adolescente introvertido va a acumular rencor; además, es posible que en la edad adulta se distancie de sus padres. En cambio, los primeros al exteriorizar lo que sienten, no van a reprimir lo que sus padres le llevan a sentir; como resultado en la adultez es posible que sean más cercanos a su familia. Desde luego, lo anterior depende mucho del carácter y la personalidad de cada joven, pero por lo regular es lo que ocurre.

La mejor manera de tratar a tu hijo adolescente

Al querer ser entendidos por sus padres, van a tratar de hacerse escuchar. Para lograrlo se comportan de maneras que llamen la atención de papá y mamá; el resultado son las discusiones sin fin.

La situación es que los padres deben aprovechar ese deseo de ser escuchados para hacerlo justo. Y hacerse escuchar también. Los hijos tienen derecho a expresar lo que sienten y piensen, pero los padres tienen aún más derecho de hacer valer su autoridad como cabeza de familia.

Es eso lo que los padres deben saber hacer: escuchar y hablar. Es justo que los hijos hagan saber sus puntos de vista, pero es importante que sepan que aunque no les guste lo que los padres enseñan, es deber de los hijos aprender las reglas y cumplirlas lo más posible; si no, deben asumir las consecuencias.

Sin embargo, también es importante que los padres aprendan a ceder un poco. Es «dar y recibir». El hogar no debe ser un régimen militar donde se impongan las cosas y los hijos cumplan sin quejarse, sino entendiendo el por qué.

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Esa es la manera como los adolescentes aprenden que la adultez es mucho más que libertad y «hacer lo que les dé la gana», sino que es un conjunto de responsabilidades que, si no se cumplen, traen consecuencias y mucho dolor en ocasiones.

Solo me resta decir que si tienes hijos adolescentes, disfrutes mucho de esa edad. Esta es quizás la última oportunidad que tienes para disfrutar de la necesidad que tus hijos tienen de ti. Aprovecha para enseñar, aconsejar y unirte sabiamente a ellos; es algo que permanecerá por toda la vida.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.