El «Síndrome de la princesa»: conoce cómo puede afectar psicológicamente a tu hija

Fomentado por los estereotipos actuales, este padecimiento puede afectar el crecimiento y la vida adulta de las niñas. Aprende a identificar las señales.

Teresa Guadalupe Correa Pérez

Yo, (como muchas otras niñas de mi generación), a los cinco años comencé a interesarme mucho por el mundo de las princesas y la belleza, y mi espíritu consumista se despertó sin querer, un poco entre los comerciales de muñecas y mil juguetes novedosos de princesas. Eso, más la suma de mi personalidad romántica, logró que realmente me llegara a ilusionar con esta idea.

Siempre me encantó la idea de la magia de ser una princesa. Me gustaba más que nada el concepto de los vestidos súper amplios y las criaturas que hablan con los humanos. Soñaba con la idea de encontrar el verdadero y perfecto amor, además de los increíbles paisajes y heroicos finales felices en donde los buenos triunfan y la paz prevalece por siempre.

Hoy sigo siendo una amante del género de fantasía, y he leído repetidamente más veces quizá cuentos que libros académicos. Me encanta imaginar todo lo que plantean los escritores, soñando despierta una y otra vez; más aún ahora que soy mamá y tengo a quien leerle historias fantásticas, que sin duda están ayudando a formar la imaginación ocurrente de mi pequeño.

Solo cuentos de hadas

Los cuentos son lindos, y en ellos las vidas de las princesas terminan siendo para siempre felices; esto comúnmente es tomado como referencia por las niñas, lo cual hasta cierto punto es habitual. Por ejemplo, cuando somos  pequeñas, a veces nos disfrazamos de una princesa y cantamos sus canciones con un micrófono de juguete, usando brillantes coronas con destellos en la cabeza.

Esto no es más que algo inocente, y que solo en algunos casos se convierte en problema económico, por el aumento en gasto de sus padres y/o abuelos al comprar varios disfraces. Un estudio de la Asociación Brasileña de Educadores Financieros, reveló que tener una hija en casa puede ser hasta un 30 % más caro que para los padres de varones.

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Esto le da nombre oficial al gran culpable de esta desigualdad entre géneros: el «efecto Cenicienta», ya que los padres gastan bastante en el cuidado del cabello, las prendas de ropa, accesorios y artículos de belleza.

El peligro de la vida en rosa

El peligro está en el futuro de la autoestima de las niñas, pues estos inocentes juegos pueden transformarse en algo muy negativo para su vida adulta. De acuerdo con la psicóloga Jennifer L. Hartstein, una niña puede padecer una enfermedad llamada “síndrome de princesa”.

Este padecimiento consiste en que la pequeñita solo puede concebir y entender la vida, si es únicamente de “color rosa”,  tal y como si viviera verdaderamente en su propio y mágico cuento de hadas.

Además ella siente que todos giran a su alrededor y tiene una gran preocupación por su apariencia, pues siempre quiere lucir impecable.

En la gran mayoría de los casos, este síndrome es fomentado por muchos de los estereotipos actuales que se ven en películas, caricaturas, series de televisión y redes sociales, ya que en estos contenidos se presenta la idea que ser princesa única forma de ser mujer.

Además, envían el concepto erróneo de que es tu derecho obtener todo lo que deseas, solo con una buena imagen, sin haber trabajado para conseguirlo y que sea genuinamente propio, dejando muy en segundo plano los valores y los buenos sentimientos que una persona puede cultivar, que jamás envejecen ni pasan de moda.

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Los reyes podrían ser los responsables

En realidad, los padres son quienes tienen cierta responsabilidad en el fomento y creación de este síndrome, principalmente porque son quienes podrían permitirles a sus pequeñas creer que efectivamente ser ese tipo de “princesa desconsiderada” es lo mejor.

Aunque la gran mayoría no queremos arruinar la hermosa ilusión del cuento perfecto que nuestras niñas ven en estos contenidos, es realmente necesario hacerles saber que es más importante tener buenos valores, ser siempre la mejor versión de sí mismas y aceptar sus diferencias.

Además, esto les ayudará a futuro a esforzarse por sus sueños a diario, construir relaciones sanas y tener una autoestima saludable e independiente, evitando la falsa idea de esperar a que un ‘príncipe’ la rescate de una gran torre y le resuelva la vida.

Es necesario fomentar la autosuficiencia

Las niñas deben saber que ellas pueden valerse por sí mismas. En muchas ocasiones los padres también fomentan erróneamente la idea que siempre tendrán a un «héroe» que las salvará de cualquier situación, lo cual es imposible, ya que algún día tendrán que hacerse cargo de sus propias responsabilidades.

Es difícil no acudir al socorro de nuestras hijas, pero también es importante notar cuándo es momento de dejarlas crecer y ayudarles a desarrollar las herramientas correctas para conseguir lo que quieren si trabajan y se esfuerzan tal y como nosotros. Y mucho de esto implica el ejemplo.

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Realmente no tiene nada de malo consentir, apapachar y mimar a tus hijas, pero hazlo alimentando su autoestima y confianza en sí misma, ya que el amor y apoyo familiar son fundamentales para crear mujeres fuertes y seguras.

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Teresa Guadalupe Correa Pérez

Lou Correa es una apasionada investigadora de ciencia y psicología, amante de los libros, el clima frío y los abrazos cálidos; joven madre de un bebé y esposa.