Es mi decisión y no estoy dañando a nadie más

Si estás a punto de tomar una gran decisión en tu vida, no puedes dejar de leer este artículo.

Emma E. Sánchez

Desde muy joven, Luisa siempre quiso hacerse un tatuaje, pero sus padres con una u otra razón lo impidieron. Ya cuando ella salió de casa y tenía “su propia vida”, se tatuó y cuando mostró su nueva adquisición a la familia, ellos se mostraron apesadumbrados y un tanto decepcionados. Luisa se molestó por sus reacciones y una discusión familiar comenzó; en cierto momento de la trifulca Luisa gritó: “¡Es mi decisión y no estoy dañando a nadie más! ¡Es mi cuerpo y yo sé lo que hago con él!” La discusión terminó y la familia no volvió a mencionar el tema.

Pasaron algunos meses y la hermana menor de Luisa enfermó seriamente. Los tratamientos iniciaron, entonces se requirieron algunas donaciones de médula ósea y de sangre; toda la familia participó, excepto Luisa: los médicos no aceptaron la donación de ella por algunas complicaciones relacionadas a los tatuajes. La comprensión y afecto de la familia hacia Luisa no lograron hacerla sentir mejor por mucho tiempo: ella se sentía profundamente culpable por pensar que sus decisiones solo le afectaban a ella, y a nadie más.

La historia anterior en verdad sucedió hace algunos años y, aunque hoy en día la tecnología y la medicina han avanzado considerablemente, hay cosas que no cambian, que a pesar de los años siguen inmutables y firmes. Por ejemplo, el afrontar las consecuencias de nuestros actos y entender que siempre esas consecuencias alcanzan a quienes más amamos.

Antes de decidir algo importante, toma tiempo para pensarlo

En verdad son muy pocas las cosas importantes que debes decidir en el momento. De hecho, hay cosas que puedes decidir aun antes de que sucedan o las debas enfrentar. Siempre tómate tu tiempo para pensar y reflexionar sobre lo que harás; no cedas ante los impulsos, que fácil vienen y fácil se van.

Ten la humildad de tomar consejos

Consulta con un especialista, familiar o quien ha pasado por lo mismo. Mientras te tomas el tiempo para pensar y decidir, indaga la opinión y experiencia de otras personas. Consulta un especialista y pide opiniones; actualmente las redes sociales y el internet facilitan el acceso a mucha información que te permite comparar, así como tener más y mejores elementos para tu toma de decisiones. Haz una lista: en un lado anota todos los “pros” (las cosas buenas y consecuencias positivas que esperas obtener con esa decisión) y luego, del otro lado, anota todas las “contras” (las cosas negativas que te puede acarrear esa decisión). Finalmente, sopesa lo que puedes lograr, contra lo que puedes perder. Mide tus finanzas y reservas emocionales y físicas, considera todas las posibilidades antes de decir sí a algo o alguien.

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Trata de visualizar a futuro

Visualiza la afectación que tendrá tu decisión en cinco o diez años y a las personas que se verán implicadas y afectadas. Cuando piensas que “nadie se va a enterar” o a “nadie más va a afectar”, es porque eso seguro va a suceder, ahora o en el futuro. Por muy buenas que sean tus intenciones, si se trata de ocultar algo a alguien, habrá consecuencias y, seguramente, corazones rotos.

Busca y estudia otras alternativas

Tomar las cosas con calma y resolverlas con “la cabeza fría” siempre te permitirá investigar otras opciones y buscar o crear nuevas alternativas. Siempre habrá una manera diferente de hacer las cosas.

Nunca decidas algo importante, si no estás en calma

Nunca tomes decisiones cuando estés muy contento, muy enojado o de manera precipitada. Los estados de euforia o los sentimientos intensos, con frecuencia nos hacen cometer errores. Nuevamente, deja que esos sentimientos vuelvan a su sitio, que se calme el ánimo y el espíritu, y entonces decide. Piensa si es ético o moral, si te va a ayudar a sentirte mejor un momento o te traerá felicidad duradera.

Revisa tus sentimientos y consulta a Dios

Algunas personas nos recomiendan hacer una introspección personal, “consultarlo con la almohada” y considerar también cómo te sientes y lo que tu cuerpo te dice. Llámalo instinto o “sexto sentido”, pero considera esa voz que desde tu interior te invita a hacer algo o a encaminarte hacia uno u otro sentido. Generalmente, ese sentimiento es correcto y entre más lo escuches, con mayor facilidad podrás seguirlo. Si eres una persona creyente, considera a Dios en todos tu hechos, contrasta lo que deseas con los valores que sabes son correctos.

Esta vida consiste en tomar decisiones, en experimentar las cosas y, muchas veces, cometer errores y asumir las consecuencias. Cuando hemos decidido de manera inadecuada, podemos aprender del error y sinceramente buscar no volver a cometerlo. Si es tu caso, además enseña a otros de tu experiencia y apoya a quien cometió el mismo error y no sabe cómo enmendar o seguir adelante. Puede ser la mejor manera para que uno mismo siga su camino, sin cometer por lo menos el mismo error.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.