Esta es la única forma de ser «la madre perfecta»

¿Hay una forma efectiva, especial y única de ser buena madre?¿Existe un camino que te ahorre las críticas? ¡Sí! Aquí te lo contamos.

Marilú Ochoa Méndez

El reconocimiento ha sido siempre un estímulo para modelar el comportamiento.  Aún recuerdo cuando mi primer hijo salió del kinder con su primera estrellita en la frente.  Él estaba radiante, y yo, no podía sentirme más orgullosa. Aún guardo la foto que le tomé en aquella ocasión.

Conforme las personas crecemos, desafortunadamente, dejamos de reconocer a otros.  Es ya tan común recibir críticas de casi todo el mundo, que nos hemos acostumbrado hasta a sonreír mientras las personas nos critican o nos atacan.

Nada menos hoy, me encontraba en la sala de espera del médico con mis tres hijos pequeños.  La de cinco años luchaba por salirse de la salita, ignorando que unos metros más adelante, se encontraba la calle y sus peligros.  Mientras yo intentaba tomarle la mano, mi bebé de dos años lloraba porque quería que lo amamantara.  Entonces, mi hijo de siete años sintió ganas de ir al baño.  Yo quería jalarme de los pelos. ¿Lo peor? Dos hombres se encontraban conmigo en la sala de espera, y lo único que recibí de ellos, fueron miradas molestas por el alboroto de mis hijos y suspiros de irritación mientras se concentraban en su teléfono celular.

Sé muy bien cuando otro lo hace mal

Y es que la maternidad es mucho mas fácil cuando «criamos» a los hijos que aún no hemos concebido: «yo nunca le dejaré el celular a mi hijo», «yo nunca le permitiré hacer berrinches en un lugar público», «yo no saldré nunca en pijama y sin peinar», «mi adolescente siempre me respetará», profetizamos.

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La realidad es que al llegar los hijos, el mundo se vuelve tan distinto, tan lleno de recovecos, y tan difuso, que de repente nos vemos envueltos los padres en una bruma de dudas, inquietudes, frustraciones, diálogos, abrazos y contención.  A veces, aunque dejemos el corazón, nos es difícil mirar la efectividad de nuestro esfuerzo y agotamiento diarios.

Los juicios de otros pesan

La situación se complica cuando en el entorno social, recibimos juicio tras juicio. En el centro comercial, en el supermercado, en la calle, y a veces hasta en el baño, hay personas bienintencionadas que son expertas en decirnos todo lo que hacemos mal.

Y los errores, los malos días, las tristezas, nos ahorcan, y caemos en la tentación de asumirnos como malas madres.  Y nos preguntamos, ¿hay una forma efectiva, especial y única de ser buenas madres?, ¿existe algo que me ahorre el sufrimiento y las críticas en mi labor al frente de mi familia? ¡Sí!, claro que sí.

Mi estilo de crianza es mejor que el tuyo

Tengo cinco hermanas.  Cuando peleábamos, siempre queríamos ser más y mejores que la otra.  De pequeñas, nos conformábamos diciéndonos que éramos «un puntito más» lindas, listas, rápidas, fuertes que las demás.  De esa manera, no importaba en qué área; afirmar que ganábamos por ese puntito nos daba satisfacción: «¡Pues eres fea!«, me decía mi hermana mayor. «Sí, pero tú siempre un puntito más«, contestaba triunfal.

Muchas madres, parecen estar jugando este mismo juego.  Cometemos un error garrafal cuando actuamos como si estuviéramos en un escenario, concentrándonos en el público que puede mirarnos. Entonces, cuando mi hijo es el que guarda silencio en clase, me siento arriba, y considero que puedo mirar por abajo del hombro a la mamá que no logra hacer callar a su pequeño.

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La fórmula para ser la madre perfecta

Dejar de prestar atención al ego, al qué dirán, y sacar de nuestra mente el pesado objetivo de «quedar bien», es el primer paso para encaminarnos a ser esa madre perfecta que quedaría impune a críticas y comentarios hirientes.

El paso definitivo te sorprendería por su sencillez.  Consiste en dejar de orbitar alrededor de satélites oscuros, y considerar a nuestro hijo como nuestro sol.

Girar alrededor de tu hijo, concentrar tus esfuerzos cotidianos en él y en sus necesidades, es lo que te permitirá que se te escurran los comentarios imprudentes o acertados que no vayan de la mano de tus intenciones de crianza, de su estilo de educación.

Debes querer ser la madre perfecta

Para lograr esto, debe estar en tu corazón, con letras de oro, la intención y el anhelo de ser la madre perfecta. Sin esa ansia, no será posible que lo logres.

Quedamos que tu sol deberá ser tu hijo. ¿Cómo sabrás que lo has logrado?, ¿cómo saber si vas acercándote a esa perfección?

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Lo que debe hacer, es buscar ser la madre perfecta para ese hijo, para cada hijo.

Es preciso observar a tu pequeño, conocer su temperamento, sus inquietudes profundas, sus motivaciones internas.  Entonces, tú podrás orbitar, dar vueltas a su alrededor para conocerlo y saberlo guiar.  De esa forma, serás perfecta para él.

En ese camino, tú sabrás en tu corazón que no importa que tu pequeño haya hecho un berrinche en el centro comercial, si más temprano has logrado por primera vez en meses que se bañe sin llorar.

Tú sabrás que lo eres

¿Cómo evitarás que te afecten las críticas y juicios de otros? No podrán meterse en tu cabeza ni en tu corazón, pues tú sabes en qué aspecto particular estás empleando los minutos y esfuerzos con tus hijos.

Así, tu pequeño y tú estarán unidos por un hilo invisible, y tú -concentrada en mirar a tu hijo como una cometa, elevándose con tu guía-, no te distraerás.

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Escucharás en balbuceos estas críticas que antes pesaban como piedras, y las convertirás en arena.  No podrán aplastarte porque has decidido concentrarte en el amor que tienes por tu hijo, por tus hijos, y en sus necesidades particulares, las actuales, las urgentes.

Si el hijo de tu vecina habla antes que el tuyo, te alegrarás genuinamente.  Seguirás concentrada en amar al tuyo con todas tus fuerzas, y celebrarás con la misma alegría su primera marometa o pirueta, y después su primera palabra, sin medir, sin sufrir, sin dejarte atrapar.

Nuestros niños te ven como la mejor madre del mundo, y te aman a pesar de los kilos de más o de menos, de los ratos de mal humor y de que a veces los desoigamos por ver el video nuevo de Youtube.

Atenta, concéntrate en los tuyos, ámalos con todo tu ser, así como tú eres. Eso, ya te hace la mejor mamá, la mamá perfecta.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.