Esto pasa cuando deseamos una niña y tenemos un varón

El que tu bebé nazca y no sea lo que tú tanto deseaste puede en verdad llegara ser un gran problema. Evítalo leyendo este artículo.

Emma E. Sánchez

Casi inmediatamente después de anunciar a la familia que estás esperando un bebé, viene la pregunta obligada: -¿Qué quieres? ¿una niña? ¿un niño?- y detrás de ella el sin fin de comentarios y razones por las cuales es mejor tener un varón o un aniña y luego las tías mayores contarán sus experiencias y todo mundo opinará. Luego, llegando el tiempo ideal, durante una revisión de rutina, el médico te preguntará: ¿quieres saber el sexo del bebé? Y si te dice esto mientras revisa el ultrasonido, quiere decir que él ya lo está viendo.

¿Qué responderías? ¿Te animas a saber con anticipación el sexo de tu pequeño o esperarás hasta conocerlo personalmente?

Algunas mujeres piden saber tan pronto se pueda el sexo del pequeño y comienzan a tratarlo ya como un él o ella, y aunque la ciencia cada vez es más exacta, todavía pueden errar y al final darte una gran sorpresa.

Hay otras que no quieren enterarse hasta el momento del parto para evitar justamente sorpresas o decepciones.

Pero ¿qué pasa cuando ya nació el pequeño y no es justamente lo que tú querías o esperabas?

Pena ante los demás

Cuando esperaba a mi primer bebé, mi mamá y otras mujeres mayores, constantemente me decían que yo sabría el sexo de mi bebé, yo lo entendía como algo que me sería revelado, como un súper poder de mamá o algo parecido, me insistían mucho que una madre desarrolla muchos dones y que yo sabría todo de mi pequeño aún antes de que naciera. Pero nunca sucedió. Mi mamá me dijo: -Pon atención a tus sueños- pero nada pasaba. Pasados unas semanas, me preguntó nuevamente sí ya sabía si era un niño o una niña, le respondí que solo soñaba gatos y ella como las demás se mostraron muy decepcionadas por mi “incapacidad”

Nació una niña hermosa y afortunadamente entendí que es mentira que sabré todo lo relativo a mi hija y que esto no debe avergonzarme.

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Decepción

Tal vez en secreto tú deseabas una niña y nació un varón y al final te sientes decepcionada de ti misma porque crees que no sabrás criarlo, porque no te gustan los niños o simplemente porque no era lo que tú querías.

Este sentimiento es válido experimentarlo pero es mucho muy peligroso dejarlo anidarse en tu corazón.

Miedo

Pueden ser muchas las razones por las que se puede experimentar miedo o incapacidad para criar a un niño o una niña pero hay una que da respuesta y solución a todas: tú eres la mejor madre que ese niño puede tener, tú eres lo que él específicamente necesita.

Otros te hacen culpable

Aún hay culturas en las que se ve mal que el primogénito sea una niña, donde el nacimiento de un varón se celebra y el de una niña se recibe con vergüenza o culpa. Aún hay lugares donde las niñas recién nacidas se arrojan a la basura o donde la madre es repudiada por no tener varones.

La ciencia ahora nos ha aclarado que es el padre quien determina el sexo del bebé primeramente y en segundo término, recuerda que nadie puede hacerte culpable o inclusive responsable de lo que no está en tus manos y tu voluntad. No lo permitas.

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Ahora para continuar con la vida y quitarte este peso de encima, es necesario que comiences a trabajar inmediato contigo misma. Vix recientemente publicó algunas recomendaciones muy acertadas:

Reconoce lo que estás sintiendo

Ya sea tristeza, pena, vergüenza, decepción, lo que sea por muy malo que se escuche, debes aceptar que lo estás sintiendo, negarlo solo retrasara la felicidad que te está esperando.

Aceptarlo

Si reconocer es el primer paso, aceptarlo es el segundo. Al aceptar que tú querías algo y que no se dio, dará pie a comenzar a aceptar al bebé que tienes en tus brazos, a amarlo y a aceptar todos los regalos que trae especialmente para ti. Acepta este gran regalo sorpresa que la vida te ha dado, si lo logras verás que lo que ha llegado, es mucho mejor que lo que tú deseabas.

Busca la bendición

Dicen que la vida no nos da lo que queremos sino lo que necesitamos y hay sabiduría en ello pues nos exigirá mayor trabajo, esfuerzo y un gran proceso de sanación y reconocimiento personal que solo este pequeño te podría ayudar a vivirlo y pasarlo con éxito.

Confía en ti misma

Tu bebé y tú se complementan, son perfectos el uno para el otro. ¿sabías que tú producirás la leche con los nutrientes exactos que ese pequeño necesita? ¿Que la leche que produces para cada uno de tus hijos es diferente una de otra? ¿Qué tu bebé emitirá sonidos y llantos específicos para tu oído?

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Ese pequeño que tienes en tus brazos es la suma del amor de ambos padres y ahí en tus manos tienes a tus abuelos y padres y a una larga lista de seres amados gracias a la genética.

Y por último, busca ayuda profesional, la depresión post parto puede hacerte una mala pasada si no resuelves este tema a la brevedad.

Acepta el gran regalo que la vida te da al convertirte en madre, recibe todos su regalos con los brazos abiertos e inicia este camino que te llevará a conocer la verdadera felicidad.

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Emma E. Sánchez

Pedagoga y Terapista familiar y de pareja. Casada y madre de tres hijas adultas. Enamorada de la Educación y la Literatura. Escribir sobre los temas familiares para ayudar a otros es mi mejor experiencia de vida.