Gregorio vivió una experiencia que te ayudará a amar la voluntad de Dios

¿Quieres servir a Dios, pero solo de la manera que más te convenga?, Cuidado, eso no es necesariamente lo que nos ha pedido Dios.

Gregorio no sabía todo lo que dependía de su sí. Él solo sabía que tenía miedo, y que buscaría escapar de aquello que le daba tanta  inquietud.

Corría el año 590 d.C, y Gregorio era un sencillo sacerdote y monje que había elegido servir a Dios desde el estudio, la oración y la penitencia en un sencillo monasterio italiano, pero esta situación lo perturbaba enormemente.

¿A quién se le había ocurrido que él, totalmente ajeno a las exigencias de Roma, podría ser el próximo Papa?

¿En serio quieres que yo haga esto?

La única solución a tanta locura, era escapar. Pensaba que hacía un favor a todos apartándose de esa situación inquietante, hasta que lo alcanzó, al poco trecho recorrido, el padre Valentín, su superior, e inició el diálogo que a ti y a mí nos enseñará mucho.

Valentín no intenta detenerlo, más bien le pregunta por qué se niega a seguir el camino indicado por Dios. Entonces, Gregorio contesta con resolución: «¡pero si este camino no me ha sido indicado por Dios, sino por los hombres!».

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Valentín debe insistir, haciéndole ver la difícil situación: la epidemia de la peste que asola el mundo, los desbordes del río Tíber, los lombardos que podrían volver a atacar Roma. Gregorio no cede, no se considera capaz.

Es entonces cuando Valentín desliza unas palabras que destruyen las dudas y temores en este buen monje:

«– Si te entiendo correctamente, ¿quieres servir a Dios pero solo de la manera que más te convenga? Cuidado Gregorio, esto difícilmente suena a humildad. Recuerda servir al Señor según su voluntad, no la tuya«.

Hágase Tu voluntad, en los bueyes de mi compadre

Mi papá, es un hombre sabio y culto. Disfruta mucho expresar la sabiduría popular convertida en refranes, y recuerdo que ha repetido este muchas veces, queriendo expresar nuestra cerrazón a asumir cabalmente algún compromiso.

En esta situación se encontraba Gregorio cuando fue despertado de la «comodidad» por Valentín. Al darse cuenta que evadía un llamado debido al temor, al sentimiento de inferioridad, a lo arduo de la tarea, cayó en cuenta de su negativa al mismo Dios que había jurado amar.

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Entonces, partió, confiando en Dios, y realizó su labor con seriedad. Vivió en una época convulsa, y entre sus herencias, tenemos el bello canto gregoriano, que mandó recopilar y compendiar, la supervivencia de Roma a pesar del descuido de las autoridades, la fundación de varios monasterios, la evangelización de los anglos, entre otras obras que lo hacen uno de los Doctores y Padres de la Iglesia.

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Dios habla sin voz

Una de las «justificaciones» que Gregorio presentaba para escapar, era que Dios no le había hablado claramente, sino el mandato de ir a Roma como Papa, era obra humana.

Tú y yo caemos a veces también en esta cómoda situación: tenemos en la mente o el corazón el «deber ser», y no queremos vivir la vida que tenemos enfrente, porque «es cosa humana».

Olvidamos que el recurso que tiene Dios para hablarnos es justamente la cotidianeidad. Las inspiraciones de tu corazón, las palabras leídas que se han clavado en tu mente, la frase de la película que te impactó.

Dios te quiere mejor

Si tu limitante para cumplir la voluntad de Dios es que no te sientes apto, es porque esperas asumir el reto con tus fuerzas, y olvidas muchas promesas de Dios:  “Fíate de Yahvé con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6)

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Pero ¿Por qué Dios te pide algo que es difícil, complicado y que te implica gran esfuerzo? Porque Dios te quiere mejor, quiere que te venzas a tí mismo, quiere que te abandones en Sus brazos, pues Él desea llevarte mas allá de tus límites.

Mejor Él que tú

Yo creía que uno de mis novios era lo mejor para mi. Luego de dos experiencias de noviazgo con él, yo quería creer que él era el indicado para iniciar una familia, pero no era así. Lloré mucho, y la pasé mal. Pero hoy, llevo 15 años casada con un hombre bueno, serio, trabajador que ama profundamente a su familia.

Lo que te sucede, está enmarcado en el plan de Dios, siempre tendiendo hacia tu bien. Él sabe mejor que tú cuál es el mejor camino. Tal vez a ti no te gusta, y te inquietas, pero siguiendo Su senda, no te equivocarás

Pero, ¿cómo sé que es Él quien me lo pide?

Todo aquello que te motiva a vivir una vida de entrega a Cristo, que te da paz, te quita la angustia, que es bueno, y está al servicio de otros, viene de Dios.

Puede ser que al inicio vivas incertidumbre, miedo, incredulidad, pero al tomar la decisión de aproximarte al camino que percibes, deberá serenarse tu corazón. Si es así, ese camino es adecuado.

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Entonces, ¿debo ignorarme a mí?

Gregorio quería huír, pero no lo hizo. ¿Cómo sabré yo cuándo escucharme y cuándo ignorar mis deseos primarios para poner primero la voluntad de Dios?

El tema de la voluntad es sumamente extenso.  ¿Consideras que haces en verdad lo que deseas?. ¿Qué tan condicionado crees que estás para «decidir»?, ¿cómo «medir» hacia dónde debes dirigirte para seguir tus inclinaciones y no despreciar los llamados de Dios?

1 Acércate a Él

En primer lugar, es preciso mantener una relación con Dios, orar frecuentemente a Él a través de la meditación, la lectura de las Escrituras y la asistencia a los sacramentos.

2 Ejercita tu voluntad

Trata de buscar el bien con tu voluntad. Atrévete a preguntarte si eso que deseas es en verdad lo mejor para ti. Deja de conformarte con pequeños esfuerzos, lánzate por lo maravilloso, lo grande y enriquecedor.

3 Rodéate de quien te impulse a mejorar

Acércate al sacerdote o al ministro, rodéate de personas que busquen vivir la voluntad de Dios en su vida, que te corrijan de corazón si lo necesitas, como hizo Valentín con Gregorio.

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4 Ten fe, tu vida será plena

Si decides darle tu vida a Dios, y atender Su llamado en cada momento, tu vida cobrará una nueva dimensión, participando en la eternidad de los que eligen la felicidad completa y plena. ¡Enhorabuena!

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