Hablar con tus seres queridos fallecidos te ayuda a lidiar con el dolor

La muerte de un ser amado duele. Por eso, no dejes jamás de decirles cuánto los amas, mientras los tengas contigo.

Erika Patricia Otero

Cuando él murió me dolió el alma. Recuerdo que grité intentando aliviar el dolor que me causó su muerte y ni así dejó de doler; solo el tiempo me ayudó a superarlo. Luego se sucedieron más muertes de seres queridos, pero todas dolieron de diferente manera. Aun así, sigo extrañándolos, pensando en cómo sería mi vida si aún estuvieran a mi lado.

Tengo que ser honesta, yo creo en la vida después de esta existencia. En serio deseo con todas las fuerzas de mi corazón que al morir, pueda reencontrarme con todos aquellos seres amados que aún ocupan un lugar en mi vida, porque es que de verdad, jamás se olvidan.

El suceso devastador con el que todos debemos vivir

Perder a quien se ama puede llegar a ser una de las experiencias más dolorosas de la vida. Algunas personas pueden superar pronto esa muerte; sin embargo, hay otras que no, y se pasan la vida entera preguntándose lo que pudieron o no hacer para evitar la muerte de quien querían.

Pero si hay algo cierto es que no todas las muertes de miembros de la familia o amigos duelen de la misma manera. Mi abuela perdió a una hija a los pocos días de nacida, y la sufrió mucho. Mi madre me cuenta que mi abuela le dijo en una ocasión que no había muerte más dolorosa que la de un hijo; y más tarde perdería también a su amado esposo.

La verdad, es que si hay algo a lo que le tengo mucho miedo es al día en que mis padres mueran. En definitiva, la vida de una persona cambia mucho con la muerte de alguien que ocupa un lugar importante en su vida.

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Pero es que la muerte es inevitable, y algo de lo que soy muy consciente ahora es que entre más resistencia tengamos hacía ella, entre más rechacemos la idea de que algún día todos estaremos pasando por esa situación, más duro será el dolor que debamos enfrentar.

Superando el duelo

Nos demos cuenta o no, cuando muere un ser querido pasamos por una serie de etapas que avanzan dependiendo del proceso que cada uno de nosotros sea capaz de darle.

La primera etapa es la negación

Al morir alguien nos sobreviene un intenso dolor, mismo que deseamos negar. Se nos hace inconcebible la pérdida y es tal el sufrimiento que nuestra mente no lo procesa.

La segunda etapa es la ira

Posiblemente algunos renieguen contra Dios por efectos de la muerte. No comprendemos cómo pude ser capaz de hacernos enfrentar algo tan cruel como la muerte.

La tercera etapa es la conciliación

Tratas de hallar razonamientos que te ayuden a lidiar con la ausencia. Piensas en lo que hubiera sido si hubieras hecho esto o aquello y simplemente te das cuenta que no podías hacer nada.

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La cuarta etapa es la depresión

Sobreviene una tristeza inmensa, donde pierdes los deseos de vivir.

La quinta etapa es la aceptación

Es el paso final, donde la sanación y la superación de la muerte se incorpora a la vida diaria.

Luego de ese proceso ¿qué pasa?

Como es natural, la vida sigue y  somos capaces de seguir adelante; pero como es lógico, quien murió sigue estando vigente para nosotros sin importar qué tanto tiempo haya pasado desde el último día que estuvimos a su lado.

Todos tenemos diferentes maneras de mantener «vivos» los recuerdos de quienes ya murieron. Hay quienes llevan las cenizas a sus hogares y les tienen un altar, en Japón por ejemplo, se acostumbra esto.

En Colombia desde hace un tiempo se acostumbra a llevar las cenizas a parques cementerios, allí los familiares siembran un árbol junto a estas para conmemorar la existencia de su familiar fallecido. También existen los cementerios típicos que suelen colmarse de familiares que llevan flores y hacen oraciones o incluso hablan con sus familiares.

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En México hay un día especial en noviembre donde las familias preparan altares que llenan de flores, fotos y preparan las comidas que a sus seres amados muertos les gustaban en vida. Creen que para esa fecha, a ellos se les permite regresar con sus familias por esa noche.

Como sea, todos recurrimos a algún «ritual» para aliviar la carga emocional de la ausencia de nuestros muertos. Incluso hay quienes hablan con sus fallecidos, y la verdad es que no hay nada de malo con esto.

¿Hablas con tus «muertitos»?

Si es así, es lo más natural del mundo. Es una forma más de aliviar tu sufrimiento, de superar la negación y la depresión en la que te sumergiste cuando él o ella dejaron este mundo.

Estás ajustándote a una nueva vida sin su presencia. Hablar con tu madre, padre, pareja o hijo muerto te ayuda a descubrir una nueva forma de amarlos, de darles un lugar en tu existencia aunque ya no estén contigo físicamente. También favorece la motivación a seguir viviendo a pesar del sufrimiento.

Algunas personas pueden llegar a hablar con sus fallecidos hasta el último día de sus vidas y otros más hasta que superan el dolor y son capaces de recordarlos sin que eso les genere una inmensa tristeza.

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El punto es que hablar con quienes amabas y ya no están en este mundo te alivia mucho, y si es para tu bien, ¿por qué no hacerlo?

Sin embargo, si superar el duelo de la muerte de alguien que amas se te hace muy complicado, lo mejor es que busques la ayuda de un terapeuta que te ayude a hacer un cierre para que puedas continuar con tu vida.

Sé por mi propia experiencia que si hay algo muy doloroso en la vida es perder a alguien, saber que jamás volverás a verlo en esta existencia y que quizás hay muchas cosas que jamás se dijeron, duele. Por esto, no dejes nunca de decir «te amo«, «lamento haberte herido«. No pienses dos veces en dar un abrazo, un beso y de pasar tiempo con los tuyos, jamás sabes cuando podrás volver a verlos de nuevo.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.