Hija, no quiero que seas como yo

Te enseñaré a volar, pero no volarás mi vuelo. Te enseñaré a soñar, pero no soñarás mi sueño.

Fernanda Gonzalez Casafús

Te veo. Cuando piensas que no te estoy viendo, te observo calladamente y me estremezco al pensar cuán rápido has crecido. Tus carcajadas contagiosas y tus preguntas profundas son tu marca registrada. Y no puedo sentirme más orgullosa de tener una hija como tú.

Cuando naciste, y vi por primera vez esa carita rosada y ese cabello fino y clarito, me prometí a mí misma que siempre te protegería. Pero que además, me comprometería a enseñarte a ser una mujer fuerte, para que no sufras en la vida, o para que al menos, tengas herramientas para soportar los embates de la vida adulta.

No seas como yo

De pequeña siempre fui muy tímida. Te lo cuento a diario, pues quiero que sepas que a mí también, al igual que tú, me costaba un poco hacer amigos rápidamente. Yo también (como tú), buscaba rodearme de gente pacífica y de grupos escasos.

De a poco te vas soltando, y veo que si te sientes cómoda con alguien, la timidez se disipa por completo. Te veo y me veo a mí misma en la infancia. Por eso te comprendo, te apoyo y jamás te presiono. Pero debo decirte algo.

No seas como yo. Arriésgate, vé al frente. Sal a ganar y conquista. A mí me costó mucho tiempo dejar de esconderme y mostrarme tal cual soy. Lo logré, pero en el camino se sufre a veces. Por eso es que cada día intento que tengas la confianza necesaria en ti misma, para llevarte el mundo por delante, desde hoy.

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Tu autenticidad será tu marca registrada

Intento que no te avergüences nunca de ser quien eres, ni de decir lo que piensas. Intento que aprendas a respetarte a ti misma, a conocerte y a comprender tus propias decisiones. Solo así podrás respetar y comprender a los demás.

No quiero que seas como yo, quiero que seas mejor, que me superes, que seas libre de sentirte como quieras sentirte.

Y sobre todo, que nadie te ponga etiquetas. En mi niñez yo solía ser “la tímida”, “la callada”. Y eso marcó largos años de mi vida, paralizando muchos de mis deseos.

Sé auténtica, leal a ti misma. Y no dejes que nadie te ponga etiquetas. A nosotros, tu familia, nos encanta tu forma de ser, y sabemos que tienes un corazón enorme. Por ello, pudimos comprenderte y acompañarte cuando no lograbas quedarte sola en los cumpleaños de tus amigiuitos, o cuando no querías acercarte al grupo de niños desconocidos en la plaza.

Busca aquello que te hace feliz

“Mami, ¿puedo ser veterinaria?”, me dijiste hace un tiempo. Entonces, te miré a los ojos y me aseguré que comprendieras mis palabras “Puedes ser lo que tú desees”. Te expliqué que, con constancia y dedicación, puedes lograr lo que quieras en la vida, y que no tienes que cumplir el deseo y anhelo de nadie, solo los tuyos propios.

A veces se me hace muy difícil encontrar el límite entre el dejarte tomar libremente las decisiones o darte un “empujoncito” sin que pienses que te estoy presionando. No quisiera jamás que sientas eso, pero sí quiero que sientas que mamá te alienta a enfrentar tus miedos y a confiar en la fuerza que tienes para lograr lo que deseas.

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Busca siempre ser feliz, hija. En el camino tendrás que enfrentarte a monstruos que te harán retroceder. Pero quien da un paso ya está en el camino, así que nunca dejes de avanzar. Lo que hagas con el corazón, saldrá siempre bien.

Sé timón de las obras de bien

Las personas de gran corazón y humildad, como tú, suelen ser soporte de muchos. Serás el pilar de muchas personas, y como mujer, serás el ancla fundamental de tu familia. Pero aférrate a tus sueños para poder ser timón de aquellas obras de bien. Lleva la barca hacia adelante, procurando no estancarte en el camino.

Ánclate a tu presente, confiando en tu futuro, y enorgulleciéndote de tu pasado, con los errores y aciertos que pudiste haber cometido (o que pudimos haber cometido nosotros, tus padres). Confía que ti misma, siempre. Ama tu esencia, pues será la luz que brille siempre indicando tu camino.

Me honras cuando me imitas

Quieres alisar tu cabello, sin darte cuenta que tus rulos son gloriosamente particulares. Te pones mi ropa, quieres colorear tus mejillas. Te sientas a la computadora a escribir y dices que eres “escritora”. Me admira y me fascina que te reflejes en mí.

Pero debes saber que eres única y especial. Y no trato de que seas como yo. Deseo que seas siempre tú misma. Que te reveles ante el mundo y que luches por imponer tus ideales. Hija, puedes llegar tan lejos como te lo propongas, te lo seguiré diciendo.

Que el acervo de tus valores esté lleno de gratitud, buenos tratos, solidaridad, respeto y amor. Que resuene en tu interior siempre la palabra justicia y que seas empática con quienes más lo necesitan.

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Perdón y Gracias

Perdóname hija por mis errores. A veces la vida adulta está llena de fantasmas difíciles de espantar. Día a día me prometo hacer mi mayor esfuerzo para brindarte una infancia sana, que sea puente a una adultez fuerte y feliz.

Gracias por enseñarme tanto y permitirme aprender día a día. Ser tu mamá es lo mejor que me pasó en el mundo. ¡A volar! ¡A vivir la vida, hija!

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es argentina y mamá de dos. Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.