Hoy es un buen día para ejercer el perdón

El perdón es un acto de bondad que te hace libre.

Erika Patricia Otero

Por naturaleza somos imperfectos. Esto nos lleva a cometer muchos errores a lo largo de nuestra existencia, mismos con los que herimos a quienes mas queremos. Por fortuna, existe el divino acto del perdón.

El perdón es una acción que nos libera del dolor, rencor, rabia, ira y malos recuerdos. Pueda que en primera instancia parezca una acción para librar de la culpa a quien nos ha herido, pero la verdad,  es algo reciproco: te libera al liberar.

El acto divino del perdón

En la biblia hay una buena cantidad de versículos que exponen de manera clara la intención del perdón.

Uno de esos versículos es Efesios 4:31 – 32 

31 Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia.
 
32 Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.

Así es como actúa el perdón: liberándote de todo mal sentimiento, conduciéndote por la senda de la bondad y reclamándote que así como eres perdonado, también perdones a quienes te dañan.

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Sin embargo, lograrlo a veces es todo un reto pues hay situaciones que de verdad parecen imposibles de ser perdonadas.

¿Por qué debo considerar el perdón como la única opción para ser feliz?

¿Has visto a alguna persona cargada de rencor siendo feliz? La verdad es que yo no.

Por años tuvimos 3 vecinas, una señora mayor y 2 de sus 3 hijas. Ellas llegaron a vivir a una casa que le compraron a su hermano, un hombre con el que todos los vecinos nos llevábamos bien.

El hecho de que ellas llegaran a la vecindad nos tomó por sorpresa, pero igual fueron bienvenidas. Por cuestión de 14 años vivieron en esa casa que quedaba diagonal a la nuestra.

En un principio mi madre se llevó bien con ellas. Sin embargo, bastaron unos pocos días para que mostraran su verdadera naturaleza pendenciera, aspecto que a mi madre toda la vida le ha molestado de las personas.

Si ellas sentían interés en algún vecino, solían tener la mala costumbre de preguntarle a los demás residentes del vecindario por esa persona, y no descansaban hasta que supieran «la vida, obra, y artes» del desconocido.

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Mi madre optó por tomar distancia de ellas, pero cuando se dieron cuenta de ésto, el resultado fue que mi mamá se vio envuelta en una serie de problemas con otros vecinos.

Ante esta situación mi madre les reclamó pero ellas negaron todo, así que finalmente mi mamá quedó como la mala del cuento.

A partir de ese momento la vida para nosotras se volvió un infierno. Unos días eramos una cosa y otros, otra peor.

Llegamos a un punto donde nos sentíamos tan incomodas con la presencia de ellas, que optamos por ignorarlas y nos alejamos de todos los que conocíamos, relacionándonos escasamente con los residentes para saludar y nada más.

Pese a eso, en algún momento alguien nos dijo que lo mejor que podíamos hacer era dejar que siguieran hablando y poner todo en las manos de Dios, que las perdonáramos porque tarde o temprano pagarían la ofensa. Y así fue.

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El resultado

Pasaron los años y aunque los comentarios maliciosos iban y venían, la verdad es que las perdonamos y seguimos viviendo ya con paz en nuestros corazones.

No les decíamos ni les reprochábamos nada, solo las dejábamos pasar. Esto en lugar de aminorar la molestia que nos tenían, lo que hacía era que nos tuvieran más rabia.

Así fue por otro tiempo más, hasta que comenzamos a notar que las personas que se no nos hablaban, comenzaron a tratarse de nuevo con nosotras. Ellas nos dijeron que se habían dado cuenta que todo lo dicho por ellas eran mentiras.

Fue así como un día simplemente vendieron la casa y se fueron a otro lugar lejos de todos nosotros. Según un conocido, se fueron porque las personas dejaron de hablarles pues tenía en chismes a todo el vecindario.

En algún lugar un día leí que «la maldad jamás fue felicidad» y es cierto. Quien obra con mala intención jamás es feliz; mientras que las personas con un corazón en disposición a ser limpio y a perdonar, tendrá siempre motivos para sonreír.

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El perdón según el Papa

El papa Francisco dice respecto al perdón que nosotros estamos obligados a perdonar a nuestro ofensor 70 veces 7. Para hacerlo recuerda la parábola del hombre rico que perdonó a su deudor.

Recordemos que la parábola que se encuentra en Mateo 18:21 – 35

La historia habla de un Rey al que un siervo le adeudaba mucho dinero. Quien le debía le pidió que le diera un tiempo para pagar. Fue así como el Rey sintió piedad por él y perdonó su deuda.

Pese a esa acción, el mismo hombre no fue capaz de mostrar la misma piedad que le tuvieron, con uno de sus deudores.

Este siervo, al retirarse de la presencia del Rey, fue en busca de un hombre que le debía unos miles de denarios. El hombre no tenía cómo pagarle y aunque pidió piedad por su situación, lo que hizo el siervo  fue hacer que arrestaran a su deudor por lo que le debía.

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Hombres del rey que se dieron cuenta de todo lo sucedido, fueron hasta donde éste y le contaron lo acaecido; ante ésta situación, el Rey muy ofendido lo hizo ir de nuevo a su presencia y le dijo:

 “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda deuda porque me lo rogaste. 33 ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión de ti?”. 34 Entonces el rey, enojado, envió al hombre a la prisión para que lo torturaran hasta que pagara toda la deuda.

Al final de la historia que narró Jesús, él hace una advertencia:  «Eso es lo que les hará mi Padre celestial a ustedes si se niegan a perdonar de corazón a sus hermanos».

Nos han ofendido cientos de veces a lo largo de nuestras existencias y mientras tengamos vida esto ocurrirá, pero recordemos que no somos quiénes para juzgar y tampoco para no conceder el perdón.

Por lo anterior te invito a ejercer el PERDÓN, no solo para ser libre y feliz, sino para ser fiel a las enseñanzas de Jesús.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.