Jesús me dijo que estaría siempre conmigo, ¡y le creo!

Él es un ser único en el que siempre podemos confiar. Nos ama mas que nadie, y está dispuesto a acompañarnos en el camino a la felicidad.

Marilú Ochoa Méndez

Si te soy sincera, algunas veces he prometido cosas, con el ferviente deseo de hacerlas realidad, pero he fallado.

No lo confieso con gusto, pero es la verdad.  También he recibido promesas esperanzadoras y reconfortantes, y las he visto incumplirse. Y -la verdad- ya no creo tan fácilmente a quienes «quieren bajarme el sol, la luna y las estrellas», como se dice vulgarmente.

Sin embargo, Dios no es «una persona común».  Y lo que es mejor, Él siempre cumple sus promesas.

Su amor me arropa

Me ama ¿sabes? También te ama a ti. Con delicadeza y con intensidad. Disfruta mucho estar contigo. Escucha atentamente cuando le hablas, y desea profundamente tu bien.

No le importa si tu cabello está alborotado, si tu aliento huele mal. Tampoco si llevas tiempo sin buscarle. Tu mal comportamiento lo entristece, pero no vulnera el gran amor que siente por ti.

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¡Cuántas veces has visto sufrir a tus seres queridos y has añorado que seas tú quien lleva su carga!, Jesús ha hecho realidad esto. El profeta David, refiriéndose a Él afirmaba: «han horadado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos» (Salmos 22:17).

¿Puedes imaginarte esto? Más que un hombre, parecía una piltrafa humana, y aún así, no se quejó. Entregó su vida y sangre por ti. ¡En verdad te ama! ¿quién ha hecho tanto por ti? Solo Él.

Vive la vida conmigo

Mi vida no es perfecta y sé que la tuya tampoco.  Sufrimos, nos enfermamos. Nos arrebatan a nuestros seres queridos, y también lo que ganamos con esfuerzo.  A veces intentamos conseguir algo, y se nos escapa como arena. Hemos llorado muchas veces, y también nos hemos sentido impotentes y solos.

Todo esto lo hemos experimentado por el primer gran regalo que Él nos ha dado: la vida. En cada respiración existe una oportunidad de valorar el privilegio de «grabar en nuestros días el peso de lo eterno», como dice Ada Negry.

Pero ¿qué pasaría si no existieras? No experimentar la lluvia, tomar la mano de un niño, ver sonreír a un bebé, escuchar la risa de un amigo, recibir el abrazo de alguien amado, ¿lo imaginas? Vivir nos da ya de facto miles de posibilidades, todas regalo de un Dios bueno y generoso.

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No solamente nos da las posibilidades, sino que nos acompaña día a día, desde la paciencia que le da su inmenso amor.

Me lo da todo

El regalo más grande que podía darme, lo tengo ya. No he tenido que ganármelo, sino que me lo ha dado por existir: la posibilidad de la vida eterna. Su sangre preciosa me ha abierto las puertas del cielo.

Aquello que hoy me preocupa y me quita el sueño, es importante, pero Su regalo lo es aún más, como leemos en la Carta de San Pablo a los Corintios:

 Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido. (1 Cor 13: 12).

Mi corazón lo anhela. Esa es la razón por la que -a pesar de tener amor, dinero, salud, y miles de posibilidades- nuestra alma «tiene sed». Jesús es lo único que sacia nuestra sed de eternidad, y -si somos fieles- viviremos con Él por años sin término toda la eternidad, gracias al regalo de la Gracia que Jesús nos hace.

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Puede hacerme de nuevo

Él me hizo, y me mantiene con vida. Me ama como soy, pero me quiere feliz. Para eso, Él puede renovarme y cambiar mi corazón. Él hace nuevas todas las cosas:

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura {es}; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas«. (1 Cor, 5: 17)

«Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas« (Ap 21, 55)

Jesús está conmigo, y me contagia con Su amor, su compasión y plenitud.  Su presencia en mi vida es siempre activa. Acercarme a Dios cambia mi corazón. Me hace mas sensible a las necesidades de otros, me serena y me da fuerza.

No hay lugar, situación o realidad en la que Él no me comprenda y acompañe, ayudándome con Su presencia serena, dándome esperanza y confianza en su poder y completa potestad.

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Me habla pacientemente

En una canción cuyo mensaje me consuela, la palabra de un amigo, y en las escrituras, Jesús me habla. En mi corazón, siento movimientos activos e inclinaciones profundas que brindan calidez a mis momentos de angustia y dan plenitud a mis alegrías.

Siempre está abierto al diálogo, y con solo ir a mi interior, abro el «canal» que me conecta con el universo entero de Su amor. Si oro con frecuencia y cariño, veo cómo crece el río de gracia por Su cercanía, y voy cobrando cada vez mas fuerza.

Sólo debo tomar Su mano

¡Son tantas las gracias que están esperándome en el gran dique de Su amor! Solo necesito buscarle, abrirme, esperarle, confiar. Dios ha prometido que estará siempre  conmigo. No puedo no creerle, pues que sigamos aquí es ya prueba fehaciente de ello.

Animémonos a mirar a Jesús en cada momento que vivamos durante el día y la noche, para que nos admiremos de la belleza con la que cumple sus promesas el gran Dios del que somos orgullosamente hijos predilectos.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.