La falta de amor en la infancia nos roba el amor en la edad adulta

¿Has vivido una infancia carente de cercanía emocional? Es momento de llenar tu corazón de ese amor que te hizo falta. Para ti, y para los demás.

Marilú Ochoa Méndez

El inmenso árbol que te da sombra es refugio de cantarinas aves y embellece tu calle, se mantiene firme gracias a sus raíces, que  -escondidas- lo alimentan y sostienen.

De la misma manera, tu vida, tus acciones, tus emociones y vivencias, hunden sus raíces en tu niñez.  La forma como aprendiste a ver el mundo y a verte a ti mismo, define tus encuentros, acciones y sentimientos hacia otros.

¿Cómo recibes y das amor?, ¿te sientes merecedor de él?, o en cambio, ¿crees que nunca es suficiente lo que te dan?  ¿Te entregas a otros al máximo olvidándote de ti con frecuencia?, ¿sientes que tus seres queridos chupan tu energía, recursos y fuerza? La respuesta que des a cada una de estas preguntas, te dará luz para revisar qué tan emocionalmente saludable fue tu niñez.

¿Vale la pena desenterrar ese pasado?

Ya eres adulto. ¿Por qué sería bueno que hoy mismo revisaras a fondo esas vivencias de cuando eras pequeño? Porque estas delinean tus relaciones, y comprenderlas te ayuda a evaluar su desarrollo y a mejorarlas radicalmente. ¿Te gustaría avanzar en las relaciones sanas y evitar las dañinas? ¿te gustaría sanar tu relación con tu cónyuge y tus hijos? Si es así, sigue leyendo.

La psicóloga española Valeria Sabater nos explica que cuando en las personas existe un vacío emocional, un sentimiento de culpa, y nos sentimos inadecuados constantemente, podemos haber sufrido negligencia emocional en la infancia.

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Este término significa que al ser niños, no recibimos la guía adecuada para procesar nuestros sentimientos y emociones.  En un blog, esta experta nos dice que «la negligencia afectiva no es fácil de procesar por la mente de un niño; ellos, al fin y al cabo, no entienden por qué sus progenitores no responden a sus necesidades. Tanto es así que a la experiencia de soledad y desamparo suele añadirse el sentimiento de culpa«.

¿Significa eso que he sufrido maltrato?

De inicio, no.  El pasado no nos toca juzgarlo, sino sanarlo.  Ya no vivimos ahí, aunque asomarnos a los tejidos de nuestra infancia nos ayuda a comprendernos y a sanarnos.  Bajo esa premisa, nos acercaremos a estos hilos que nos conforman, de manera que al entenderlos podamos desenmarañar nuestro interior.

En las últimas décadas ha habido un despertar científico hacia el valor del mundo emocional, pero probablemente nuestros padres no alcanzaron a llegar tan hondo al criarnos, a pesar de haber querido siempre nuestro bien a su modo.  Conviene ponernos en sus zapatos.

¿No es cierto que tú como padre o madre a veces no alcanzas a abarcar todas las necesidades de tus hijos? Comprendiendo nuestros límites, y con amor y agradecimiento hacia quienes nos criaron, revisemos nuestra niñez.

Adentrándonos en el pasado

La estudiosa polaca Alice Miller, gran defensora de los niños ante el maltrato, publicó en 1979 en su libro «El niño superdotado», que «la experiencia nos enseña que, en la lucha contra las enfermedades psíquicas, únicamente disponemos, a la larga, de una sola arma: encontrar emocionalmente la verdad de la historia única y singular de nuestra infancia«.  Para ella, el trato recibido en nuestra niñez, define nuestra aproximación al mundo.

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Según la psicóloga Sabater, citada arriba: «Factores como el abandono, una educación autoritaria o la figura de unos padres emocionalmente no disponibles, deja secuelas evidentes en el desarrollo psicológico del niño«

Esta declaración es complementada por las afirmaciones de la argentina Laura Gutman: «Si cuando fuimos niños no sentimos la compasión de la persona que nos crió, si no sentimos su solidaridad, su disponibilidad afectiva ni su generosidad, ¿cómo podríamos aprender a dar prioridad a las necesidades del prójimo, al crecer y devenir adultos?«. Continúa la experta: «Todas nuestras capacidades altruistas, empáticas y sociales dependen de la sintonía amorosa con la que hayamos palpitado durante la etapa primal de nuestras vidas. Por tanto, la violencia se perpetúa gracias a la banalización del amor primario«.

¡Sanar hoy significa tanto!

La gravedad de esta desconexión emocional, es que nosotros hoy formamos corazones.  Es una realidad que «conformamos un ejército de personas grandes que hemos permanecido emocionalmente fijados en la inmadurez de la época en la que fuimos niños pequeños, y como tales seguimos esperando la atención que no hemos recibido cuando efectivamente dependíamos del cuidado y la consideración de los mayores» (Laura Gutman).

De esta manera, te parece normal el trato injusto que a veces das a quienes dices amar, por esa permanencia emocional que urge sanar.

¿Qué hacer?

En primer lugar, abrirnos a comprender ese niño que fuimos. Reconocer que existen huecos que nos hacen actuar hoy «sin querer queriendo», es decir, amando y maltratando al mismo tiempo.  Si notas ese comportamiento en ti, tu despertar es ya un gran logro.

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Interiorizando, tal vez descubras alguno de estos síntomas que detalla la psicóloga Sabater: «Es común tener cierta dificultad a la hora de construir relaciones afectivas felices, la autoestima queda muy dañada y se evidencian a su vez problemas con la identidad, con la gestión emocional y una clara falta de propósitos«. A esto puedes agregar la falta de sensibilidad ante el maltrato de otros, aunque sea suave y socialmente aceptado.

Con «maltrato socialmente aceptado» me refiero a frases como «si no pega, no quiere», y a la normalización que hacemos a escuchar el llanto de un niño cuando consideramos que está siendo «llorón» al demandarnos la satisfacción de una necesidad, como ayudarlo a dormir, darle atención o consolarlo.

Detectando estas problemáticas, es momento de prestarnos atención, y procurar llenar nuestro corazón de ese cariño y comprensión que tanto nos hizo falta, hacia nosotros mismos, y también hacia los mas próximos.

El amor sana

Una solución sanadora, integral y definitiva es siempre amar.  ¿Cómo? La propuesta de Laura Gutman es «evitar a toda costa el sufrimiento y procurar el bienestar que es el lugar común de todo ser vivo«.   Amar es cuidar, amar es atender.

¿Has vivido una infancia carente de cercanía emocional? Conviértete en un promotor de esa práctica hacia tí mismo y hacia otros, especialmente hacia tu familia.  Verás la belleza que el amor provoca en todo lo que toque, y comenzarás a sanar.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.