La primera regla de la vida: no dejar solos a nuestros padres

¿Hace cuánto que llamaste a tus padres por última vez? De tu respuesta a esta pregunta depende la alegría o tristeza que ellos experimentan en su día a día.

Marilú Ochoa Méndez

A diferencia de la mayoría de los animales, los lazos que existen entre las personas son indispensables.  Nuestra socialización determina el crecimiento de nuestras conexiones neuronales, nuestra actitud ante la vida y en muchas ocasiones, nuestro éxito en la misma.

Si el día de hoy tienes la posibilidad de leer estas letras, de respirar y de sentir el aire en tu piel, es gracias a tus padres.  Su generosidad para darte la vida y cuidarte día con día es algo que te mantendrá en deuda con ellos siempre.

Hoy queremos reflexionar contigo sobre la gran responsabilidad que tenemos de mantener la cercanía y el cuidado hacia nuestros padres mientras tengamos el privilegio de su presencia.

¿Hace cuánto que llamaste a tus padres por última vez? De tu respuesta a esta pregunta depende -créelo o no- la alegría o tristeza que experimentan ellos en su día a día.

Aprendamos a ser agradecidos

Desafortunadamente, las personas olvidamos pronto y fácilmente agradecer y atender a los nuestros.  Muchos, cuando estamos necesitados, no dudamos en aceptar y a veces hasta en exigir ayuda, pero a la hora de extender la mano para apoyar a los necesitados, nos encontramos demasiado ocupados.

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Lo que no miramos, es que luego de llenar la casa de nuestros padres con nuestras risas y travesuras, al elegir nuestro camino fuera del hogar los dejamos llenos de recuerdos y también de ausencia.

En el trajín de la vida y nuestras preocupaciones como adultos, todo es tan importante (eso creemos), que le damos la absoluta prioridad, olvidándonos de lo trascendente, lo que llena el alma (nuestra, y el alma de aquellos que amamos).

Revisemos lo que de verdad importa

Nos encontramos entonces siendo personas «importantes», y «de éxito», que son admiradas fuera de casa, pero en casa (o con los cercanos, como nuestros padres, e hijos), somos verdaderamente lejanos.

Si tú, como yo, encuentras que no has dado a tus padres todo el amor que puedes, ni el agradecimiento que merecen, decídete hoy a aprovechar que aún están con vida, para exprimir la bendición de su vida al máximo.

Te proponemos una lista de sugerencias para hacer más profunda y rica tu relación con ellos, y hacerlos sentir lo mas amados posible.

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Fomenta conversaciones profundas con ellos

Encontramos en un conocido blog una lista de preguntas que te encantarán, te compartimos algunas. Procura sacarlas en cada conversación que generes con tus padres y quedarás impactado por la belleza de diálogo profundo que se genere:

¿Cómo fue tu infancia?

¿Cómo te habrían descrito tus padres?

¿Te has visto en alguna encrucijada a lo largo de tu vida? Si es así, ¿qué pasó y por qué elegiste un camino y no el otro?

¿Cuál es el recuerdo más feliz de tu vida?

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¿Hay algo que siempre has querido decirme, pero que nunca me has dicho?

¿En quién te inspirabas cuando eras pequeño?

¿Volverías a seguir la misma trayectoria profesional si tuvieras que empezar de cero?

¿De qué te arrepientes más?

¿Qué es lo que más echas de menos de los viejos tiempos?

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Si echas la vista atrás, ¿de qué estás más orgulloso?

¿Qué consejo le darías a tu yo de 40 años?

¿Cuándo supiste que te querías casar con mamá/papá?

¿Qué es lo que más recuerdas de tu boda?

¿A qué te gustaría haber dedicado más tiempo?

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¿A qué te gustaría haber dedicado menos tiempo?

¿Qué tradición familiar valoras más?

Demuestra tu amor lo mas que puedas, aunque te cueste

Si tienes hijos pequeños, o recuerdas esa etapa, entenderás este punto de manera muy clara.  ¿Recuerdas cuando apenas nació tu primer hijo y de repente dejaste de dormir de un tirón toda la noche? Te levantabas ante su primer quejido a atender a tu bebito con todo tu amor y atención, así fuiste poco a poco cuidando y nutriendo el alma y cuerpo de tu pequeño con base en sus necesidades y peticiones.

No creo que te hubieras propuesto dejar de dormir, ni reducir al mínimo tus salidas nocturnas, lo que ocurrió fue que tu hijo y sus necesidades despertaron en ti un instinto muy fuerte y un cariño excepcional que te hicieron atender sus necesidades al momento.

Hoy, no será tan natural para ti atender las necesidades de tus padres, pero te necesitan tanto como lo hacían tus pequeños años atrás.

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Atender con amor a nuestros padres no es nada extraordinario

Escucharlos aunque no siempre hagan comentarios atinados, atenderlos cariñosamente aunque a veces te cansen no es nada extraordinario.  Muchos adultos se sienten maravillosos por «soportar» a sus viejos padres. ¡Qué tristeza!

Ellos te cambiaban el pañal y te escuchaban con paciencia a pesar de estar cansados, ocupados o enfermos. Tú al menos les debes lo mismo.

Recuerdo una vez que uno de mis pequeños no conseguía dormir, pues era época de lluvias y los rayos le asustaban.  Era diciembre, y pasé todo el mes durmiendo muy mal, pues tenía que abrazar, consolar y atender el llanto inconsolable de mi pequeño de casi dos años.  Uno de esos días estaba especialmente cansada, y algo enferma, así que no tenía la mejor actitud.

Ya en la madrugada, traté bruscamente a mi pequeño, y en vez de consolarlo, «soporté» los minutos con él en mis brazos. Entonces, mi niño tomó mi cabeza en sus manos, y me obligó a mirar sus ojitos asustados en vez de perderme en el celular.  Me impactó mucho ese gesto.  Él quería que estuviera verdaderamente presente en momento difícil.

Su «ayuda» para darme cuenta del valor de mi presencia consciente me ayudó a disfrutar esos momentos que le robábamos juntos al sueño, para generar una relación especial con él, que al ser mi cuarto hijo, durante el día me compartía a su pesar.

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Las necesidades de nuestros padres no son ladrones de nuestro tiempo ni de nuestra atención, son regalos.  Son hermosas pepitas de oro que nos invitan a mirar la riqueza de su vida.  Ojalá la sepamos apreciar bien.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.