Las niñas que juegan a ser madres antes de tiempo

Es contradictorio pensar que por el simple hecho de tener más información y acceso a métodos anticonceptivos los adolescentes evitarán ETS o embarazos, nada más falso que eso. Tus hijos necesitan tu guía y tu expe

Emma E. Sánchez

Creo que todos los padres de familia estamos interesados en que nuestros hijos lleguen a ser personas buenas y felices; deseamos que estudien, trabajen, lleguen a ser ciudadanos comprometidos y formen buenas familias. Es justamente este último punto el que, con frecuencia, vemos frustrado a temprana edad, cuando un embarazo no planeado llega a la vida de nuestros hijos. ¿Qué podemos hacer para apoyarlos más y mejor frente a esta situación?, ¿qué hacer para que sus vidas continúen y logren ser felices?:

La prevención inicia con la educación

Mi esposo y yo somos padres de tres hijas, dos de ellas universitarias, la menor cursa el bachillerato y la mayor ya planea matrimonio para el próximo año. Vivimos en una bahía hermosa que conecta con el océano Pacífico y diariamente tenemos la oportunidad de ver el mar y las embarcaciones que de todo tipo atracan en el puerto. Para nosotros es común el ir y venir de estas embarcaciones y, en algunos casos, saber y vivir las tormentas que les afectan y que desgraciadamente algunas veces han acabado con ellas. Nuestros hijos son de alguna manera esas embarcaciones y nosotros, padres y abuelos, con el tiempo nos convertimos en “puertos seguros” para ellos. De pequeños son como aquellas canoas, pangas o pequeñas lanchas que se divierten con seguridad en los brazos de la bahía, salen de pesca, llevan turistas y son por lo general divertidas y alegres. Si han sido advertidas debidamente nunca, ni por error, se atreverían a salir de la seguridad del puerto para enfrentar el mar abierto; sin embargo, hay pequeñas embarcaciones que sin estar preparadas se hacen a la mar sin la debida preparación y enfrentan terribles consecuencias. Dichas barcas son nuestros adolescentes, que inician una vida sexual prematura y que de buenas a primeras ya están a la espera de un bebé. Es nuestra obligación ser los primeros en hablar y educar en cuanto a la sexualidad, y no dejar que la escuela o segundas personas eduquen en este tema. Enseña con claridad las normas de tu hogar con respecto a la castidad, las relaciones íntimas antes del matrimonio y lo que esperas que ellos hagan ante situaciones de riesgo.

Confianza y diálogo

Cuando nuestros hijos son niños resulta sencillo hablar con ellos de cualquier cosa, pero al crecer se va complicando un poco ese canal de comunicación; sin embargo, es pertinente tratar de mantenerlo abierto por todos los medios posibles a fin de comunicar: 1. Nuestro amor incondicional, 2. Nuestro respaldo para cuando surjan problemas y 3. Nuestra apertura a escuchar sin juzgar. Los padres somos ese faro de luz que indica a las embarcaciones dónde está el hogar, donde siempre los estamos esperando sin importar la situación en la que estén, y que por mucho que duela decirles que los vas a apoyar siempre.

“Ir soltando amarras”, soltar la nave antes de tiempo

Así te sientes cuando una hija adolescente se embaraza, porque iniciará un viaje mar adentro embravecido con una gran tormenta en puerta. Las recriminaciones, la decepción y la amargura de ver en ella tus planes frustrados debes hacerlos a un lado y comenzar a preparar a tu hija para que enfrente lo que está por venir. Consentirla o solucionarle “su problema” no son buenas opciones si deseas que sus sueños y metas se cumplan en el futuro. La madre adolescente debe comenzar a madurar más rápido y a la brevedad debe asumir las consecuencias de sus actos, y cambiar su vida para hacerse responsable del hijo por venir. Orar, platicar, pedir consejo les ayudará como familia a enfrentar esta tormenta, pero hay que dejar que ella y su pareja -si la tiene- asuman la responsabilidad y que tú no resuelvas sus problemas es el principio de “soltar amarras” y permitir que los jóvenes capitanes adquieran experiencia de una de las maneras más difíciles. Solo recuerda: hasta las peores tormentas terminan y el sol vuelve a salir.

Acompañarlos a buen puerto

Todos, hasta los barcos más inmensos, de vez en cuando necesitan de un pequeño remolque que les haga llegar a puerto seguro y atracar sin riesgo de impacto. Tú eres ese pequeño remolque que muestra la dirección pero no empuja, jala con suavidad y nunca remplaza los motores propios de la nave. Los padres debemos recordar constantemente que estamos educando y criando hijos para que un día se vayan, formen sus propias familias y realicen sus metas personales; deben salir al mar, conocer y disfrutar sus maravillas, y no podemos ni debemos mantenerlos atados siempre en nuestro puerto por temor a que se lastimen o resulten heridos. Todos, un día, quisimos ir al mar también y explorarlo para luego volver a casa, buscar el faro que nos muestra el camino para regresar a casa una y otra vez.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.