Lo dicen los expertos: el trabajo «invisible» en la maternidad nos sobrecarga emocionalmente

Los papás de hoy también colaboran, pero somos nosotras las que no debemos olvidar el abrigo ni el turno con el dentista. Y así, nuestra carga emocional es cada vez más grande.

Fernanda Gonzalez Casafús

A pesar de que hoy en día los padres se involucran más que nunca en la crianza de los hijos, la carga emocional sigue recayendo en nosotras. Sí, él es un papá genial, nadie lo duda. Pero la que sabe en qué cajón está el termómetro, cuántos minutos darle al timer del microondas para calentar la comida o cuándo hay prueba de matemática, eres tú.

Madre, chofer, enfermera, payasa, maestra, cocinera, consejera, y la lista sigue. Pero además, eres la capitana de ese gran barco que es tu familia. Porque, ¡vamos!… ¿qué pasaría si un día te olvidaras del turno con el médico, de sacar la ropa del lavarropas, de guardar la merienda en la mochila o de reservar el salón para la fiesta de cumpleaños?

El mundo se viene abajo sin ti, mamá

La carga emocional de las madres es enorme. Hablando con las mamás de la escuela, una de ellas me dijo, abriendo los ojos y gesticulando con sus manos “¡Tienes que escribir sobre la carga emocional de las madres!”. Sí, porque en su reclamo está el reclamo de todas.

Somos multitarea. Recordamos cada detalle, cada cita, y nuestra mente no descansa. El agotamiento es emocional y mental. Sabemos que si paramos, nada avanza, y que si no lo hacemos nosotras, no lo hará nadie.

El trabajo invisible de las mujeres

De acuerdo a un estudio titulado «Trabajo doméstico invisible y ramificaciones para el ajuste: las madres como capitanas de los hogares”, esa lista de tareas que siempre tenemos en mente las madres nos deja exhausta y acarrea problemas en nuestra salud física y psicológica.

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Y en verdad, tú puedes ser de esas madres profesionales, que trabaja fuera de casa y que tiene todo resuelto. Pero llegas a casa y la tarea jamás termina, aunque tengas niñera y una persona que ayuda en los quehaceres domésticos. Porque nadie, pero nadie, sabe mejor que tú cuándo es la mejor hora de ir a la cama para tu hijo, o cuántos minutos tienes para tener lista la cena antes de que el más pequeño ataque la lata de galletas.

Mientras tu marido, algo azorado por el remolino de juguetes que levantas al pasar, te pregunta “¿Te ayudo?”… “¡No quiero ‘ayuda’!, tú también vives aquí”, le contestas. Y entonces, con movimientos erráticos él comenzará a levantar cosas del piso, no sin antes preguntarte “¿Esto dónde lo pongo?”

Y ahí vamos…

Esa es la carga que nos satura a veces. Sobre la base de una encuesta a casi 400 mujeres, los expertos aseguran que el 90 por ciento de las mujeres dijeron que tenían la responsabilidad exclusiva de organizar los horarios de sus familias. Mientras que el 70 por ciento dijo que eran «capitanas» de su barco y que rutinariamente completaban las tareas domésticas y las asignaban a los otros miembros de la familia.

El estudio arrojó también que cuando las mujeres están encargadas exclusivamente de estar al tanto de las emociones de sus hijos y de los pequeños detalles que implica la vida cotidiana de una familia, esto conlleva a una menor satisfacción con su pareja y a un aumento del sentimiento de vacío.

¿Y entonces qué hacemos?

El cerebro de la mujer es diferente al del hombre. Mi madre siempre se ríe cuando, en nuestra charla de mujeres –que incluyen este tipo de quejas femeninas– le digo que el hombre, desde el comienzo de la humanidad, salía a cazar «conejos». Y las mujeres mientras tanto, cocinaban, tejían en el telar, cuidaban a los hijos en tribu, recogían las hortalizas, y la lista continúa.

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Mientras tanto, el hombre, por horas y horas, su única preocupación era que no se escape su presa. Así, su cerebro se fue moldeando por milenios, de esa manera. Somos nosotras las que venimos con la artillería pesada para hacernos cargo de cada detalle, de cada movimiento estratégico en casa. Tejemos cada día el telar de nuestra familia y nunca se nos escapa ni un hilo (y cuando se escapa, sabemos cómo remediarlo).

Compartir la carga

Tienes un marido maravilloso, y debes reconocer que él haría mucho más de lo que hace si tan solo se pusieran a hablar y dividieran tareas de forma coherente y a conciencia. Esto es, no ir de atrás diciéndole las cosas (algo que las mujeres solemos hacer), sino responsabilizarlo de algo en particular.

Por ejemplo, que sea él quien se encargue de buscar a los niños los martes y jueves en la escuela, o que vaya él a alguna reunión de padres. Papá también puede llenar el tupper con la merienda de los niños y recoger la ropa que se debe lavar. Cuando vaya al clóset y vea que no está su camisa limpia, allí entenderá a qué nos referimos con que “no damos más”.

Nuestra tarea será quizá aprender a organizarnos mejor, de forma individual y con nuestra pareja, para poder alivianar esa carga que sentimos que muchas veces nos frustra y nos hace sentir pésimo -y muchas veces culpable-.

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Puede ser difícil, pero no imposible. Dale a tu pareja un espacio, pues en ocasiones nosotras mismas no dejamos participar a los padres en determinadas acciones en el hogar. Descansa en que él también puede hacerlo tan bien como tú.

La carga emocional y  el estrés que sufrimos las madres no va a desaparecer de la noche a la mañana aunque te organices de maravilla y aunque tu marido sea el mejor esposo y padre del mundo. Simplemente se trata de lograr que no nos afecte tanto como para que dañe nuestras relaciones con los demás.

Eres una mamá genial y sé que podrás siempre salir adelante. Y si no encuentras ese otro calcetín, o se te pasó el turno con el médico, relájate, lo que importa no es ser perfecta, sino ser una mamá feliz.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Nacida en Argentina y mamá de dos, ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.