Los niños que son besados y abrazados por sus padres sufren menos ansiedad

Su felicidad y salud mental depende del cariño que reciben.

Fernanda Gonzalez Casafús

Es una frase que escuchamos una y otra vez: el amor que le damos a nuestros hijos los hace más felices. La cuestión es tan simple como profunda. Mientras más afecto les proporcionamos a nuestros hijos, mayor es el grado de felicidad que obtendrán. Pero además,  según los expertos, tendrán menos posibilidades de depresión y ansiedad en el futuro.

Son numerosos los estudios que han surgido en las últimas décadas respecto de la crianza con amor, del afecto que le dispensamos a los niños y de cómo ello influye para siempre en sus vidas.

Nuestros padres y abuelos vienen de una generación donde la demostración intensa de cariño para con los hijos suponía una debilidad en los límites y respeto hacia los mayores. Así, por ejemplo, es común escuchar muchas personas decir que sus padres no solían besarlos o abrazarlos, y que las demostraciones de cariño eran escasas.

El ser humano evoluciona, y es bueno saber que hoy se alienta abiertamente a la demostración de afecto, pues ello deja huellas positivas imborrables en la vida de los hijos.

Beneficios comprobados

De acuerdo a la Organización Child Trends, cuando un niño recibe constante afecto de sus padres, ésto se traduce en una mayor autoestima, mayor seguridad, mejor comunicación con sus padres y mejor rendimiento escolar.

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Mientras que un niño que no recibe cariño de sus padres, tiene a sentirse inseguro, desconfiado y a tener una autoestima baja. Por lo tanto, nunca pero nunca el amor resta, sino que siempre suma.

Niños felices y menos ansiosos

Un estudio de la Universidad de Los Ángeles demostró que el amor incondicional de los padres hacia sus hijos no sólo los vuelve más felices sino que los hace menos ansiosos y con menores probabilidades de sufrir depresión en la vida adulta.

Los niños que no reciben cariño de sus padres tienden además a sufrir problemas de salud mental, así como dificultades para relacionarse con los demás. Imagina que si no han obtenido el cariño de sus progenitores, no es fácil que se sientan amados por el resto de las personas.

Es tan evidente como claro. Recuerda cuánto te importaba en tu infancia la atención de tus padres, y qué bien se sentía ese abrazo y esos besos cariñosos. Es por ello que como padres jamás debemos dejar de proporcionar afecto a nuestros hijos, nunca es demasiado.

Detente a besar a tu hijo

Tal vez hayas llegado hasta aquí y pienses “Sí, soy de esos padres cariñosos”, o tal vez reflexiones y consideres que en realidad no lo eres tanto. Lo que debes tener en claro es que la ciencia respalda esas demostraciones de afecto y que asegura que trae grandes beneficios para el desarrollo emocional de tu hijo.

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Por lo tanto, detente en tu vida diaria y besa a tus hijos. Abrázalos y diles cuánto los amas. No es necesario una fecha especial. Acaricia su rostro y dile que sientes orgullo, que eres afortunada por tenerlo en tu vida y que aunque muchas veces estés enojada, lo amas con todo tu corazón.

El amor no sólo son los abrazos y besos

Un padre ama a sus hijos a través de los actos cotidianos. El cuidado, la atención y los límites también son actos de amor. Cuando regañas a tu hijo y estableces sanos límites le estás proporcionando un gran beneficio.

Reforzar con palabras positivas lo que hacen bien, y no usar regaños negativos cuando hacen algo malo, también es amor. No es lo mismo decirle “eres un niño malo” que decirle “entiendo tu frustración, pero no debes pegarle a tu hermana”.

Luego de la pertinente conversación con tu hijo acerca de lo que está mal y lo que no, deberías reforzar con palabras de aliento como “sé que lo intentarás, porque eres un gran chico”. Y jamás olvidar darle un abrazo y un beso, para que se sienta amado y apreciado.

Comienza desde muy temprano

Cuando me convertí en mamá y mi bebé lloraba, mi instinto era tomarla en brazos. Mi mundo se detenía, mi hija dejaba de llorar, y mi corazón se desaceleraba.

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Los consejos que escuché acerca de que no debía tomarla en brazos porque se “mal acostumbra” nunca fueron suficientes para refrenar mi instinto. Y luego, lo comprobé. El amor jamás perjudica.

Comienza a manifestar tu amor desde que tienes a tu bebé en brazos. Sigue tu instinto. Los bebés están diseñados para estar en brazos, y es la etapa donde comienzas a fomentar ese amor tan profundo que no tiene fin.

Cuando un bebé llora y su mamá no lo toma en brazos él no entiende por qué sucede eso. El instinto que tienes de correr en su ayuda es porque la naturaleza nos programó así, por la supervivencia misma de la especie. No desoigas ese llamado. El amor es la fuerza más poderosa.

Niño amado, adulto feliz

Ahora que ya sabes de los beneficios de dispensar amor a tus hijos, prueba llevar a cabo una serie de acciones diarias que reforzarán el vínculo y harán que tu hijo se sienta confiado, seguro y amado, tanto en su infancia como en su vida adulta.

Dile todos los días que lo amas

Refuerza tus palabras de afecto con una caricia, o una palmadita en su espalda

Toma en brazos a tu bebé cuando llora

Ten como rutina besar a tu hijo antes de salir o cada noche al acostarse

Cuéntale acerca de tu relación con tus padres y abuelos y cómo ellos te daban cariño

Léele un libro cada noche

Escucha sus problemas y jamás los minimices

No lo ridiculices ni compares

Diles que siempre pero siempre estarás allí para ayudarlo

Y ahora, ¡ve corriendo a besar a tu hijo!. Su felicidad depende en gran parte de este acto tan hermoso como necesario.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es argentina y mamá de dos. Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.