Los padres que crían hijos amables hacen estas 8 cosas

El trato que reciban los niños en su casa será crucial para moderar su comportamiento con los demás ¿Qué haces tú para que tu hijo sea un niño amable?

Emma E. Sánchez

Hace unos cuantos días una amiga compró un par de zapatos. Estaba muy contenta de haber encontrado un par muy cómodo y de muy buen precio, pero estaba aún mucho más impresionada por la joven que le había atendido.

Comenta mi amiga que esta delicada señorita le mostró más de diez pares de zapatos, le mostró los que ella pedía y siempre trajo uno más para que viera más opciones. De hecho, el par que mi amiga compró no estaba en aparador, fue una sugerencia que esta vendedora le mostró tras conocer lo que ella exactamente buscaba.

Mi amiga estaba tan agradecida por las atenciones de la joven,  que se tomó el tiempo para escribir una nota al gerente de la tienda diciendo “ella estuvo siempre sonriente,  con una excelente actitud y una amabilidad que muy pocas veces se ve.  Estoy muy agradecida por su trabajo tan excepcional”.

¿Recuerdas la última vez que alguien fue amable contigo?

Las personas amables son difíciles de olvidar pues su trato siempre se agradece y hace más llevadero los momentos difíciles de la vida.  La amabilidad no se trata de dar un buen servicio para lograr una venta;  ser amable se refiere a la persona “que es fácil de amar”, y amamos con facilidad a las personas buenas. Estas personas siempre tendrán las puertas abiertas de cualquier lugar,  por eso a todas las madres nos interesa criar hijos amables que lleguen a ser buenas personas.

Muchos padres hoy en día se preocupan por que sus hijos asistan a la universidad, adquieran conocimientos que posteriormente les lleven a obtener buenos empleos y sus propias empresas, o  que ganen mucho dinero y sean reconocidos en la sociedad por su inteligencia o astucia.

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Pero no siempre nos detenemos a pensar y desear que nuestros hijos sean buenas personas para entonces, con toda su inteligencia, influir para bien a quien les rodean.

Se hace, no se nace

Ser amable no es una cualidad con la que simplemente se nazca. Se debe enseñar, modelar y contagiar.

Desde que nuestro hijo es pequeño podemos enseñarle sobre la empatía, la bondad, el respeto, la cordialidad y la amabilidad mediante el trato que le damos a él y a nuestra familia en general. Si en casa nos tratamos con respeto y amabilidad, para el niño será muy natural vivir de esa manera, y su mente entonces construirá redes neuronales que les ayudarán en el futuro a ser personas generosas, solidarias y amables.

Un niño pequeño formará esas redes neuronales según nosotros repitamos y reafirmemos cualquier conducta, ya sea positiva o negativa.  Un niño siempre está tomando lecciones al observar a su padres, lecciones buenas y malas, las cuales aprenden por igual.  Recuerda que una conducta vista es una conducta reforzada.

Dejar de enseñar y educar a los niños en la amabilidad, el respeto o la bondad, es lo mismo que criar hijos  rebeldes, egoístas y de malos sentimientos; y no creo que ningún padre desee batallar con hijos así.

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Se aprende y se modela

Entre los 6 y 12 años la amabilidad se logra mediante la repetición de actos y tratos amables. Los niños aprenden buenos modales porque los ven y los viven a diario, no precisamente porque se les den largas lecciones.

Si eres de los padres que desean que sus hijos  sean buenas personas antes que otra cosa en la vida, estas estrategias te darán muy buenos resultados. Te las comparto de corazón:

1  Sé su ejemplo

Los hijos nos observan y nos absorben den manera increíble, ellos emulan nuestra manera de caminar, mover nuestros brazos, el tono de voz y todas nuestras formas y maneras; si tú eres amable ellos muy seguramente serán como tú. Según la Universidad de Harvard,ser un modelo no significa ser perfecto o tener todas las respuestas, significa  reconocer los errores escuchar a los niños y conectar nuestros valores  a la manera en la que ellos entienden el mundo

2  El pensar en los demás es importante

Conforme las situaciones se van presentado en la vida diaria, podemos hacer saber a nuestros hijos cómo podemos hacer algo más por otros y considerarlos. El compartir un dulce, ceder el asiento,  ofrecer la silla más cómoda a la abuelita, cuidar de un animal o visitar a un enfermo, son cosas cotidianas que el niño vive y que nosotros explicamos lo bien que nos hace sentir el  hacer sentir bien a los demás.

Después de prestar servicio hay que decir lo cómo nos sentimos y pedirle al niño exprese sus sentimientos y emociones.  Hay que verlo, hacerlo y explicarlo.

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3  Ofrecer ayuda

Pocas cosas hay tan agradables en los jóvenes que el que sean acomedidos y serviciales.  Su energía y juventud se ve doblemente cuando las ponen al servicio de otros.  Si nuestros hijos ven que ayudamos a los vecinos y poco apoco los involucramos en proyectos de servicio, pequeñas tareas en favor de otros, ellos adquirirán el buen hábito y gusto por ayudar y servir. Serán jóvenes queridos y valorados por todos los que les rodean.

4  Aprender sobre la empatía

Cuando le hacemos a los niños reconocer o imaginar lo que otros están sintiendo, será más fácil  que ellos piensen antes de hacer un daño. Aprender a ponernos en el lugar de otros favorece la solidaridad y mostrar cuidado y amor por otros.

5  Evita gritar, insultarlo o golpearlo

No hay cosa que confunda más a un niño que recibir un doble mensaje sobre una sola misma cosa, no podemos pedirle que se amable cuando nosotros le tratamos con rudeza. Nada bueno surge de la ira y la desesperación. No podemos pedir amor cuando maltratamos o intimidamos a los niños.

6 Usa con frecuencia las “palabras mágicas”

Que no se nos olvide decir gracias, por favor, y toda frase amable que haga el trato humano más llevadero y cordial.

7 Aprender más sobre el diálogo y menos sobre las peleas

Tener varios hermanos brinda la oportunidad de desarrollar un poco más el diálogo, la paciencia y la facilidad de compartir o ceder. De lo contrario, las peleas  estarán a la orden del día.

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8 Las grandes historias

Leer en voz alta las hazañas de los grandes hombres y mujeres para los niños en la noche, platicar las historias de nuestros padres o abuelos, siempre será inspirador y motivador. Conocer la vida de otros, ya sea por medio de cuentos, fábulas e historias verdaderas,  nos permite imaginar cosas mejores, más grandes y buscarlas. Mediante los cuentos y las historias aprendemos mucho sobre valores.

Criar hijos amables es tener la seguridad de formar buenas personas que harán de este mundo un lugar mejor para vivir, por eso lo vale todo esforzarnos por lograrlo.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.