Mamá, papá: estas son las 6 mejores formas de hacerme feliz

Los amo con todo mi corazón, y quiero que sepan que ustedes son mi mundo, mamá, papá. Y todo eso que hacen, llena mi alma de felicidad.

Emma E. Sánchez

Antes de que comiences a leer este artículo, te invito a que veas este video. Te tomará unos minutos solamente ¡Ah! Y busca un pañuelo porque… ¡seguro llorarás!

Ahora que has visto el video, estarás en sintonía para entender que los niños por naturaleza son seres felices, que en verdad necesitan poco para que esa felicidad no se extinga -y mejor aún- para que crezca ilimitadamente y pueda seguir irradiando esa alegría y felicidad pura a toda la familia.

Prepara tu corazón. Y al leer, escucha la voz de tu pequeño y lo que él pide para ser feliz:

1 Que mis padres no peleen

Muy pocas cosas marchitan el corazón alegre de un niño, y una de esas pocas pero de gran trascendencia es ver y escuchar que sus padres pelean, que se gritan o se maltratan. ¡Su padre y su madre son los seres que él más ama en este universo! Para él no existe ninguna fuente mayor de amor y de felicidad que la que estos dos seres le dan.

Si bien los disgustos en la pareja son inevitables, el  tener la prudencia para hacerlo sin gritar, criticar o lastimar a la pareja debe estar presente siempre y jamás hacerlo frente a los niños y de haberlo hecho, los padres deben finiquitar la discusión frente a ellos y de buena manera para no sembrar incertidumbre en sus tiernas mentes.

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2 Que se ría y esté feliz

La felicidad es contagiosa; alguien feliz puede cambiar un entorno completo. Un niño feliz buscará correspondencia en el rostro de sus padres y de encontrarlo, será doblemente feliz.

Pero si encuentra lo contrario, su propia luz se apagará hasta extinguirse. Un niño no puede ser feliz cuando ve a sus padres enojados, tristes o sufriendo, su corazón es tan empático que de inmediato se sentirá identificado contigo aunque eso le haga daño.

3 Que coma conmigo

Los niños aman comer junto a sus padres, pues pueden platicar, escucharlos hablar, y sobre todo, es un momento donde el niño observa, aprende e imita. Al sentarse a la mesa juntos no solo se alimenta el cuerpo, también se alimenta el espíritu y su corazón.

4 Que nunca me abandone

El abandono es uno de los miedos más interiorizados que los seres humanos podemos experimentar, quizás porque desde siempre hemos reconocido nuestra gran vulnerabilidad al estar solos; pues como especie, reconocemos la necesidad de una sociedad para subsistir, crecer y desarrollarnos.

Cuando un niño tiene miedo a que lo abandonen, hay algo en su pasado que  activó esa angustia.

Revisa tus conductas, recuerda que a veces lo hacemos hasta de manera inconsciente. Si vas a salir, despídete y dile a qué hora regresarás, llámale por teléfono y mantente en contacto.

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Conforme crecemos, ese sentimiento se va superando, pero cuando de niños no lo resolvimos puede generarnos muchos problemas y lágrimas.

Nunca permitas que tu pequeño sienta que tú lo has dejado, pues el mensaje que tendrá para toda su vida es que él no vale nada para nadie, ni siquiera para quien debió amarlo incondicionalmente.

5 Que mis papás se den besitos

Un sobrino mío de unos 5 años,  estaba muy triste y a punto de llorar viendo una pared en la casa de su abuela, mi tía. Cuando noté que la primera lágrima rodó por su mejilla me acerqué y le pregunté qué ocurría, entonces empezó a llorar desconsoladamente sin poderlo contener.

Su mamá llegó inmediato al escucharlo; cuando ella le preguntó lo mismo el pequeño le dijo: «¡Tú no quieres a mi papá!», y las lágrimas siguieron con gran sentimiento. Mi prima, angustiada, le decía una y otra vez que ella amaba a su papá, pero el pequeño parecía no entenderlo.

Ella el dijo ya desesperada «¿por qué dices eso?» Entonces mi sobrino con voz muy clara y señalando la pared le  dijo: «Porque ahí no está la foto de ustedes, ¡ustedes no se quieren!» En la pared, mi tía  tenía las fotos de matrimonio de cada uno se sus hijos, y efectivamente, no estaba la foto de sus padres porque ellos no se habían casado.

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Mi prima y su esposo lamentaron mucho las malas decisiones, las peleas frente a sus  hijos y fue tal su arrepentimiento al ver sufrir tanto a su pequeño, que se prometieron cambiar. Ocho meses más tarde celebramos juntos su boda y fue en verdad emocionante ver la alegría del pequeño Arturo cuando su abuelita colgó la foto de boda de su hija junto a las otras en la pared.

Arturo no dejaba de traer a toda la familia y amigos a ver ese milagro, inclusive pasó al cartero que llegaba a dejar una carta hasta la sala y con mucho orgullo le mostró la foto donde -para gran alegría de todos-, él y su hermanita también aparecían vestidos de blanco. Luego otros sobrinos se enojaron con sus padres pues “no los habían invitado a las bodas de sus padres” como Arturo y su hermanita (pero esa, es otra historia).

Esa historia familiar siempre me ha recordado lo importante que es para los niños  saber que sus padres se aman. Ellos necesitan ver, sentir y saber que su familia es fuerte, estable y que no se va a desmoronar nunca.

 6 Que pase tiempo conmigo

Así como el video bien lo muestra, los niños requieren de tiempo, ya sea para jugar, comer, para sentir abrazos y corrección, para hacer las tareas juntos y leer cuentos, hacer galletas y bañar al perro.

Los niños necesitan tiempo; y por favor, no caigas en la mentira de  “tiempo de calidad” porque eso solo calla la conciencia de quien no está dispuesto al amor por tener en desorden sus prioridades. Así una madre y un padre trabajen todo el día fuera de casa, pueden ingeniarse tiempo para sus hijos.

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Te invito a que esta semana hagas tiempo en tu agenda y te tires en el piso o en el pasto y disfrutes de una tarde jugando con tus grandes amores. Para ellos, habrás acercado el cielo a sus vidas.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.