Mereces ser feliz y amada, sana tus heridas de la infancia y mejora tus relaciones para siempre

Puedes y mereces ser una mujer feliz a pesar de las heridas de tu pasado.

Erika Patricia Otero

Se tiene la creencia generalizada de que todos los padres aman a sus hijos; pero la realidad -y algunas noticias- nos dejan ver que en muchas ocasiones ese «amor» no es lo que se supone debería.

El asunto es que las cosas más importantes de la vida las aprendemos de nuestros padres. Si ellos no son fuente de amor y buen ejemplo, pues vamos a terminar cargando en nuestra espalda el lastre de una serie de malas experiencias que ningún ser humano debería llevar consigo.

Aunque mal amados en la infancia, todos queremos conocer el amor; si no, ¿qué sentido podría tener nuestra vida? El problema surge cuando en las relaciones comienzan a salir a flote todas aquellas carencias y vacíos de la niñez. Estos, si no buscas sanarlos, podrían condenarte a tener una vida infeliz; pero además, como herencia podrías dejar a tus hijos las secuelas de todos tus dolores. ¿Quieres eso para ellos?

Pues bien, a continuación encontrarás diferentes tipos de heridas emocionales surgidas en la infancia, que han marcado la manera en la que te relacionas con los demás.

Desconfianza

Aprendemos a confiar en las personas cuando nuestros padres nos dan la seguridad de su presencia. Es decir, si necesitamos a papá para que nos ayude con una tarea y él acude a nuestro llamado, tenemos la certeza de que estará ahí cuando sea que le necesitemos.

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Además, todos necesitamos sentirnos amados, aun más las niñas. Lo seguro es que si una niña quiere un abrazo, una palabra de consuelo, una charla amable o unos minutos con su madre solo para comer un postre, lo demande. Pero si la madre o el padre la rechazan de manera reiterada y no le dan una razón por la cual justifique esa actitud en ese momento, ella se va a sentir menospreciada; por lo tanto, confiar en los demás se le hará todo un reto.

Límites no definidos

Toda persona necesita su propio espacio y tiempo para disponer de este como bien le parezca. Así, todo padre que comparta esa política, va a dar a su hija la posibilidad de tomar sus propias decisiones, confiando en lo que le enseñó acerca de lo «bueno y lo malo».

Pero si una hija se siente agobiada por la presencia y presión constante de sus padres, lo que naturalmente va a pasar es que ella quiera escapar de esa situación. Añadido a esto, es posible que no  tenga fe en sí misma y espere a que los demás le digan qué y cómo hacerlo solo para complacerlos.

Además, a ella se le hará una necesidad el pasar tiempo con las personas que quieren, convirtiéndose en alguien que no sabe mantener una sana distancia.

Miedo al fracaso

El fracaso es normal, pero es importante que los padres enseñen a su hija que unas veces se gana, y otras simplemente se aprende una lección.Presionar con constantes críticas, exigencias y amenazas de castigo para que siempre alcance al éxito, es condenarla a sentirse menos si no triunfa en un propósito.

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Pero además, no aprenderá a tolerar la frustración que llega cuando no se consigue lo que se deseaba, lo que la hará alguien ansiosa.También están aquellos padres que cuando sus hijos no triunfan, les ignoran a manera de que la hija se haga consciente de su fracaso; con esta actitud la niña aprende que si no gana siempre, no merece el amor de nadie.

Una baja autoestima

Para una niña es importante que su padre y su madre reconozcan sus logros. Cuando los progenitores lo hacen, dan a la pequeña razones para ser amable con ella misma y los demás.

Sin embargo, si el padre solo vive recriminándola por las cosas que no hace bien, le estará diciendo que ella no merece ser amada porque no hace nada para ganarse ese amor. Así, la niña va a considerarse una mala persona, insegura e incapaz de amarse a sí misma porque en lo que a ella concierne, no merece ni valorarse.

Consecuencias de esas heridas emocionales de la infancia

Todos los problemas emocionales que sufre una persona en su infancia, van a manifestarse en la adultez  ya sea evidenciándose en su salud o en su comportamiento.

Es así como una niña que tuvo una muy mala relación con sus padres, que no se sintió amada, que era constantemente criticada, castigada y menospreciada, puede llegar en su edad adulta a padecer las siguientes enfermedades y situaciones:

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-Depresión (causada por el menos precio de los padres)

Bulimia o anorexia nerviosa (para llenar los vacíos que las carencias afectivas dejaron)

-Promiscuidad (busca en las relaciones sexuales la compensación de su falta de amor)

-Adicciones y problemas con la ley (pueden ser causadas por la falta de uno de los padres en su vida)

Sanando las heridas de la infancia

Puede llegar a parecer un camino difícil de emprender, pero siempre que ella quiera sanarse podrá hacerlo, con o sin ayuda de un profesional en psicología.

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Reconoce la raíz de tus heridas

A veces nos negamos a reconocer que nuestros padres no nos amaron ni como queríamos, ni de la manera adecuada. De allí es natural que se desprenda un terror increíble a estar sola, pues temes descubrir en ti cosas que no te agradan.

La soledad te ayuda a analizarte. Cuestiónate tantas veces como te sea posible la razón por la cual necesitas pasar de una relación amorosa a otra, por la cual siempre estas rodeada de personas pero íntimamente te sientes vacía.

Si te ayuda, escribe al respecto. Comienza con lo que sientes hacia tus padres y no te reprimas. Puede ser que lo que escribas no sea nada agradable y que cuando lo leas sientas el apremio de tacharlo o quemarlo; pero no lo hagas, entre más lo leas, más entenderás tu manera de ser y más fácil será curar el dolor.

Cambia de actitud

Haz dado el primer paso. Sacaste a la luz tus vacíos al escribir tu historia y cómo te sentiste y sientes respeto a la relación con tus padres; el siguiente paso es aceptarlo.

No puedes cambiar el pasado pero puedes moldear tu presente y cambiar tu futuro. Sientes el impulso de buscar a la persona que te rechazó; desvía tu atención de ello y en su lugar inscríbete a un curso, viaja, lee, o conoce a otras personas.

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Haz ese tipo de acciones tantas veces como sea posible, siempre dirigiendo tu atención a cosas que te sean de provecho y solo será cuestión de tiempo para que se vuelva un hábito.

Cultiva tu amor propio

Una mujer que se ama es una mujer que será bien amada. No es cuestión de físico, es asunto de confianza en ti.

Mírate a diario en un espejo y hazte halagos acerca de cómo te ves, de cómo te sientes y de todo el amor que mereces y talento que tienes; hazte tu mejor amiga y no necesitarás de halagos externos que te otorguen seguridad.

Perdona

Perdonar parece la solución mágica a todos los problemas del hombre; la verdad es que si no es la cura de todos, sí lo es de muchos.

Podría ser sencillo sentir odio hacia ese padre ausente o hacia esa madre represiva y castigadora, pero no ganas más que cargar rencor y enfermedad.

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Diles que les perdonas por sus actos, pero no permitas jamás el ser víctima de su proceder. Perdonar es igual a que has aprendido la lección pero que no volverás a permitir el daño.

Por tu bien, procura darte una oportunidad para ser feliz, lo mereces a pesar de todo tu sufrimiento del pasado.

Te deseo lo mejor.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.