Mi cuerpo posparto no es perfecto, pero he aprendido a amarlo

Y entonces un día te das cuenta que no importa si tu cuerpo no es perfecto, y que esa pancita que alojó a tus hijos, hoy te recuerda que estás llena de vida...

Marilú Ochoa Méndez

Recuerdo que cuando era pequeña, estaba incómoda con mi cuerpo. Me sentía tan gorda como una ballena, y me apenaba por ser vista en público en traje de baño. Cuando iba a clases de natación, me escondía en blusas grandes y en la toalla del club deportivo, porque no quería dejar ver mi gran panza (o al menos eso es lo que pensaba).

Hoy, que veo las fotos, no puedo creer que tuviera esa triste autoimagen ¡Estaba delgada! Trato de volver a esos días y no me parece que sufriera demasiado al respecto, pues había personas con las que me encontraba en confianza, pero aún así siento pena por esa chiquita de 10 años que fui.

Hoy, a mis 40 años, a veces sigo mirando con desdén mi maravilloso cuerpo, pero afortunadamente recapacito constantemente.

¿Te ha ocurrido a ti lo mismo? ¿Que tenemos un estereotipo del «cuerpo perfecto» y sufrimos porque no encajamos de manera completa en él? Reflexionemos juntas al respecto.

Las expectativas, esas «enemigas»

¡Qué difícil tarea amar lo que tenemos! Y no me refiero solo a nuestro cuerpo. Me refiero a amar al esposo bromista y dormilón, valorando esas cualidades aunque tú preferirías que fuera dulce y activo. Me refiero a amar a tu hija amorosa que quiere estar pegada siempre a ti, aún cuando tú preferirías sentarte a la computadora sin un hermoso «estorbo» sentado en tus piernas haciéndote preguntas inquietas.

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Podrías sufrir tu relación con ambos, u olvidar esas trabas mentales que están solo en tu cabeza en forma de expectativas.  Si saltas por encima de ellas, vivirás el presente con plenitud, y evitarás desperdiciar los minutos que podrías gozar a tu familia.

Con nuestro cuerpo ocurrirá lo mismo si nos quitamos esos grilletes ideales. No, no tenemos que salir del hospital luego de parir con un vestido impecable, maquilladas y ultra delgadas como la actriz del momento.  No, no tienes que volver a usar tu ropa de la luna de miel a las dos semanas de convertirte en madre.  Tampoco tienes que esconder tu barriga aún hinchada cuando sales de casa con tu bebé luego de la cuarentena.

Sólo debes ser tú

Se nos olvida que no tenemos nunca la obligación de entrar en ningún molde, sino solo vivir con naturalidad ¡Qué liberador si nos permitiéramos recordar esto siempre!

«¡Tengo solo un vestido formal!, ¿qué van a pensar de mí?», «¿Salir con esta panza que parece de embarazada y mi bebé de tres meses? ¡Qué pena!», «¿Ponerme traje de baño cuando tengo las piernas tan llenas de estrías que parezco mapa del tesoro? ¡imposible!»

¿Para qué saturar nuestro corazón con este tipo de inquietudes cuando podemos voltear por completo cada traba mental?, de esta manera:

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¡Tengo ropa formal!, ¿cuántos no pueden elegir qué ponerse, ni tienen ocasiones formales para lucirse?

¡Tengo un bebé de tres meses! ¿cuántos quisieran ser padres y no lo consiguen?

¡Puedo salir a divertirme al mar o a la alberca con mis hijos! ¿cuántas familias llevan años sin salir de vacaciones? ¿mis piernas pueden trasladarme?, ¿puedo caminar con ellas y moverme hacia donde deseo? ¿por qué no valorarlas, con estrías o sin ellas?

¡La naturalidad es tan maravillosa!, pongámosla de moda.

Dos mamis naturales y ¡felices!

Sandy Ballard, publicó en Instagram una hermosa foto con sus tres hijos, en la que nos da una muestra de liberación y amor propio:

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«Este cuerpo está listo para la piscina. ¿Es delgado? No. ¿Es lo que solía ser? No. ¿Se recuperó de inmediato? No. Pero es un cuerpo y está en la piscina. Entonces está listo para la piscina. En él crecieron tres bebés gigantes. Se estiró a su capacidad y se estiró un poco más. Alimentó a dos de esos bebés durante todo el día. Se cortó por la mitad dos veces. Apenas podía caminar sin ayuda, pero aquí todavía está de pie«. 

Sandy nos cuenta que se apenaba por su cuerpo, y quería detener su vida hasta corregirlo, pero luego se rebeló, preguntándose por qué querría perderse cada segundo con sus tres hijos solamente por una cuestión de presunción social, y entonces decidió aconsejar:

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«No pierdas el tiempo tratando de ser delgada, no va a funcionar, confía en mí. Pasa el tiempo jugando en la piscina con tus hijos. Pasa tiempo agradeciendo a Jesús por el milagro de la maternidad. Ellos no recordarán nuestra falta de espacio entre los muslos. Recordarán este momento que compartes con ellos»

Mariana Rubio, también hizo una publicación aleccionadora en Facebook:

«Si algo he aprendido es:
Que todo pasa.
Que lo que que tardó 9 meses en formarse tardará un tiempo similar en regresar.
Que no me tengo que sentir presionada por nada ni por nadie.
Y lo más importante.
Que así como estoy, así de aguadita, así mi cuerpo es perfecto.
Así me siento bien, feliz y realizada.
Que esta pancita es digna de presumirse tanto como mi panza de 40 semanas.
Así son. Así quedó mi cuerpo. Y así agradezco que a la semana 42, la mitad de su peso ahora lo llevo en mis brazos»

Ámate, ama tu cuerpo, ama a tu familia

Mi cuerpo ha sido cuna de un nuevo ser ya siete veces. Tengo en mi hogar seis guapos chaparros, y si Dios quiere, en marzo recibiré al séptimo. No soy perfecta, ni modelo de revista, pero no importa. Mi pecho es sano alimento, mis brazos el mejor consuelo y mi voz, el cálido aliento de mis angelitos. Y cada día, doy gracias a Dios por ello ¿Lo haces también tú?

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Lee también: No te agobies con tener el cuerpo perfecto, mejor esmérate por ser feliz

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.