Mi hermana es la prueba de que Dios no quería que estuviera sola en esta vida

No hay nada más bello que alimentar ese cariño para que nunca se apague.

Fernanda Gonzalez Casafús

Si tienes una hermana seguramente coincidirás conmigo en que es algo tan gratificante como maravilloso. Crecer junto a ella llena nuestro mundo de magia. Los recuerdos de la infancia junto a una hermana nos llenan de risas y nostalgia y nos hacen sentir agradecidos por su presencia.

Debo decir que cuando éramos pequeñas con mi hermana solíamos pelear bastante (nada que otros niños no hayan hecho). Pero las riñas eran inocentes y en el fondo éramos cómplices, y estábamos unidas no sólo por la sangre sino por un recíproco sentimiento de fraternidad inquebrantable.

El amor de nuestros padres es clave

Siempre digo que el amor entre hermanos no es sino el paciente trabajo de mamá y papá. Un trabajo destinado a que los hermanos se amen para que crezcan siendo inseparables e indestructibles.

El amor de hermanos que fomentan nuestros padres es altruista y genuino. Ellos nos enseñan a amar a nuestra propia sangre y a defenderla por siempre. Y ese amor queda marcado a fuego.

Mi hermana, mi refugio

Aún recuerdo cuando solíamos ir al club de barrio con mi hermana y yo moría de vergüenza ante el hecho de hacer nuevos amigos. Ella era la mayor, y yo me sentía protegida y segura con ella.

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Aprendí mucho de mi hermana. Y aunque yo era la “estudiosa” de la familia y ella era más bohemia, uno nunca deja de aprender de quienes admira con el corazón. Y ella es foco de mi admiración.

Hoy, la vida nos encuentra nuevamente unidas luego de muchas idas y venidas. Pero nada ni nadie pudo separarnos, porque Dios supo marcarnos el camino para que siempre caminemos juntas en ese cariño fraternal que sólo conocen los hermanos.

Cuando pierdes a una hermana, parte de tu vida se va con ella

Mi madre tenía 14 años cuando perdió a su hermana de 18. Fue un fallecimiento trágico y doloroso y aún aparecen vestigios de tristeza y nostalgia en sus ojos cuando nombra a su hermana.

Aunque la vida de mi tía fue frugal, su corto paso enseñó cosas a mi madre -y a toda su familia- que quedarán impresas en nuestras raíces familiares. Escuchar sus dedicadas palabras hacia mi tía hicieron que yo crezca valorando aún más el hecho de tener a mi hermana cerca. De poder abrazarla y poder ver a nuestros hijos multiplicar ese cariño.

No dejes nunca apagar la llama

Si has tenido roces en la relación con tu hermana nunca es un mal momento para dejar fluir ese sentimiento de amor que alimenta los bellos recuerdos que tienen en común. Llámala, pídele perdón o perdónala. Prioriza los buenos sentimientos y deja que renazca en ustedes ese cariño que se tienen desde pequeñas.

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Tu hermana es prueba de que Dios no quería que estuvieras sola en esta vida. Y no hay nada más bello que alimentar ese cariño y esa cálida llama, para que nunca se apague.

Comparte este artículo con tu hermana, para mostrarle cuánto la amas y cuán agradecida te sientes de tenerla en tu vida.

 

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.