Mi hijo no para de hablar, ¿es normal?

Un pequeño que aprende las habilidades sociales necesarias puede llagar a ser un buen conversador y lograr muchas oportunidades en su vida.

Emma E. Sánchez

Como madres dedicamos tiempo, paciencia y muchas esperanzas para que nuestros hijos pequeños aprendan a hablar y celebramos con “bombo y platillo” cada pequeño avance que ellos hacen. Y cuando finalmente dicen una palabra, ¡para nosotros es llegar a la meta tras un maratón!

Para saber cuándo es normal que nuestro hijo comience a hablar o cuándo debemos preocuparnos si tarda en hacerlo, comprendamos un poco más cuáles son las etapas de desarrollo del lenguaje:

Etapa Pre lingüística

Ocurre durante todo el primer año de vida de tu bebé. Aquí el llanto es la forma primaria de comunicación, luego tu pequeño desarrollará la llamada “sonrisa social” que te cautivará, luego el balbuceo, que podríamos llamarlo, “las pruebas de sonido”, porque aquí es donde muchas madres detectan algún problema en el aparato bucofonador del niño, como podría ser desde una malformación, hasta mudez o sordera.

A partir del octavo o noveno mes podrás distinguir que tu hijo acompaña los balbuceos con señales, que es la primera gran muestra de comunicación. De esta manera, muchas de sus necesidades se irán satisfaciendo.

Hacia el final del primer año, los niños ya son  capaces de hacer “cadenas silábicas” , de los fonemas bilabiales más primarios /b/ /p/ /m/, por ejemplo, que en cuestión de semanas se transformarán en papá o mamá.

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Las primeras palabras

Entre el primer y segundo año tu hijo aumentará su vocabulario de manera increíble. Comenzará también las holofrases, que son aquellas palabras que en realidad son dos, por ejemplo: “akita”, cuando lo que quiere decir es “Aquí está”

El vocabulario de un niño en esta etapa puede ser tan rico como su medio social sea, esto es, que entre más palabras su familia use con él, el pequeño podrá adquirir una mayor riqueza.

Luego, los pequeños comenzarán a usar  pequeñas frases como “no me gusta”,  “no quiero” “dame pan” “quiero mamá” o “tú no”.  Comienzan los juegos  simbólicos y de roles donde practican todas las palabras que han escuchado.

De los 4 hasta los 6 años los niños perfeccionan su lenguaje, modelando tiempos verbales, creando interacciones sociales más complejas, articulando todos los sonidos de su idioma y aquí comienzan las pesadillas de muchas madres cuando sus hijos ¡ya no paran de hablar!

A los niños les gusta hablar

Especialmente a los más pequeños cuando algo les emociona, pueden hablar sin parar. Esto se va corrigiendo poco a poco conforme van entendiendo la práctica social de platicar con otros.

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Y ¿sabes? Hablar tanto puede llegar a ser una gran habilidad social, y  un buen conversador siempre es bienvenido, pues nunca le faltarán oportunidades en la vida.

Los niños que pueden saben platicar pueden ser muy agradables, tener buenas notas escolares y hacer amigos, sin embargo, cuando un niño habla demasiado o no sabe conversar adecuadamente puede generar exactamente lo contrario.

¿Por qué los niños hablan demasiado?

Una de las razones por las que un niño habla demasiado o sin parar, puede deberse a que se sienten estresados, no saben cómo calmarse y entonces no dejan de hablar y hablar. Los niños tímidos pueden sentirse ansiosos en situaciones sociales y en lugar de callarse, comienzan a hablar sin parar.

Otra razón puede ser que no se le ha enseñado con claridad al niño a captar las señales sociales, como el lenguaje corporal y las expresiones faciales de nuestros interlocutores para saber si les interesa nuestra plática, quieren saber más, quieren decir algo, o si ya se aburrieron de escucharnos.

Una más puede ser que nuestro hijo tenga alguna dificultad para autocontrolarse, si se trata de un pequeño que sea impulsivo, seguramente le costará frenarse aún cuando sabe que está hablando demasiado.

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Ahora, ¿cómo ayudamos a rgularlo?

Hablar sin parar no solo se refiere al tiempo que un niño habla o conversa del mismo tema, también es importante identificar cuándo,  dónde, qué hablan o con quién les pasa.

Los niños que tienen dificultades para dejar de hablar podrían hablar en momentos o lugares inapropiados; hablar y hasta alzar la voz para hacerse escuchar cuando otras personas están hablando (pasa por ejemplo, con el maestro en la escuela), cuando acaparan la conversación con sus iguales o mayores y hasta ofender o molestar a quienes les escuchan por decir algo inapropiado, o lo que se les viene a la mente sin pensarlo.

Una señal inequívoca de que ya hay un problema es cuando tu hijo recibe burlas, rechazo  o insultos por no poder dejar de hablar o decir cosas inapropiadas.

Si alguna de estás características te suena familiar, te invito a estudiar y revisar las características del TDAH.

El autocontrol

Decimos que un niño tiene dificultades con el autocontrol cuando también tiene dificultades para esperar su turno, frustrarse o rendirse fácilmente, no tolerar críticas u observaciones, seguir haciendo berrinches aunque la mayoría d ellos niños de su edad ya superaron este tipo de comportamiento o cuando normalmente son demasiado activos o inquietos.

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Si tu hijo tiene varios de estos comportamientos, es necesario comenzar a trabajar con la identificación de sus emociones,  técnicas de relajación, juegos de roles para simular situaciones donde pueda practicar el detenerse y poco a poco aprender a autoregularse.

Otras maneras de ayudar a los niños que hablan mucho

Si tras revisar todas las razones anteriores y ninguna coincide con la situación de tu hijo, entonces puedes hacer lo siguiente:

Enseñarles a ofrecer una disculpa diciendo: “Te interrumpí, lo siento, a veces me gana la emoción ¿qué ibas a decir?” y luego guardar silencio y permitir que la otra persona hable.

Tomar el tiempo para platicar:  Pueden comenzar a practicar hablar por turnos, un minuto por persona y luego bajar los tiempos. Diviértanse y practiquen hacer una señal para detenerse. Hacer esto, de una manera agradable, ayudará a que en situaciones futuras puedas hacerle la señal para que se detenga y no se sienta mal porque se le detiene.

En estos ejercicios  que se hacen en la confianza del hogar, pueden servir de mucho para simular situaciones, practicar qué decir así como la entonación y hasta el lenguaje corporal.

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Hacerlos en familia y de manera alegre, hace una gran diferencia en la vida de ellos niños (y de toda la familia).

Los elogios

Cada vez que tu hijo se esfuerce por autocontrolarse, ofrecer una disculpa por interrumpir, invitar a otro a hablar o hablar poco tiempo, haz un elogio breve y sincero y por supuesto, refuerza esa buena conducta con un abrazo, un beso o una caricia.

El amor y la paciencia hacen milagros. Toma todos estos consejos y ayudarás a tu hijo para toda su vida.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.