Nadie te cuidará la espalda como mamá, ámala mientras esté viva

El corazón de una madre late fuera de su cuerpo desde el momento en que su hijo nace.

Fernanda Gonzalez Casafús

«Mi madre»

Nos dió con toda el alma, como el árbol da ramas

y como el nido pájaros: y ahora, sin querer,

llora cuando nos tiene, llora cuando nos vamos

y llora de alegría cuando nos vuelve a ver. (José Pedroni)

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No puedo imaginarme la vida sin mi madre. Conforme pasa el tiempo, más aprecio su presencia, sus consejos y su sabiduría. Nuestras discusiones a veces nos hacen aprender mutuamente y no hay nadie en la vida con quien me sienta más cómoda que con ella.

Me conoce más que mi propia sombra. Con ella puedo ser yo misma y ella es la que más me escucha atentamente. No me juzga nunca y su mirada de orgullo hincha mi pecho y me impulsa a seguir conquistando mis metas.

Cree más en mí que en ella misma. Y hace cosas por mí que ni por ella haría. Ha sido una buena madre, y es a quien siempre recurro cuando una idea me da vueltas en la cabeza y necesito una opinión. No siempre estoy de acuerdo, pero es tan empática y comprensiva que me siento en total libertad de tomar mis propias decisiones sin culpas (y eso, como hija, es mucho).

Incluso cuando todos se hayan ido, es tu madre quien se quedará

Así como María acompañó a Jesús en la cruz, es tu madre quien estará a tu lado a pesar de todo; aún cuando no lo merezcas. Cuando hayas cometido un error, cuando estés hundido en la tristeza, es ella quien estará firme cuando todos se hayan ido.

“Ámame cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”, frase que las madres parecen conocer a la perfección. Ellas luchan para que la vida de sus hijos sea mejor que la suya. Sueñan con que sus hijos logren sus metas y sean aún más felices que ellas. Las madres estarán allí cuando todo sea oscuridad, pues para ellas no hay amor más grande que el que sienten por sus hijos.

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Las madres que lastiman han sido lastimadas

Si has llegado hasta aquí pensando en aquellas madres que no encajan en absoluto con la descripción de una madre bondadosa y atenta, es menester destacar el hecho de que aquellas personas que lastiman es porque han sido lastimadas.

Existen madres que han tenido infancias tristes y dolorosas, y luego, al ser madres, tienen dos caminos: o repiten la historia, o la reivindican. Así, vemos cuántas madres maltratan a sus hijos porque han sido maltratadas, y cuántas -por la misma razón- jamás lo harían con sus hijos.

No pretendo juzgar ni justificar a nadie, pero arrojar una mirada empática sobre algunas madres puede acercarnos más a la explicación de algunas conductas que calan hondo en la vida de muchas personas y las marcan para siempre.

Conocer nuestra historia, decodificar nuestro árbol genealógico, y aceptarlo, puede ayudarnos a encontrar el camino hacia esa madre que queremos ser para nuestros hijos.

Un vínculo indestructible

El vínculo madre hijo es el más importante del desarrollo humano. Aunque en los seres humanos el “instinto maternal” no existe como en los animales, el apego que sentimos hacia nuestros hijos es tan intenso que daríamos la vida por nuestros hijos sin pensarlo.

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El vínculo afectivo de una madre con su hijo no nace milagrosamente, por más romántico que nos parezca, sino que se crea. Es nuestra decisión aceptar construirla y fomentarla. Y cuando ello sucede, no hay nada que pueda romper ese lazo.

Hasta los 8 meses de vida, aproximadamente, un bebé no se reconoce como un ser independiente sino como una extensión del cuerpo de su madre. Y si eres madre, seguramente estarás de acuerdo en que más de una vez también has pensado que tu bebé era una extensión de tus brazos. 

Y así vamos creciendo, siempre en sus brazos 

Hasta que un día, mamá decide soltarnos suavemente, pero caminar a nuestro lado, en silencio muchas veces, o aportando su voz, en otras. Nadie nos cuida la espalda mejor que ella, que nos acunó en su vientre y sabe cómo late nuestro corazón. 

Es mamá la que está allí cuando lloramos, cuando nos engañan, cuando nos defraudan, cuando la vida nos desilusiona. Es mamá la que siempre nos apuntala y es su mirada un alimento constante para nuestro espíritu.

Ámala mientras viva

No esperes a recordarla a través de una foto. El momento es hoy. A pesar de sus diferencias, de sus formas tan distintas de pensar, de todo lo que discuten acerca de aquello en lo que no acuerdan. Amen sus diferencias y aprendan mutuamente.

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Atesora cada momento con ella, dedícale tiempo y sé paciente, como ella lo fue contigo cuando te enseñó a caminar o a decir tus primeras palabras. No la abandones, no te ofusques si con el tiempo se pone lenta o repite las mismas cosas, y sobre todo, no dejes de amarla con el corazón limpio y sincero.

Porque nadie te cuidará la espalda como mamá. Y no hay nada más lindo en la vida que tenerla junto a ti.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Nacida en Argentina y mamá de dos, ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.