No eres responsable de la felicidad de los demás, pero sí de la tuya

La felicidad de quienes amas es importante, pero también lo es tu paz mental.

Erika Patricia Otero

Todos los seres humanos buscamos ser felices. Es más, podría decirse que la felicidad es la meta máxima de todo ser humano.

Cómo se logre y lo que te haga serlo ya dependerá de ti. Y es justamente acá donde muchas veces hay una gran distorsión, y puede tomar mucho sentido el viejo y conocido refrán que reza: «De buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno«.

Te preguntarás a qué me refiero; pues bien, a que muchas veces nos sentimos responsables de la infelicidad o felicidad de las personas que amamos. Actuar a favor de que un hijo o la pareja sea feliz, puede estar lleno de las mejores intenciones, pero no podemos negar que no hay nada más contraproducente que esto ¿Por qué? Pues simple: te estás echando a cuestas una responsabilidad que no te corresponde y los muchos dolores de cabeza que vienen con esto.

Es normal que una persona quiera cuidar a quienes ama y procurar que nada malo le ocurra, o que desee librarlo de todo sufrimiento; nada de malo hay con ello, excepto cuando no sabe poner límites a esa preocupación y se vuelve alguien complaciente, débil y permite que los demás le abusen al punto de la ansiedad.

La felicidad de los demás no es responsabilidad exclusivamente tuya

La mayor razón para dejar de preocuparte por la vida de los demás o de hacerte cargo de la felicidad de otros, es porque cargas con una responsabilidad que no te corresponde; porque daña tu salud y porque debes dejar que las personas vivan su propia vida y asuman las responsabilidades de sus actos.

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Si no le permites a tus seres amados vivir y aprender, les estarás quitando la posibilidad de evolucionar y madurar.

Pero… solo quieres evitar dolor y conflicto

Y volvemos a lo mismo, aunque sean buenas intenciones, no siempre dejan algo bueno a las partes involucradas. Es verdad que ver triste a quienes amas es doloroso, eso no hay que negarlo, pero tratar por todos los medios de que otros sean felices trae tanta ansiedad como el hecho de querer con todas tus fuerzas evitar conflictos.

Lo peor es que es un ciclo de nunca acabar por varias razones:

-Asumes una carga que no te corresponde.

-Las personas se descargan en ti y te culpan si las cosas no salen como esperaban.

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-Vives con temores continuos por lo que «podría ser».

¿Qué «ganas» cuando eliges responsabilizarte de la felicidad de otros?

Lo que se busca es calmar tus altos niveles de ansiedad por la necesidad de ser agradable ante los otros y así evitar problemas.

Una persona que sufre de ansiedad por lo general está preocupada más por las cosas que podrían ser. Hay que tener presente que la ansiedad es un mecanismo de defensa adaptativo que te ayuda a mantenerte alerta de las situaciones que puedan parecer amenazas.

Algo interesante es que al ser un mecanismo de adaptación, todos lo experimentamos, llevándonos a escapar, protegernos, o a afrontar de una mejor manera la situación que genera estrés. La situación es que a algunas personas se les sale de control, y cuando esto ocurre pues se vive en un estado de ansiedad constante que agobia al punto de hacer la vida diaria un reto.

Lo anterior es lo que sucede cuando quieres hacer felices a las personas: evitar el conflicto y así librarte de estrés.

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¿Cómo dejar de hacerte cargo de la felicidad de tus seres queridos?

Tratar la ansiedad generada por la necesidad de hacerse cargo de la felicidad de los demás, requiere de tratamiento psicológico. La razón es que se trata de una serie de pensamientos, sentimientos y conductas que están estrechamente conectados y generan la sensación de ansiedad.

La terapia que por lo general se usa es la Cognitiva conductual, esta ayuda a la persona a «re-aprender» a enfocar sus pensamientos, sentimientos y comportamientos para reducir la ansiedad que nace de asumir una responsabilidad que no te corresponde.

Apoya a los demás, pero también piensa en ti

Pensar en ti mismo, aunque en un principio te parezca un acto de total egoísmo, no lo es. Es natural que al inicio de la terapia te parezca difícil enfrentar esos pensamientos y sentimientos que surgen por la necesidad de hacerte responsable de la felicidad de los demás, pero debes poner fuerza de voluntad para enfrentarlos, y en lugar de preocuparte solo por los demás, empezar a cuidar de ti mismo.

El mejor momento para hacerlo es justo cuando te agobia la sensación de ansiedad: en lugar de preocuparte siempre solamente por los otros, asume la responsabilidad que tienes sobre tu propia persona.

Juzga qué tan apropiados es asumir preocupaciones por la vida de tus hijos (por ejemplo) y sus fallas ¿Son reales o son infundadas?

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Después de que llegues a una conclusión acertada sobre el tema, procura hacerte consciente de que no puedes asumir la responsabilidad total por la felicidad de otros. Es necesario que internalices que no importa cuánto hagas por los demás, la felicidad constante no existe y escapará siempre de ti la posibilidad de hacer felices a los demás.

Ahora, lo que debes hacer es redirigir tus acciones. Primero, procurar cuidado e interés por ti mismo; luego, hacer que tus acciones, en lugar de estar dirigidas a ser agradable ante los otros tratando de hacerlos felices pese a tu paz mental, estén destinadas a apoyarlas sin sacrificarte a ti mismo.

Esta técnica, aunque es mejor si es aplicada con la ayuda de un terapeuta, no te impide tratar de ponerla en práctica por ti mismo; en última instancia, los tratamientos psicológicos solo funcionan si el paciente pone manos en acción a lo que el terapeuta le sugiere.

Es bueno que te preocupes por el bienestar de tus seres queridos, pero es hora de que también te enfoques en amarte a ti mismo. Y hoy es un buen día para comenzar ¡Adelante!

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.