No presiones a tu hijo, él aprenderá a su ritmo

Los expertos alertan acerca del grave daño de presionar a los niños a aprender cosas para las que aún no están listos.

Fernanda Gonzalez Casafús

Como madre orgullosa, puedo decir que mi hija aprendió a leer a los 5 años. Muchos me preguntan cómo aprendió tan rápido. No hubo ninguna presión de nuestra parte, sino que la motivación vino dada por su propia inquietud acerca de los libros y la escritura.

Siempre seguí su ritmo, y fue ella quien me fue diciendo cúando quería sentarse a escribir. Así, juego tras juego, fue aprendiendo las letras, y hoy lee todo lo que se le cruce.

Mi hijo menor, quien tiene 4 años, escribe ya su nombre, y con él se repitió la misma situación. Viendo a su hermana escribir, quiso también aprender y hace toda clase de garabatos que se asemejan mucho a las letras.

Cada uno a su ritmo, y respetando sus tiempos, pero escuchando sus necesidades y deseos. En otros aspectos, por ejemplo, no fueron tan precoces. Mi hija tardó bastante en dejar los pañales, y mi hijo en dejar el pecho. Sin presiones, y tratando de que nada sea forzado, para que su niñez transcurra de la manera más feliz posible. Así lo queremos todas las mamás.

Forzar el aprendizaje los hiere

Vivimos en una sociedad sesgada por la competencia. Es natural que nuestros hijos sean competitivos desde muy temprana edad, cuando somos los adultos quienes marcamos ese ritmo.

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Forzarlos a aprender cosas para las que aún no están listos no solo los perjudica sino que les deja una herida emocional. Cuando forzamos a un niño a aprender algo, le estamos dando un mensaje dual, le decimos que él puede hacerlo, pero a la vez que no respetamos su tiempo.

Esa presión trae consecuencias a nivel emocional y físico. Los expertos explican que el cerebro de los niños está adaptado para aprender cada cosa en su justo tiempo. Es decir, que cada niño tiene su tiempo de maduración y esto es crucial para no caer en la tentación de comparar a nuestros hijos con los demás.

Francisco Mora, Doctor en Medicina y Neurociencias, explica que cuando intentamos que un niño aprenda a leer y escribir antes de que él manifieste deseos de hacerlo, o antes de que su cerebro esté desarrollado para eso, sólo haremos que el chico sufra.

Lo que sucederá, es que el niño relacionará el dolor y sufrimiento que le causa el gran trabajo de aprender algo para lo cual no está preparado, y eso lo recordará para siempre, haciendo que el aprendizaje sea un proceso doloroso y negativo.

Cada cosa a su tiempo

El catedrático asegura que el cerebro de un niño no está preparado para leer antes de los 7 años, aproximadamente, según cada niño. Cuando un adulto lo compara con otros niños o lo fuerza, solo hace que el mismo se sienta abatido, frustrado y con baja autoestima.

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Que un niño no sepa leer, o sumar y restar a los 6 o 7 años no lo hace mejor o peor que otro niños. Si los adultos comprendiésemos más que los niños necesitan un tiempo prudencial y personal para desarrollar sus habilidades, notaríamos cuánto más libre y rápido aprenden cuando no hay presiones forzosas ni dolorosas.

Consecuencias de forzar a los niños

Cuando forzamos a los niños a realizar tareas o adquirir conocimientos para los que no están preparados, las consecuencias emocionales pueden ser muchas.

– Baja autoestima
– Frustración
– Descontento
– Ira reprimida, actitudes violentas

Aprender con emoción

Como padres, debemos estimular a nuestros hijos y darles la motivación suficiente para aprender, pero sin presionar. ¿Y cómo podemos hacerlo? A través de la emoción.

El aprendizaje requiere de varias etapas para concretarse: motivación, atención, fabricación del conocimiento, organización de lo aprendido, memorización y evaluación. Cuando todo ello es atravesado por la emoción, los resultados son exitosos.

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¿Qué es aprender con emoción? Todo lo que recordamos en nuestra vida está atravesado por grandes emociones. Si recuerdas algún profesor de tu infancia o alguna clase de ciencias en particular, seguramente sea porque alguna emoción ha sido puesta en juego.

Los niños que aprenden a través de las emociones adquieren mayores conocimientos y los arraigan a su cerebro. Por ello es tan importante aprender jugando, cantando, y haciendo cosas que al niño le genere placer.

Ayuda a tu hijo a aprender, sin forzarlo

En este punto te preguntarás cómo ayudar a tu hijo, y cómo revertir el daño de la presión que has puesto sobre él en algún momento. La solución pasa por escuchar cada día más a nuestros hijos sin dejar de poner el foco en la motivación para el aprendizaje.

El contacto con la naturaleza, los deportes, la socialización con otros niños, y el buen descanso, son factores cruciales para que el niño aproveche la potencialidad de sus habilidades, según su ritmo de maduración.

Cada niño aprende a su tiempo, y cada uno de ellos es especial. No pongamos etiquetas ni caigamos en la tentación de forzarlos a ser alguien o algo para lo cual aún no están preparados. La niñez es una etapa maravillosa que debe vivirse con total plenitud.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es argentina y mamá de dos. Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.