No quiero enojarme tanto, pero es más fuerte que yo

Si hay enojo, hay algún mensaje para ti que habrá que escuchar para poder aprender para mejorar tu vida. ¿Te enojas muy a menudo?

Danitza Covarrubias

Cuando hablamos de emociones generalmente hablamos de las positivas y negativas; pero podríamos estar en un error. En realidad, todas las funciones son positivas, no hay nada de malo en sentir ninguna de ellas, pues todas tienen una función específica, y cada una suma a la finalidad que tienen todas: sobrevivir.

Las emociones no son voluntarias; y de hecho es lo que nos hace ser como animales, puesto que es una reacción biológica a partir de las sustancias que se segregan en nuestro organismo. Lo que reflexionamos, creemos, y hacemos con esas emociones son lo que hará que cumplan o no su función.

Dentro de esas emociones que no queremos sentir, está el enojo. Pensamos que está mal estar enojados. Socialmente cuando alguien se enoja nos da temor, o incluso lo tachamos de “enojón” y nos alejamos.

Sin embargo, es importante poder darle al enojo un lugar en nuestra vida. En primer lugar, nombrarlo podrá dejarnos decidir qué hacer con él de una manera más consciente. Para ello, te comparto algunos puntos importantes respecto a esta emoción.

La función del enojo

El enojo por lo regular genera fuerza. El torrente sanguíneo aumenta, así como el flujo de la adrenalina. Ambas acciones corporales ayudan a emprender acciones vigorosas. Esto es como una preparación del cuerpo para el ataque ¿Para que? Para defender y proteger su propia vida; poniéndolo en un caso sencillo: como la molestia de alguien que constantemente me dice comentarios desagradables, nos da la fuerza para poner un límite. Defendernos y hacer claro que no permitiremos más aquello.

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Lo permitido en el enojo

Esto no quiere decir que esa fuerza del enojo me de permiso para golpear, o violentar al otro, algo que los animales hacen naturalmente. Se supone que como humanos podemos dirigir de manera más civilizada el enojo, y eso nos distingue. Podrías decirme «gritándole a mi esposo no lo daño». Pero esto es un error, puesto que con los gritos lastimamos los oídos de los demás, además de activar el centro neuronal del miedo.

Es por esto importante poder gestionar nuestro enojo de manera más saludable. Con el enojo podemos, gritar, golpear almohadas, cantar a pulmón abierto, hacer ejercicio, incluso hablar con la persona en cuestión. Lo que no es sano es dañarse a sí mismo, dañar a los demás, dañar los objetos.

Perdido en el enojo

En algunas ocasiones me han compartido algunos pacientes que se sienten muy enojados, sin saber qué les sucede. Tal vez tú hayas estado o estés en algunas de las siguientes situaciones:

Sentimientos adoptados

Puede ser que ese enojo no sea tuyo. Pudiera ser que generaciones atrás haya habido en la historia muchas personas sintiendo enojo, sin poderlo expresar y teniendo que someterse a su realidad para sobrevivir. Tal es el caso de muchas esposas que vivían abuso de sus esposos, y sentían rabia e impotencia, pero nunca pudieron expresar, mucho menos solucionar su situación.

Luego entonces nos encontramos con muchas mujeres que son muy intolerantes con un esposo que no es para nada abusivo. En realidad, adoptan el enojo de sus mujeres anteriores, la expresan en lugar de ellas. Al fin, este sentimiento está teniendo salida del sistema. Sin embargo, no es hacia la persona adecuada, y aquí va otra situación que generalmente acompaña esta.

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Sentimientos transferidos

A veces nos enojamos y recalamos en alguien que no tiene nada que ver con la situación; o con alguien que por un pequeño y diminuto error sufre la consecuencia de una rabia desproporcional. Esto tiene que ver con que muchas veces un porcentaje del enojo es real, y nos corresponde.

Sin embargo, otro gran porcentaje puede venir de historias anteriores en el sistema familiar, y que terminamos pagando la factura ajena. Tal es el caso del ejemplo anterior, donde un hombre amoroso con su esposa termina padeciendo su furia por consecuencia de abuso a mujeres anteriores. Esto tampoco es casualidad, este hombre termina también pagándolo en el nombre de otros hombres que abusaron en su sistema familiar anteriormente, aunque él no sea abusador.

El enojo acumulado

Otra de las posibilidades, y que es bastante común, tiene que ver con esta misma intolerancia y desproporción de la expresión del enojo. Pero en este caso, tiene que ver con las miles de veces que reprimimos el enojo. En este tipo de situaciones es como un costal donde vamos guardando piedritas y piedritas, pero de pronto este costal ya no puede contener más. Se ve rebasado por el peso, y por tantas piedritas guardadas.

De pronto, todo el costal se revienta, y todas las piedras caen encima de la persona que nos coloca la última piedrita que ocasiona que se rompa el costal. Esto hace parecer que la persona que está enojada está loca, que es desproporcional su enojo por lo sucedido. Y en parte es verdad. Sin embargo, también es cierto que hay muchas piedras que no fueron procesadas y terminan surgiendo en ese último evento.

Posibles soluciones

Es importante entonces, ante el enojo, poder aprender a expresarlo adecuadamente, poder revisar las historias de enojo en nuestra familia. Mirar cómo se expresa o no el enojo en nuestra familia. Mirar si hay enojos ajenos que vamos cargando. Poder expresarlo con la persona adecuada, es decir, con la que tiene que ver con mi enojo. No con otras personas que no tienen nada que ver, y que lamentablemente, suelen ser los hijos.

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Y por último, no dejar acumular tanto enojo. Ir gestionando cada momento de enojo en el presente. De esta manera, no habrá explosiones rabiosas, difíciles y dolorosas para ambas partes; sino que habrá diálogos incómodos, pero que pueden llegar a soluciones. Usa tu enojo para beneficio, para solucionar la situación que causa esa emoción. Seguramente, si hay enojo, hay algún mensaje para ti, que habrá que escuchar para poder aprender y mejorar tu vida.

 

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Danitza Covarrubias

Danitza es originaria de Guadalajara, Jalisco, en México. Licenciada en psicología y maestra en desarrollo transgeneracional sistémico, con certificación en psicología positiva, así como estudios en desarrollo humano, transpersonal y relacional. Psicoterapeuta, docente, escritora y madre de 3. Firme creyente que esta profesión es un estilo de vida.