Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan

Orar es bueno, pero actuar en ayuda de quien lo necesita es aún mejor.

Erika Patricia Otero

Cualquier barrio residencial del mundo cuenta con mujeres sumamente devotas que suelen ir a diario a la iglesia. El cuento que leerás a continuación relata la historia de una de estas mujeres.
Esta mujer, cada mañana iba a la primera misa que se impartía en la iglesia de la comunidad donde vivía. En el trayecto de su casa hasta la iglesia se encontraba por el camino con personas en situación de calle que pedían ayuda o algo de comida para pasar el día, pero ella iba tan concentrada en sus oraciones que pasaba de largo y no se tomaba la molestia de voltearlos a ver.
Una mañana en particular, después de haber caminado todo el trayecto acostumbrado llegó hasta la iglesia; sin embargo, al llegar se dio cuenta que la puerta estaba cerrada.
Por más que golpeó y la empujó, la puerta no se abrió. Así siguió por largo rato, pero por más que insistió no obtuvo respuesta. Triste porque esa mañana no podría entrar a la iglesia por primera vez en muchos años, se encontró sin saber qué hacer.
Luego de un rato de estar cabizbaja, levantó la mirada buscando una respuesta. Fue entonces cuando ahí frente a sus ojos notó lo que minutos antes no había visto. Era una nota clavada en la madera de la puerta que decía: «la respuesta no está aquí adentro, está en el trayecto».

«Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan»

La frase con la que doy inicio a este párrafo puede sonar bastante estricta; sin embargo, no deja de ser cierta.

Puede suceder (la fe es maravillosa), que una oración hecha con buena intención surta el efecto necesario y solucione un problema inmediato; pese a eso, las cosas resultan mejor cuando actúas como respuesta y calmas el sufrimiento del necesitado.

Sí, a veces no nos damos cuenta que somos la respuesta a la plegaria de alguien. Pasa que a veces estamos tan ensimismados en nuestra plegaria que no nos fijamos en la necesidades de las personas a nuestro alrededor.

Nada de malo hay en ello si pasa una o dos veces, pero ¿qué me dices si solo pasas tu vida solo orando para que todo lo haga Dios por medio de tu fe y no actúas? Es sumamente positivo orar y tener fe, pero también debes ser hacedor de obras, tal y como se nos mandó.

Somos seres humanos con la capacidad mental y moral de hacer el bien y de ayudar a nuestro prójimo. Por algo dice la escritura:

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Mateo 22:36-40

36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

38 Este es el primero y grande mandamiento.

39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

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Entonces, ¿no crees que una manera de demostrar amor al prójimo es ayudando en sus momentos de necesidad?

No dar lo que te sobra, sino de lo que tienes

Yo no pretendo darte lecciones de moral, pero si algo sé por cuenta propia es que aunque recibir es maravilloso, hay un acto superior a este, y es dar.

Pero no se trata de dar lo que te sobra, eso cualquier ser humano lo hace. El quid del asunto radica en dar lo de lo que tienes. No es complicado y no alcanzas a imaginar lo gratamente beneficiado que tú o tus seres queridos pueden salir.

Hubo un tiempo en el que con mi familia fuimos miembros de una iglesia. Para aquel entonces nuestra situación económica no era muy boyante que se dijera; sin embargo, cuando se le pidió a mi madre dar alimento a dos jóvenes misioneros que venían de otro país, ella no lo dudó.

Por años mi madre alimentó a jóvenes que un solo día a la semana venían a almorzar a nuestra casa. Mi madre se esmeraba por darles un buen plato de comida a sabiendas que quizás sería el único buen plato que podrían comer al día. De esa manera, conocimos jóvenes de muchos lugares del mundo que nos enseñaron una forma diferente de ver la vida.

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Pasó un tiempo hasta que yo fuí a vivir al extranjero. Lo que viví fuera de mi país y en completa independencia fue por partes iguales liberador y difícil. Sin embargo, quizás porque mi madre fue desinteresada al momento de servir, o tal vez porque dio más de lo que teníamos, jamás pasé hambre o viví en la calle.

Hoy,si algo sé, es que si puedo ayudar a una persona, de la manera que sea, lo haré.

Ora, pero también actúa

Las oraciones de las personas de buen corazón son escuchadas y atendidas. Ahora bien, imagina las grandes cosas que una persona que tiene fe logra cuando actúa y ayuda a las personas necesitadas.

Muchas personas en el mundo oran con fe a Dios por las necesidades de quienes le rodean. A la vez, piden tener su mente clara para encontrar a quienes necesiten su ayuda. De esa manera prestan servicio cuidando enfermos y donan su tiempo para cuidar ancianos. Otras personas eligen dedicar parte de sus salarios en alimentar a las personas y animales sin hogar.

No se necesitan grandes sumas de dinero, solo la voluntad de querer ayudar -por ejemplo- a un vecino que por problemas de salud no puede salir a limpiar su jardín. También puedes alimentar a un animal sin hogar. Puedes también dar alimento a alguien en necesidad. Hay cientos de formas de ayudar a los necesitados; solo recuerda: Orar es bueno, pero actuar en ayuda de quien lo necesita es mejor a los ojos de Dios.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.