Para obtener paz en tu familia y en el mundo, urge que los padres hagamos esto

El mundo y nuestras familias no viven en paz. En parte, porque tú y yo no sabemos hacer una guerra interior y dominar nuestro temperamento.

Marilú Ochoa Méndez

El escritor romano Vegecio, del que conocemos solo lo que nos han legado sus escritos, dejó a la posteridad su frase: «Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum», que significa “Quien, pues, desea la paz, prepárese para la guerra”.

Su sentido literal es obvio, y ha sido retomado por generales, países y políticos. Se ha incluido en series, películas e incluso canciones. Sugiere, en su sentido literal, que los hombres que desean mantener la estabilidad política, deben estar listos para defenderla en primer lugar.

Pero de esta máxima puede inferirse toda una propuesta de desarrollo humano que hoy en día, urge en nuestro mundo atormentado por la guerra, el egoísmo humano, la inseguridad y el individualismo, y es este último sentido el que te invito a reflexionar.

La paz requiere de la guerra, ¡es cierto!

San Josemaría Escrivá de Balaguer, gran sacerdote español, parafrasea este dicho romano y nos invita a redescubrirlo: ¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha. Sin lucha no podré tener paz” (Camino, 308).

Es que, ni tú ni yo, deseamos más conflictos. Save the Children, en su informe del 2020, nos dice que “actualmente, la cantidad de niñas y niños que viven en zonas de conflicto de alta intensidad asciende a la alarmante cifra de 149 millones, casi cuatro veces la cantidad de niños y niñas que viven en México“. ¡Es terrible!

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El Sistema Nacional de Seguridad Pública en México (SNSP), registró entre 2020 y mayo de 2021, más de 300.000 casos de mujeres que sufrieron violencia, cuyas condiciones se intensificaron debido a la pandemia del COVID19: “La Red Nacional de Refugios reporta que tan solo en los primeros cinco meses de 2021, al menos 13.631 mujeres huyeron de casa con sus hijas e hijos debido a la violencia que enfrentaban. Los datos sobre la violencia que experimentan las familias: “se reportaron 106.603 casos de violencia familiar. Mientras que en todo 2020 se registraron 220.031, que es la cifra más alta desde 2015”.

Esta situación mexicana, es tristemente replicada en Hispanoamérica. Desafortunadamente, la violencia es una experiencia cotidiana en nuestro mundo.

Permitimos que suceda

Como vemos en las estadísticas citadas arriba, el núcleo de la violencia del mundo se gesta en la familia. ¿La solución? Que los padres, antes de ejercer la violencia, se hagan violencia a sí mismos.

¿Qué queremos decir con esto? Que un padre tiene la importante responsabilidad de autocontrolarse, de manera que ejerza su labor educativa de forma positiva, amorosa y consistente, pero en muchas ocasiones, se aprovecha su posición privilegiada: él es el adulto, él “manda”, él tiene dinero, para someter por la fuerza o maltrato a los pequeños y/o a su cónyuge.

Si tú y yo, aprendemos a hacernos violencia, quiero decir, a dominarnos, estaremos deteniendo este doloroso tsunami. y generando esos hijos amorosos, con paz y serenidad que tanto necesita nuestro mundo.

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Autodominio, una condición indispensable en los padres

Cuando el volcán de nuestro enojo hace erupción, arrasa a su paso nuestra autoridad, la seguridad de nuestros niños, su autoestima y resquebraja la armonía de nuestro hogar. Pero es difícil. A veces, a pesar de darnos cuenta de cómo nos daña a nosotros y a los que más amamos, nos encontrados atrapados en el laberinto de nuestro estrés y emociones desbordadas.

Comencemos por reconocer que el autodominio es la cualidad que hace a la persona sobreponerse a sus emociones, reacciones e impulsos, para dominarlas de cara a sus ideales y metas. ¡Qué maravilloso si tú y yo gestionáramos adecuadamente nuestros agobios, inquietudes y enojos! ¿Puedes imaginarlo? Dejaríamos salir la suficiente fuerza para corregir sin herir, para analizar sin juzgar, para educar sin lastimar.

Como toda habilidad o virtud, el autodominio requiere atención, esfuerzo y técnica, pero aprenderla y vivirla redundará en beneficios enormes para ti como padre o madre de familia, y para tus pequeños, pues ellos beberán de lo que tú vivas y promuevas. Lo mejor, es que la paz en tu crianza, en tu hogar, se reflejará en los ambientes en los que te muevas, y pronto podrá notarse externamente también esta valiosa labor.

Autodominio y su gestión

En el blog Psicología y mente nos comparten algunas técnicas muy valiosas para conseguir dominarnos, léelas con nosotros:

1 ¿Tienes claro lo que deseas cambiar?

¿Qué deseas? ¿Controlar tus arranques de ira?, ¿gestionar mejor el estrés?, ¿dejar de descargar con los pequeños o tu cónyuge tus frustraciones personales?, ¿dejar de herir con tus palabras?, ¿corregir amorosamente?. Reflexiona sobre lo primero que debes controlar para permitirte brindar tu amor incondicional a los tuyos.

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2 Reconoce que es necesario, y ten clara la meta

Imagina cómo cambiará tu entorno familiar, trata de ver vívidamente los ojos de tu hijo cuando tus correcciones sean vistas como una señal más de tu amor, que desea su felicidad, en vez de la lágrima de frustración de ese pequeñito cuando gritas sin ton ni son.

En los momentos duros, o cuando te enfrentes a tu costumbre de lastimar, es importante rescatar que -para conseguir la armonía y educar mejor- vale la pena el esfuerzo.

3 Trátate primero a ti con amor

Te das cuenta que has fallado a veces, ¡felicidades! El que estés leyendo esto es algo por lo que me encantaría aplaudirte. ¡Qué alegría! Pero tener ganas de mejorar no nos cambia en automático. Requerirás de esfuerzo, de levantarte de recaídas, y de muchos momentos de pedir perdón a los tuyos. ¡Está excelente!, no hay problema.

Pero primero, deberás reconocer que lo que has hecho, no ha sido porque seas “malo”, sino porque no tenías claro que tus pequeños son árboles que beben de la savia de tu ejemplo. Tal vez tus heridas emocionales o tus problemas laborales te cegaban a reconocer tus acciones poco constructivas, pero hoy estás aquí.

Buscar vencerte es un acto de amor. Deseas controlar el flujo de tu agua interior. Deseas que riegue, que refresque, no que arrase. Para ello, procura tener siempre en mente que es normal, entendible y esperado que recaigas, pero ahora que estás convencido, de cada caída te levantarás más pronto, y más fuerte.

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4 Ayúdate lo más que puedas

Coloca condiciones para que sea más sencillo controlarte. No creas que solo porque “eres padre” lo conseguirás. Aprende a respirar en momentos de tensión. Aprende a detenerte cuando sientas que el enojo burbujea en tu corazón o tu vientre.

Reconoce esos momentos y date oportunidad de serenarte. No confíes solo en tu voluntad o en tu ansia de mejorar.

5 Estudia, lee y practica sobre inteligencia emocional

Daniel Goleman escribió un tratado sobre el tema, pero existe información muy abundante en redes y librerías. Profundiza en esta habilidad: saber gestionar tus emociones y las de quienes conviven contigo. Será un apoyo invaluable en este proceso de mejora que añoras.

6 Reconoce la ineficacia de la violencia y el desborde

Procura recordar la vez que perdiste los estribos. Recuerda la mirada llorosa de tu pequeña, sus lágrimas o apesadumbramiento. Mantén esa imagen en tu cabeza, para que -en esos momentos difíciles- recuerdes la ineficacia de ese desborde.

Recuerda también cómo, cuando animaste a tu hijo, se animó a pedalear solo, y logró dominar la bicicleta, y te miraba emocionado por tu apoyo y motivación. ¡Siempre el amor y el buentrato construyen!

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7 Prepárate para esos momentos difíciles

Reflexiona con anticipación sobre qué puedes hacer cuando te sientas saturado: explicar a tus seres queridos que necesitas unos minutos, salir a correr, encerrarte en el baño unos momentos a escuchar una canción o a orar, pueden ser algunas tácticas.

Invita de paso a tus pequeños a ir notando qué situaciones los desbordan, ayúdales a que puedan tener también algunas ideas para gestionar sus emociones.

8 Establece “señales de alarma”

Ayuda a los miembros de familia a que mejoren el ambiente en casa con una clave compartida, en la que, por ejemplo, puedan decir “¡el semáforo casi llega a rojo!”, cuando noten que los hermanitos están alterados, o tú has dado una respuesta ruda.

9 Haz oración

El Señor nos ofrece Su paz, su ayuda y su amor. Regálate momentos en los que desnudes tu alma y tu vida ante Él, te llenarán de fuerza para violentarte, para vencerte, y construir de manera efectiva, la paz que tanto añoran todas las familias del mundo.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.