¿Qué puedes hacer para detener un berrinche de tu hijo?

Padres débiles u hogares sin límites y estructura, pueden ser algunas causas de los berrinches infantiles. Entérate cómo sobrevivir a un berrinche y formar a tu hijo sin violencia.

Emma E. Sánchez

Como pedagoga, me he especializado en conflictos familiares y la pregunta que con más frecuencia me hacen apenas saben mi experiencia es: ¿qué hago para que mi hijo deje de hacer berrinches?

Primero, debes saber que regularmente el berrinche es la manifestación de una necesidad física o emocional que aparece en edades tempranas y que por lo general, ya no debiera existir en niños mayores de siete años. Así que considerando lo anterior, vamos a revisar algunas de sus causas.

1. Necesidades físicas

Esta tal vez sea el área más fácil de atender, pues con satisfacerla, el niño detiene la conducta indeseada. Por ello, regañarlo, discutir o castigarlo, suele ser peor. El conocimiento que tengas de tus hijos y el tiempo que los has observado hace la diferencia. Veamos, pues, algunas necesidades físicas que pueden detonar un berrinche:

Enfermedad, sueño y cansancio

Cuando tu hijo está enfermo, procura ayudarlo a expresar sus malestares para que tú puedas ayudarle a aliviarlos en la medida de lo posible. Cuando se sienta exhausto, invítalo a ir a la cama, ayúdalo a relajarse y descansar.

Alguna híper sensibilidad

La híper sensibilidad suele ser algo que no reconocemos fácilmente y que puede manifestarse por algún sonido muy fuerte, estridente o que el niño no tolere. Pueden ser olores, ropa áspera y todo aquello que irrite cualquiera de sus sentidos. Observa, pregunta y actúa en cuanto aparecen las primeras señales de molestia; si dejas que explote la hipersensibilidad ¡tendrás un berrinche colosal!

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Como preparación de lo que sigue, puedes leer: Berrinches. ¿Mala conducta infantil o mal manejo paterno?

2. Necesidades emocionales

Esta área sí que es todo un reto, pues atiende directamente al desarrollo y formación emocional de tu hijo, del cual debemos estar muy atentos y procurar un sano desenvolvimiento integral. Vamos a revisar las siguientes emociones:

Frustración

Estos son los berrinches que aparecen cuando un pequeño no gana en un juego, por ejemplo. Enseñar a un niño a perder, a tolerar la frustración o perder sin rencores son cosas que no se enseñan cuando el berrinche aparece, ya que el niño está tirado gritando, jamás te va a escuchar, ni le interesa lo que dices. Esos principios tan importantes se enseñan en la vida diaria, poco a poco, con el ejemplo, hablando de los sentimientos que se viven y concientizando el cómo se reacciona.

Lucha de poderes

Una lucha de poder es cuando dos personas tienen puntos de vista o posturas totalmente diferentes y ninguna de las dos partes tiene intenciones de ceder. Es algo así como ver quién gana o quién puede más. Y, aunque parezca ilógico, algunos padres se ponen “como niños” a discutir con sus hijos y de repente ya no se sabe quién es el que está haciendo el berrinche, si el hijo o el padre.

Cuando no se hace lo que el niño quiere, hay berrinche, cuando no se le da lo que él quiere o de la manera que lo quiere, hay berrinche e inicia la lucha por ver quién manda a quién.

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Relee: 7 maneras sencillas de rescatar los buenos hábitos familiares.

3. El niño está midiendo los límites establecidos o a los padres

Nuevamente, el conocimiento que tengas de tu hijo y el tiempo que lo observes para saber cuáles son sus reacciones, hará la diferencia en lo asertiva que tu intervención llegue a ser. Es en este rango donde se dice que el niño manipula a los padres por medio del llanto y el berrinche como tal.

Si tu niño hace un berrinche y detectas que se trata de una de estas necesidades emocionales, recuerda:

  • Reacciona con tranquilidad, respira y no grites.

  • No discutas ni pelees, no hagas tú el berrinche.

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  • No lo ridiculices.

  • Distraerlo con otra cosa solo es eso, una distracción por breves momentos. Luego recordará y volveremos a empezar.

  • Evita las escenas, sé respetuoso con las personas a tu alrededor. Mucho más si te encuentras en un lugar público donde los gritos puedan interrumpir.

  • Ve a un lugar privado pero no castigues al niño aislándolo. Puedes quedarte con él, pero sin hacerle caso: si le das atención o cedes a sus deseos y caprichos, te estarás condenando a escenas una y otra vez.

  • Déjalo que llore, que patalee. Por seguridad, quédate tan cerca que pueda verte y tú a él. Y, bueno, más vale una donde se canse de llorar pero que le quede claro que ésa no es la manera de pedir las cosas u obtenerlas.

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  • Una vez que deje de llorar, abrázalo y vayan a hacer otra cosa menos lo que quería, eso déjalo para más tarde donde puedas enseñarle y platicar con él con calma.

Finalmente, te invito a releer: Y a ti, ¿ya te tomaron la medida?

Te deseo muy buena suerte, pero más deseo para ti firmeza —nunca dureza— para establecer límites y estructura en tu hogar.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.