¿Quieres un cambio en tu vida? Aprende a agradecer

Agradecer es tan fácil que parece absurdo que pueda cambiar tu vida para siempre.

Erika Patricia Otero

Es curioso cómo cambiamos con el paso del tiempo. Si dedicas unos minutos a recordar la persona que eras hace cinco años, podrás darte cuenta que cambiaste, ¡y mucho!

En mi caso, no soy la misma de hace unos diez años. En ese tiempo era una mujer con muy poca espiritualidad. Para mí, la salud o creer en Dios estaba en segundo plano. Sí, iba a una iglesia y aprendí muchas cosas; sin embargo, era sumamente básica y me preocupaban más las cosas materiales que espirituales. No es que ahora no me preocupe por tener una estabilidad económica; lo que ocurrió fue que encontré el justo equilibrio.

Cuando cambiar es urgente para tu vida

Es fácil sentirse cómodo con la persona que eres; la zona de confort siempre fue cómoda. La situación es que si tú deseas un cambio en tu vida, debes hacer los cambios que te permitan tener las fortalezas que ese cambio exige.

No puedes aspirar a tener paz mental, cuando detestas a todo el que no haga tu voluntad. Pretender llevarse bien con la familia y los vecinos es absurdo cuando adoras meterte en los asuntos ajenos (por solo poner algunos ejemplos).

Es lo mismo cuando lo que más anhelas es que tu vida esté llena de bendiciones. No puedes pretender tener felicidad y prosperidad cuando reniegas de lo que tienes y de lo que no.

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Eso fue lo que me paso a mí. Deseaba que mi vida fuera feliz;  ser próspera y tener un buen empleo eran algunas de mis mayores metas. También quería dejar de sentirme tan triste y sola, pero no lo lograba. Por años insistí en actuar de la misma manera; de la forma en la que mi familia me había enseñado. Me negaba al cambio porque era más cómodo seguir con la misma línea de acción. La noticia es que ser tener una actitud tan negativa, no hacía más que estancarme de todas las formas posibles.

La transición

Ese estancamiento duró años, y yo cada vez caía más hondo. Lloraba a diario y me desesperaba de verme de mal en peor.

Fue entonces cuando recibí la solicitud de amistad de una antigua compañera de estudios. La acepté, y stalkeando su perfil me di cuenta que ella había cambiado mucho. Habían pasado años desde que compartimos salón de clases y un «buenos días» esporádico. Ella era feliz de una manera que no entendía, y yo quería ser feliz como ella. Por no tener confianza, no me atreví a preguntarle nada, pero comencé a observar su comportamiento.

Me dí cuenta que era optimista a un punto que me parecía absurdo. Además, siempre tenía una palabra amable y era muy optimista. Honestamente nunca vi ese aspecto de ella, pero es que tampoco la conocía. Entonces comprendí que mi fracaso e infelicidad se lo debía a mi actitud.

Opté entonces por cambiar. No fue fácil y requirió un giro total en mi forma de ser. Además de eso, me alejé de personas y creencias que me tenían sometida de maneras inconcebibles. Fue duro y doloroso, pero valió la pena.

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Agradecer lo cambió todo

Luego de sacar todo lo que me tenía estancada, implementé cualidades y actitudes que no tenía. Me esforzaba a diario porque la pereza y la tristeza no me embargaran. Cuando venía un pensamiento desalentador, optaba por agradecer todo lo que tenía: mi familia, un hogar, salud y fuerzas para seguir adelante.

Agradecer me ayudó a darme cuenta que lo que tenía, era mucho más de lo que otros tenían. Entonces, pasé a agradecer cada que quería. Daba gracias al despertar por un nuevo día de vida, por los alimentos, por mi familia y tantas cosas más.

Todo esto llegó a un punto donde mi actitud cambió. Un día era alguien amargada y al otro todo mejoró. Literalmente mis días comenzaron a ser más luminosos y yo me sentía mejor conmigo misma. Me di cuenta que me molestaba mucho la queja de los demás, y que ya no era quejumbrosa. Ya no vivía en eterna paranoia; me daba igual lo que los demás dijeran o pensaran de mí.

Además de eso, muchas oportunidades comenzaron a llegar a mi vida. Conseguí un buen empleo y la relación con mi familia mejoró bastante.

Hoy reconozco que aunque el cambio no fue fácil, sí mejoró mi vida en todos los aspectos.

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El primer paso del cambio es querer ser mejor

Es lo mismo que debe hacer una persona cuando desea dejar una adicción; querer cambiar. El desear cambiar y mejorar tu vida es el primer paso en el progreso personal.

Cuando te das cuenta de tus fallas, de tus errores y fracasos, te das cuenta que hay un patrón que se repite. Por ejemplo, el patrón que en mí se repetía era el pesimismo. Además, tenía muy poca fe en mí; el miedo a arriesgar me estancaba. Todo esto me llevaba a amargarme. Esto se repetía una y otra vez.

De a poco y paso a paso, reemplacé patrones de pensamiento. Si sentía que llegaba un pensamiento o un sentimiento de tristeza, salía a caminar y a ver todo a mi alrededor. Me forzaba a pensar en que era feliz, en que merecía ser feliz. Además, daba gracias por todo lo que era consciente. Eso fue algo que hice por meses. En un principio fue difícil, pero luego se hizo un hábito que acompañaba con una buena actitud.

Yo puedo decirte, por mi propia experiencia, que ser feliz es cuestión de que quieras serlo. Ser bendecido y afortunado es cuestión de cambiar de actitud. Cuando lo haces, toda la vida resulta ser mucho más fácil de vivir.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.