Se acerca un frente frío para el mundo, y la familia es su tabla de salvación

La familia es la empresa más rentable y la única que reparte beneficios para todos. ¿Qué estamos haciendo para salvarla?

Marilú Ochoa Méndez

Hoy, como nunca, se hace realidad el pasaje de la Biblia que cuenta la historia de un hombre cuyos campos produjeron cosecha en abundancia. Su primer inquietud fue dónde colocaría el excedente, que -bien administrado- le permitiría descansar, comer y beber con tranquilidad en los años posteriores. Esa misma noche, Dios le dijo: «¡insensato!, hoy mismo reclamaré tu alma. Y lo que has guardado, ¿para quién será?« (Lc 12, 13-21).

Hombres, mujeres, políticos, empresarios, y -me atrevo a decir que también tú y yo-  guardamos nuestros recursos para los nuestros, agotándolos sin considerar si mañana también los tendremos.

El modelo de vida actual, se basa en «disfrutar la vida al máximo». Para eso, entendemos que hay que trabajar y sacrificarnos, pero siempre para regodearnos en el momento de la abundancia.

Entre los sacrificios que hemos asumido, está la integración de ambos padres al mercado laboral, el retraso del matrimonio y de la paternidad. Esta situación, ha generado un concepto que aún a muchos les es desconocido, pero que se volverá tan actual e impactante como el cambio climático o la extinción de las especies.

El «invierno demográfico» te dejará helado

Este término, utilizado por primera vez por el científico social Michel Schooyans quien en su libro Le crash démographique afirmaba que : «La mayor parte de los estados de Europa occidental llevan camino de suicidarse, de suicidarse por la demografía». 

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El periodista mexicano Felipe Monroy, nos aclara este concepto: «es un fenómeno en el que ciertos grupos poblacionales entran en un proceso en el que su tasa de natalidad decrece en tendencias alarmantes, mientras que la restitución generacional de la población económicamente activa pone en riesgo modelos laborales y de mercado tradicionales».

Esta situación, continúa el periodista, afecta gravemente la economía, ya que «la supervivencia de las generaciones más viejas también obligan a los gobiernos a  atender las singulares necesidades de una gran base poblacional ubicada en el rango de la tercera edad (pensiones, sistema de salud, vivienda y fuentes alternativas de trabajo)

Nada menos en España, el periódico El Economista, afirma que «la baja natalidad, el envejecimiento de la población y la alta mortalidad está siendo un cóctel devastador para demografía de España«.

En México, las estadísticas muestran nuestra cercanía con este fenómeno. El periodista Monroy citado arriba, nos dice también que este país «pasó de una tasa de natalidad por encima del 45 nacimientos por cada mil habitantes en 1960 a 18 nacimientos por cada mil habitantes en 2016, y las mujeres mexicanas que solían gestar una media de 6.7 hijos ahora el promedio de hijos por mujer es de 2.11″

Las afectaciones en la economía serán devastadoras

Cuando las generaciones de quienes hoy somos padres, estábamos en la Universidad, contábamos con que al salir tendríamos trabajo. Y para algunos así fue.  Nuestros jóvenes, que están hoy saliendo al mundo laboral, se encuentran con una tasa de desempleo de 7.8% en América Latina, lo que indica que 25 millones de hombres y mujeres, no encuentran trabajo, según indica la Organización Internacional del Trabajo.

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Ahora imagina que a esta pesada carga, le sumamos que son muchos menos que los ancianos y adultos, así que tendrán que solventar con sus trabajos el sistema de pensiones y salud social de los sectores que se encuentran arriba de ellos.  Esta situación, se volverá más pesada aún para las siguientes generaciones, si no se evita esta peligrosa bola de nieve.

Dejemos entonces de ser insensatos

María Menendez, presidenta de la Asociación de Familias Numerosas en Madrid, España, demanda que «si los que están en el vértice de esta pirámide de población no se apoyan sobre una base más amplia que les sostenga, la sociedad se desmorona«.

Y ¿sobre qué base entonces podíamos detenernos para retroceder en este proceso que nos llevará indudablemente al precipicio económico y social? Ella la propone con letras grandes, y afirma que la solución siempre ha estado aquí, a la mano, pero la hemos olvidado:

«Es fundamental y prioritario considerar a las familias como la palanca necesaria para mover el mundo. Nos preocupamos mucho de cuidar y preservar los hábitats naturales de las diversas especies animales. Sin embargo, nos preocupamos muy poco o nada de salvaguardar el hábitat idóneo para el nacimiento, desarrollo, educación y supervivencia del ser humano, parte también de la naturaleza. Este hábitat es la Familia«.

Por donde lo veas, la familia es la solución

En un mundo deshumanizado, preocupado por el progreso y avance individual, aunque dejemos por el camino un rastro de sangre, hambre y odio, la familia es el oasis que urge retomar.

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En ella, el hombre nace y muere. Las familias garantizan que haya nuevos y mejores ciudadanos. En ellas se cuida y educa a los niños. Son ellas quienes cuidan a los enfermos y atienden a los ancianos.

En palabras de María Menéndez: la familia «es la empresa más rentable y la única que reparte beneficios para todos. Es la oficina donde siempre hay trabajo«.

Pero nos pesa que las mujeres tengan muchos hijos

Lo de hoy es procurar el bienestar y el bienser individuales. Es por eso que la estructura familiar no es cómoda para el «sistema» de valores y prioridades más orientado al consumismo y el individualismo que al bien común.

Cuando salgo con mis seis hijos, aún veo cómo personas miran frustradas al cielo, casi molestas. Tal vez sientan que les robamos su aire. Lo que no ven, es que mis pequeños ruidosos, serán quienes carguen sus cuidados de salud en el futuro.

Urge la humanización de la familia, y el rescate de esta milenaria institución que es la única donde el hombre es amado por sí mismo, como dice el autor español Tomás Melendo.

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Un gran poeta y cantautor mexicano, Fernando Delgadillo, canta lleno de emoción: «si miramos hacia atrás donde fuimos a empezar y encontramos los antiguos que forjaron un lugar, un buen día nos marcharemos y tal vez podrán decir, grandes fueron los viajeros que pasaron por aquí«.

Si no despertamos y hacemos algo hoy, ¿habrá siquiera quién pase por aquí? De nosotros depende.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.