Ser agradecidos nos hace felices, y la ciencia lo confirma

Dar las gracias puede cambiar nuestra vida de forma radical ¿Y si lo intentamos a diario?

Emma E. Sánchez

Parte de mi trabajo consiste en ayudar a familias cuyos hijos tienen problemas de aprendizaje. Con mucha frecuencia llega a ser un trabajo estresante y agotador, porque muchos padres llegan a mi oficina enojados, molestos y con muchas frustraciones.Ellos ven que sus hijos no pueden desarrollarse como cualquier otro niño, porque no se sienten aceptados dentro de su grupo de padres, o simplemente porque están agotados de intentarlo todo.

Cierto día estaba yo muy agobiada y abrumada por tantas queja. Tenía un mal día y mi ánimo estaba por el piso. De repente, al revisar mi correo, me encontré con un mensaje muy diferente: un padre de familia al que hacía unas semanas había auxiliado con algunas problemáticas, se había tomado el tiempo para escribir una nota expresando su gratitud por el apoyo recibido por todo nuestro equipo.

De manera muy sencilla reconoció nuestro trabajo, y mencionó que el buen trato que recibió le hizo sentir mejor y con esperanzas para seguir apoyando a su hijo y no desesperar.

Compartí la nota con todo el equipo y todos sin excepción nos sentimos sumamente reconfortados, con ánimo para continuar; pero sobre todo, profundamente agradecidos por el maravilloso detalle de tomarse el tiempo para escribir esa nota.

La ciencia lo confirma

Un estudio reciente publicado por The Journal Psychological Science  confirma que nos hemos estado perdiendo de muchos beneficios al dejar de escribir notas que expresen gratitud.

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También investigadores de la Universidad de Texas en Austin, han encontrado que  quienes escriben notas de agradecimiento no imaginan ni tienen idea de  la felicidad que su gesto puede provocar en quien lo recibe, y también  minimizan la propia experiencia que viven,  pues aunque no lo reconozcan, se siente muy bien expresar gratitud.

La salud lo afirma

Cuando recibimos un agradecimiento ya sea en persona, por escrito o hasta en una llamada o un mensaje, nos sentimos bien y nuestro cuerpo lo manifiesta de forma instantánea:

Bajando la presión arterial

Se reduce el dolor o el malestar físico

Se activa la producción de endorfinas

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El enojo desaparece y con él la tensión muscular

Casi de inmediato mejora el estado de ánimo; las personas agradecidas por lo regular son positivas

Se duerme mejor y todo esto nos aleja de los médicos y hospitales.

Entonces, ¿Por qué no damos gracias con más frecuencia?

Muchas personas se limitan a dar gracias por temor al juicio de los demás, piensan que serán juzgados como “débiles”; temen que la gente piense que se conforman con poco, que son fáciles de impresionar, y finalmente evitan dar las gracias o ser agradecidos por orgullo.

Y todo esto solo existe en la mente, pues solo se trata de meras suposiciones que la persona hace, que las cree y solo le limitan a alcanzar la alegría y la felicidad en esta vida.

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Los menos, no se atreven a dar gracias por que no saben cómo hacerlo, se sienten agradecidos y movidos a expresarlo pero les limita el desconocer cómo hacerlo.

La humildad es el principio de la gratitud

Muchos de nosotros podemos llegar a confundir la humildad con la servidumbre o la baja estima, cuando justamente es todo lo contrario. La humildad nos ayuda a reconocer nuestros errores y limitaciones, a saber que podemos equivocarnos, aprender y corregir.

La humildad  nos ayuda a saber pedir y ofrecer el  perdón y con ésto, sanar elementos tan profundos como nuestra mente y nuestro espíritu.

De igual manera, nos ayuda a respetar, valorar y apreciar lo que otros hacen por nosotros; nos evita ser presumidos o jactarnos, nos vuelve más generosos y dispuestos a expresar gratitud.

La gratitud nos abre la puerta a una vida mucho mejor

Nos abre la puerta a la amistad y el entendimiento por ejemplo. Ser agradecido con otros fortalece los lazos que tenemos con las personas haciendo que nuestras relaciones laborales, familiares o de cualquier tipo sean mucho más llevaderas y favorecidas por el diálogo y la comprensión.

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Las buenas maneras y el trato civilizado se vuelven pronto comunes, porque el decir «gracias» y sonreír relaja a la persona que los recibe.

¡Manos a la obra!

Ser agradecido es algo que al principio puede parecernos ajeno, pero conforme lo practicamos cada vez se vuelve más fácil y agradable hacerlo.

A continuación encontrarás algunas muy buenas recomendaciones para que comiences a mejorar tu salud y tu vida en general:

Da las gracias

Observa a tu alrededor y reconoce todo lo bueno que hay a tu alrededor ¿Puedes sentirte agradecido por tenerlo y disfrutarlo? No todas la personas tienen esa oportunidad.

Busca a alguien que esté ofreciendo un servicio, tal vez un afanador,  un trabajador o dependiente en algún establecimiento;  una vez que te atienda da las gracias con tranquilidad y mirándole a los ojos. Sonríe, verás que la persona puede recibir tu mensaje con claridad.

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Escribe pequeñas notas de agradecimiento

Aquí podrías decir «A mí no se me da el escribir, es muy complicado ¡no sé qué decir!»  Y puede ser cierto, pero recuerda: todo es cuestión de práctica y sinceridad.

Puedes comenzar con un papel bonito, de cualquier color o forma. Escoge uno que te agrade simplemente. Luego escribe simplemente la palabra gracias en el centro, pueden ser letras grandes o lo más bonitas que puedas. Ahora piensa en la persona que ha hecho algo bueno por ti, que te ha regalado algo especial o que simplemente, ha estado ahí para ti; escribe su nombre y ¡listo! Ahora viene la mejor parte: ¡Entregarla!

Las notas de agradecimiento puedes mandarlas en un correo, en mensaje desde tu celular o dejarlas en secreto junto a un dulce o un pequeño chocolate.

Lo importante es hacerlo, pronto verás lo bien que te sentirás y ¿Sabes? la otra persona también se sentirá de lo mejor.

Así juntos todos pronto podremos estar haciendo de este mundo un mejor lugar para vivir.

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Y por cierto: ¡Muchas gracias por leerme!

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.