Ser madre es hacer todo lo que nunca pensaste que harías

Estas son las cosas que nunca pensaste que harías ahora que eres madre.

Adriana Acosta Bujan

Convertirme en madre ha sido y es una gran bendición, un regalo divino. Me siento afortunada por saber que existe el amor incondicional, ese que no pide cuentas a nadie, que da sin recibir nada a cambio. Todas las que somos madres podrán entenderme, pues es un amor difícil de explicar con algunas cuantas letras.

Desde mi maternidad nunca he dejado de sorprenderme de todo lo que soy capaz de hacer con tal de que mi hijo este bien. Para mí no hay límites, ni adversidades, ni obstáculos, el amor que siento por mi hijo me hacen sentirme fuerte, valiente e invencible.

He de confesar que algunas veces el miedo se apodera de mí, pero al final no tengo tiempo para eso, me arriesgo y doy todo lo mejor para que él permanezca feliz.

Así como yo, muchas madres sienten lo mismo. Somos capaces de dar la propia vida con tal de que los hijos sean felices; sufrimos más que ellos, sentimos más que ellos, nos preocupamos más y celebramos las victorias como si fueran propias. Es como tener una extensión de nosotras mismas viviendo una doble vida.

El gran amor que siento por mi hijo es incomparable y único, él me da las fuerzas para seguir luchando, me motiva y alienta. Él me ha enseñado que mis errores no son tan graves porque a pesar de todo me seguirá amando y respetando.

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Descubriendo el interior

Son gratificantes todas las experiencias que provoca la maternidad, y a pesar de todo lo malo, siempre ganarán las cosas positivas. No importan cuántos desvelos hayamos pasado, ni los descuidos a la propia imagen, ni las noches de insomnio, ni las lágrimas; al final todo es gratificante, es amor verdadero.

Ahora bien, ser madre es hacer todo lo que pensaste que nunca harías, por ello te comparto algunas reflexiones para que comprendas lo valiosa que eres al ser madre.

1. Vida social

Cuando nos convertimos en madres es lógico que abandonemos por un tiempo la vida social, es decir, las reuniones con las amigas, las fiestas y demás celebraciones, ya que nuestro deseo es permanecer a lado de nuestro hijo, sobre todo cuando es muy pequeño.

Y aunque puede ser que tengas el tiempo para irte a distraer un rato, por alguna razón inexplicable prefieres no aceptar.

Incluso esas reuniones familiares de la cual estás comprometida a asistir, prefieres inventar pretextos para quedarte en el confort de tu hogar. Llegas a creer que el tiempo pasa muy rápido y que no quieres perderte nada nuevo de lo que haga tu hijo.

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2. Quedarte con hambre

Puede suceder que la economía familiar se encuentre en problemas, es cuando una madre deja de alimentarse por el bienestar de su hijo, o incluso de comprarse cualquier gusto con tal de que su hijo tenga lo que quiere.

En este punto también podemos referirnos a quedarnos con hambre por no tener el suficiente tiempo para alimentarnos. Con las prisas que demandan los cuidados de los hijos, muchas veces nos mal alimentamos y comemos lo que podemos.

En ocasiones no hay un horario para poder sentarse tranquilamente a degustar la comida.

3. Guerrera

Nadie puede tocarle un pelo a nuestro hijo, si sabemos que es maltratado o cualquier cosa, somos capaces de sacar nuestra furia para defender a capa y espada a nuestro crío. No complacemos las injusticias y convertimos esa riña de niños en una batalla campal.

Una madre hace que esos conflictos comunes de la edad de los hijos sean propios, como si la gente se estuviera metiendo con uno mismo. Por ello es que nos transformamos en verdaderas guerreras.

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4. Valientes por fuera

Es rara la ocasión en la cual los hijos vean llorar a sus padres; una madre es capaz de sonreír en frente de sus hijos aunque su mundo se esté derrumbando. Solemos llorar en la ducha o en la habitación cuando nadie nos observa y después salir brillantes como el sol, como si nada nos hubiera pasado.

Somos valientes a pesar de tener miedo, pensamos y analizamos detenidamente las soluciones a los conflictos de nuestros hijos para poder actuar y resolverlos.

Y aunque suene imposible cualquier situación, siempre habrá una idea para ser ejecutada. En pocas palabras, nunca nos rendimos ante nada.

5. Aceptar las decisiones

Cuando los hijos son adolescentes o jóvenes, ya es un poco más difícil que nos hagan caso. Ellos son capaces de tomar sus propias decisiones, bien o mal, tienen que aprender de sus propios errores.

A pesar de saber que las decisiones que lleguen a tomar nuestros hijos no son las mejores, lo único que podemos hacer es apoyarlos y guiarlos, teniendo en cuenta que debemos soltarlos para dejarlos crecer.

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6. Solo hay una prioridad

La mayoría de las madres somos capaces de dejar todo lo que estemos haciendo para atender las necesidades de los hijos. Ellos son nuestra prioridad, no hay más. Incluso si una madre trabaja es capaz de arreglar cualquier asunto laboral para poder salir en ayuda de sus hijos.

Tal vez hasta sacrificamos más de lo que pensamos, pero sabemos que la recompensa es gratificante. Los hijos son primero.

En conclusión, las madres podemos hacer todo por amor a nuestros hijos a pesar de no ser valoradas o reconocidas; para nosotras eso no importa, puesto que saber que ellos se encuentran bien y felices es todo lo que necesitamos.

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Adriana Acosta Bujan

Adriana Acosta estudió comunicación, es madre de un adolescente, y actualmente se dedica a la enseñanza e investigación a nivel universitario en Puerto Vallarta. Publica sus escritos esperando que ayuden a las personas que leen sus útiles vivencias