Si crees que no puedes cambiar, primero lee esto

A veces sentimos que estamos ya hechos y que somos muy grandes como para cambiar. Si crees eso, tienes que leer este artículo.

Oscar Pech

Permíteme contarte de una mujer que conozco. Esta mujer se crió comiendo sólo tortillas, chile y frijoles. Venía de una familia tan pobre, que en su infancia muy rara vez comía lácteos o carne. Como todos los niños de su pueblo, era analfabeta. Pero cuando ella tenía diez años de edad, se estableció la escuela del pueblo; la nueva maestra tomó a todos los niños y les enseñó a leer y a escribir, sin importar la edad que tuvieran. Esta niña, Gloria, estudió dos años allí, y entonces murió su papá. Su familia tuvo que dejar el desértico pueblo en medio de la Sierra Madre Occidental, y se fueron a vivir al estado de Puebla, México.

Allí, unas monjas tuvieron compasión de la niña y la internaron en un convento, donde le darían educación y ella se prepararía para ser monja. Salvo que a los dos años de estar estudiando, la situación económica en su casa se hizo crítica, y ella tuvo que dejar el convento para ayudar a mantener a la familia. Como no sabía hacer otra cosa, se dedicó a coser ropa. Con el paso del tiempo, conoció a un hombre bueno –alcohólico, si se quiere, pero bueno– y se casó. Poco a poco llegaron cuatro hijos y cuando ella tenía 34 años y su hijo menor todavía no cumplía dos años, murió su esposo, sin dejar ninguna herencia o patrimonio.

¿Rendirse o intentarlo de nuevo?

Aquí nos acercamos al corazón de este artículo. Te pregunto: ¿Qué harías tú con cuatro niños pequeños, dos años de primaria y dos de secundaria, y sin oficio alguno? ¿Te darías por vencido, o buscarías una salida? Quienes somos padres sabemos que uno hace lo que tenga que hacer, cuando se trata de alimentar y sacar adelante a los hijos. Gloria, esta mujer de la que te hablo, consiguió un trabajo donde ganaba medio salario mínimo, cuidando niños, y en sus ratos libres vendía ropa, lotes de panteones, artesanías… todo lo que a uno se le pudiera ocurrir, ella lo vendía.

Cuando pudo, consiguió un empleo de cocinera y en sus ratos libres aprendió a pintar, una actividad que le apasionaba. Desarrolló el hábito de las hormigas: vivir austeramente y ahorrar cada centavo, para lo que pudiera ofrecerse en el futuro invernal. Así, con simple ahorro y mucha frugalidad, cuando se jubiló tenía tres muy buenas casas y todos sus hijos eran profesionistas. Actualmente esta venerable anciana, incansable, sigue trabajando a sus 72 años, dando clases de pintura y cada centavo que tiene lo emplea en ayudar a quien lo necesite.

Cuando uno habla con ella, a veces dice: “Si yo me hubiera sentado a ver qué me caía del cielo, habría muerto de hambre. Uno tiene que intentar algo, y si no funciona, intentar otra cosa, y si eso no funciona, algo más, y así: si uno se queda un solo día sin intentar algo diferente, en este país en crisis, es como ir cavando su propia tumba”.

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Lo siento: no puedo cambiar

Como dijo alguna vez Donald L. Hallstrom: “Hace varias décadas, yo prestaba servicio como obispo. Por un largo período, sostuve entrevistas con un hombre de la iglesia que era muchos años mayor que yo. Ese buen hombre tenía problemas en su relación con su esposa y estaba alejado de sus hijos. Le costaba conservar un puesto de trabajo, no tenía amigos cercanos y le parecía difícil relacionarse con sus vecinos. Durante una conversación intensa sobre los desafíos de su vida, él se inclinó hacia mí, a modo de conclusión de todas nuestras conversaciones, y me dijo: ‘Obispo, tengo mal genio, ¡y así es como soy!’.

“Esa afirmación me dejó atónito esa noche y me ha mortificado desde entonces. Una vez que ese hombre decidió, y una vez que cualquiera de nosotros llegue a esa conclusión, que ‘así es como yo soy’, renunciamos a nuestra capacidad de cambiar. Bien podríamos levantar la bandera blanca, abandonar nuestras armas, admitir la derrota y simplemente rendirnos, toda posibilidad de ganar se habrá perdido. Aunque algunos de nosotros pensemos que eso no es lo que nos describe, probablemente cada uno de nosotros demuestre al menos mediante uno o dos malos hábitos esa actitud del tipo ‘Así es como yo soy’ “.

Tu futuro es impecable

¿Cuál es mi mensaje para ti en este día? ¿Cuál es el punto de esta historia? Decirte que en el momento en que uno se detiene, empieza a morir. Un hombre no muere cuando deja de latir su corazón: un hombre muere en el momento en que empieza a renunciar, uno a uno, a sus sueños. Todos hemos cometido errores en el pasado; algunos los hemos cometido tan grandes, que al llegar a cierta edad podemos sentir que lo único que nos queda es correr cada segundo de lo que resta de vida para que no nos aplaste nuestro pasado. Pero si hay una cosa que creo que es fundamental que tú como padre enseñes a tus hijos –y que solo lo puedes enseñar por el ejemplo– es que, sin importar cuántos errores se hayan cometido en el pasado, tu futuro sigue siendo impecable y nadie puede decir, “lo siento: no puedo cambiar”.

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Oscar Pech

Oscar Pech ha dedicado su vida a la enseñanza, la lectura, la escritura y la capacitación en diferentes partes de la República mexicana. Es una persona profundamente comprometida con la familia y los valores morales.